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El cambio climático intensificó las lluvias torrenciales y amplió un 55% el área afectada en la dana de Valencia

Restos de vehículos arrastrados por la corriente en el barranco del Poyo en Paiporta, Valencia, este lunes.

Antonio Martínez Ron

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La dana del 29 de octubre de 2024 en Valencia, que dejó más de 230 fallecidos y daños materiales incalculables, fue mucho más violenta y afectó a una cantidad mayor de territorio por culpa del calentamiento global. Es la principal conclusión de una investigación liderada por Carlos Calvo-Sancho, del CSIC, que identifica por primera vez cómo el cambio climático dopó la tormenta: aumentó la intensidad de lluvia acumulada en seis horas en un 21% respecto a lo que habría ocurrido en la era preindustrial y amplió un 55% el área geográfica afectada por la destrucción.

Para el estudio, que se publica este martes en la revista Nature Communications, los autores han usado el método de atribución basado en la física (que implica tanto simulaciones como observaciones directas) que permite cuantificar el impacto del cambio climático impulsado por el hombre sobre la tormenta de Valencia de 2024. Explicado de forma simplificada, los autores crearon “gemelos digitales” de la tormenta: uno recreando las condiciones actuales y otro simulando cómo se habría comportado esa misma tormenta en un mundo preindustrial, sin el exceso de gases de efecto invernadero actuales. La diferencia entre ambos modelos permitió aislar con precisión el impacto atribuible al cambio climático en la catástrofe. 

Más lluvia torrencial por cada grado

El hallazgo más preocupante del estudio se centra en la violencia de las precipitaciones en periodos muy cortos. Los científicos descubrieron que, por cada grado de calentamiento global, la intensidad de la lluvia en una hora aumentó un 20%. Esta cifra es llamativa porque supera los cálculos físicos tradicionales (que estimaban un aumento del 7%), lo que indica que estamos ante tormentas con una capacidad explosiva mucho mayor de lo previsto, impulsadas por una atmósfera alterada por la acción humana.

Por cada grado de calentamiento global, la intensidad de la lluvia en una hora aumentó un 20%

La “gasolina” que alimentó esta virulencia fue el exceso de calor acumulado en el mar Mediterráneo y el Atlántico. Las altas temperaturas del agua inyectaron una cantidad enorme de humedad en la atmósfera, proporcionando energía extra a la tormenta. Esto generó nubes con corrientes de aire ascendentes mucho más potentes y una mayor formación de granizo, creando un sistema convectivo capaz de descargar agua con una furia inusitada sobre las cabeceras de ríos y barrancos.

Más territorio afectado

El estudio no solo señala que llovió con más fuerza, sino que el desastre golpeó a más territorio. Al comparar el escenario real con simulaciones de un clima sin calentamiento global, los datos muestran que el área afectada por precipitaciones extremas (superiores a 180 litros) creció un 55%. Esto significa que el cambio climático expandió considerablemente la “zona cero” del peligro, exponiendo a muchas más poblaciones a niveles de lluvia que activan las alertas rojas de los servicios meteorológicos.

En un clima preindustrial se generarían esas tormentas, pero no serían tan virulentas ni tendrían tanto poder destructivo

Juan Jesús González Alemán Experto en dinámica atmosférica de AEMET y coautor del estudio

“Es el primer estudio en analizar específicamente el interior de la tormenta de la dana; antes se estudió la precipitación de forma general, nosotros analizamos la dinámica interior de la tormenta que generó la catástrofe”, señala Juan Jesús González Alemán, experto en dinámica atmosférica de AEMET y coautor del estudio. “Lo que hemos encontrado ha sido que la virulencia de la tormenta provocó una tasa de precipitación más grande y el impacto del cambio climático fue mayor de lo esperado”.

En un escenario sin calentamiento, reconoce el experto, se habría producido una dana, pero las tormentas asociadas no habrían tenido tanto poder destructivo y probablemente no habrían causado la catástrofe que causó, porque el área habría sido mucho menor. “En un clima preindustrial se generarían esas tormentas, pero no serían tan virulentas ni desarrollarían tanta energía ni serían tan complejas”, resume. “Y, por tanto, no tendrían tanto poder destructivo”.

