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Ecologistas alertan de un 'boom' de las plantas de biometano en Navarra: “Alimentan la expansión de las macrogranjas”

Concentración contra las plantas de biometano en Navarra, frente al Parlamento foral.

Rodrigo Saiz

Pamplona —

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En los últimos meses, varios municipios navarros se han movilizado para tratar de paralizar la instalación de plantas de biometano por los daños medioambientales que generan ante la cantidad de residuos que necesitan. En este contexto, la fundación ecologista Sustrai Erakuntza ha elaborado un informe en el que analiza las características de todas las plantas de biogás instaladas en la comunidad foral y de las que están proyectadas para alertar de los riesgos del 'boom' de estas instalaciones.

El informe detalla que actualmente en Navarra hay operativas seis plantas de biometano, a las que se le suman otras 15 en fase de tramitación o construcción. En octubre del año pasado el Parlamento foral aprobó una moratoria de un año para la apertura de nuevas plantas; sin embargo, desde la fundación Sustrai, su portavoz, Pablo Lorente, lamenta que hay tres que la han esquivado. Son las de Sesma, Arróniz y la planta de fangos de Tudela.

Las plantas de biometano generan biogás, una fuente de energía incluida en el grupo de las energías renovables que se produce a través de la descomposición anaerobia -sin oxígeno- de materia orgánica. Para ello mezclan residuos agrícolas, ganaderos, agroindustriales, lodos de depuradoras o residuos domésticos. Con la biometanización se produce el biogás, en el que predomina el metano y que, una vez depurado, se inyecta en la red general de gas natural. Pero lo que a simple vista parece algo positivo, la generación de energía renovable, esconde problemas como la contaminación de acuíferos y suelos, así como emisiones de gases perniciosos para la salud, malos olores y un aumento del tráfico de camiones de gran tonelaje cargados de purines.

Según los cálculos de Sustrai, entre las plantas de biometano existentes y las proyectadas, Navarra necesitaría gestionar al año más de 1,8 millones de toneladas de residuos, cuando la fundación cuantifica en unas 700.000 toneladas los residuos que se generan en la comunidad foral, según los datos recogidos en el censo ganadero del 2024.

“La falta de disponibilidad de materias primas para estas plantas provocará efectos negativos: o se produce un mayor despliegue de macrogranjas en la zona para asegurar la materia prima, o se genera un mayor tráfico de camiones para traer residuos de lugares más lejanos, junto a una mayor competencia entre las plantas para hacerse con residuos, y una mayor necesidad de ampliar el espectro de los residuos que reciben”, lamentan desde Sustrai.

A este problema se añade la gestión del digestato que permanece tras el proceso de biometanización (un 80% de los residuos utilizados en la producción de biogás). “Se necesitan extensos terrenos para fertilizar sin exceder la dosis. Sin embargo, la realidad nos señala que transportar el digestato a largas distancias es costoso, por lo que para ahorrar costes se sobrefertiliza en lugares cercanos a las plantas de biometanización. Resultado: aumenta el riesgo de contaminación de los terrenos por exceso de nitratos. Un problema añadido y que agravará la pésima situación actual”, explican.

El Gobierno de Navarra ha tenido que ampliar las zonas consideradas vulnerables a la contaminación por nitratos en la comunidad foral, que han pasado de cuatro zonas y 99.259 hectáreas designadas en 2020, a doce zonas y 247.854 hectáreas en la actualidad.

“La planificación pública exige un análisis de las necesidades locales, y en base a ello, la puesta en marcha de plantas descentralizadas, con gestión cooperativa y apoyo público. Necesitamos un plan de biometanización al servicio del desarrollo local y de la salud y el futuro fértil de nuestro suelo y agua”, concluye el informe.

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