Este análisis lanza una advertencia urgente de cara al futuro inmediato. “Tras medir este 20% de aumento por cada grado de calentamiento, si llegamos a los 2 grados, lo más probable es que la cantidad de lluvia aumente en un 40% y así sucesivamente”, recalca González-Alemán. “El problema es que también hemos encontrado relaciones no lineales y procesos que se retroalimentan, de modo que ese porcentaje con 2 grados de temperatura de calentamiento global podría irse más allá, a un 50-60%” de aumento.

Los autores recalcan que los escenarios teóricos de lluvias extremas ya son una realidad palpable en el Mediterráneo occidental. Por ello, insisten en que es imperativo acelerar las estrategias de adaptación y rediseñar la planificación urbana, ya que las infraestructuras actuales no están preparadas para soportar la nueva generación de tormentas, más extensas e intensas, que fabrica nuestro clima calentado.

Más humedad y energía

Ángel Rivera, meteorólogo del Estado y portavoz de AEMET entre 2005 y 2012, considera que es un artículo muy interesante. “Primero porque se ocupa en profundidad y rigor del suceso atmosférico de mayor impacto en España desde hace mucho tiempo y en segundo lugar por descubrir el papel del cambio climático en él mediante la participación en el mismo de aire más cargado de humedad y energía”, explica. “Es importante también que considera el papel jugado por la microfísica de las nubes en la potenciación de la contribución energética”.

Los autores de este trabajo mencionan los estudios de atribución previos de este mismo episodio, que contribuyeron a establecer desde el minuto uno la conexión entre este episodio y el cambio climático, comenta Ernesto Rodríguez Camino, meteorólogo y presidente de la Asociación Meteorológica Española, al SMC. “Sin embargo, estos estudios adolecen del detalle y la resolución que proporciona el presente estudio que, con simulaciones de escala kilométrica y con análisis a escala subdiaria, permiten una mejor comprensión de los procesos físicos subyacentes”, asegura. “Este trabajo, en consecuencia, ayuda a mejorar el conocimiento sobre la conexión entre este episodio concreto y el cambio climático”.

Modelos imperfectos

Francisco J. Tapiador, catedrático de Física de la Tierra en la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), matiza algunos aspectos. “Estando convencido de que, efectivamente, el cambio climático antropogénico amplificó la dinámica de esas inundaciones, y que se deberían abordar medidas de adaptación, hay que ser cuidadoso con el alcance del artículo”, apunta a elDiario.es. Aunque es un buen trabajo, los modelos no son perfectos, recuerda, y la “receta” física que usa el modelo, la WSM6, es una versión muy simplificada de la realidad. 

“Para simular el tiempo hay que decirle al programa cómo se comportan las gotas de agua, el granizo, la nieve…”, explica Tapiador. “El problema es que los modelos no simulan bien algunas de esas partículas (como el granizo blando o ”graupel“) y el margen de error del propio modelo es mayor que la diferencia que intentan medir”. El problema es que la atmósfera es caótica: un cambio mínimo en las condiciones iniciales puede producir resultados completamente distintos, señala. “Para evitar eso, los científicos ”sujetan“ la simulación (fuerzan que el patrón general del tiempo sea el mismo), pero al hacer eso ya no están comparando dos mundos libremente, sino que están simplificando la pregunta”.

“La metodología aplicada basada en el Pseudo Calentamiento Global (PGW, por sus siglas en inglés) impone fuertes limitaciones a los aspectos dinámicos de este tipo de eventos tales como las trayectorias de las depresiones aisladas que están en el origen de este caso particular”, añade Rodríguez Camino. “Este estudio es un escalón más —muy útil y valioso— en la atribución de este evento que deberá ser complementado en el futuro con estudios adicionales que no adolezcan de las limitaciones de la metodología PGW”.

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