Starmer desafía la revuelta laborista y dice que no dimitirá
El primer ministro británico, Keir Starmer, se mostró este martes desafiante ante la presión de las últimas horas que puede acabar con su liderazgo del partido y del país.
El líder laborista insiste en que no se marchará pese a las decenas de diputados de su grupo parlamentario que han pedido su dimisión y las renuncias simbólicas para empujarle. Al comienzo de la reunión de su gabinete en Downing Street ya prevista esta mañana, el primer ministro dijo que las últimas 48 horas han sido “desestabilizadoras” para la economía del país por la subida del coste de la deuda pública británica y recordó que ningún rival en el partido ha lanzado un reto formal para sustituirle.
Starmer repitió que asume la “responsabilidad” de los malos resultados de las elecciones locales del jueves pasado, pero también la de seguir luchando por “el cambio” que prometió hace dos años, cuando ganó las elecciones generales con mayoría absoluta. “Las últimas 48 horas han desestabilizado el Gobierno y eso tiene un coste económico real para nuestro país y para las familias”, dijo Starmer. “No se ha lanzado el proceso del Partido Laborista para retar al líder. El país espera de nosotros que sigamos gobernando. Eso es lo que estoy haciendo y lo que debemos hacer como gabinete”.
Los intereses de los bonos a diez años de deuda pública británica superaron el 5,13%, cerca del nivel alcanzado durante la crisis financiera de 2008.
Según varios medios, la ministra de Interior, Shabana Mahmood, y otros miembros del gabinete le pidieron este lunes a Starmer que considere anunciar un calendario para “una transición ordenada” y abrir un proceso para elegir sucesor de aquí a septiembre, cuando se celebrará el congreso del Partido Laborista. Los aspirantes más claros a sustituirlo son Angela Rayner, la exviceprimera ministra, Wes Streeting, el ministro de Sanidad, y Andy Burnham, el alcalde de Manchester y que ahora mismo no se puede presentar porque no es diputado, un requisito necesario para ser líder del partido. Para lanzar el desafío al primer ministro, cualquier candidato necesita el apoyo del 20% del grupo parlamentario, en este caso de 81 de los 403 diputados laboristas en la Cámara de los Comunes. El primer ministro estaría automáticamente también entre los candidatos a no ser que renuncie de manera explícita.
Los tres aspirantes a primer ministro tienen sus propios obstáculos: Rayner, del ala izquierda del partido, todavía está esperando la resolución de Hacienda sobre impuestos que no pagó como debía en el escándalo que la obligó a dimitir en septiembre; Streeting, el más centrista, es menos conocido y puede estar lastrado por su relación pasada con Peter Mandelson, el exembajador británico en Washington investigado ahora por la policía por sus conexiones con el pederasta Jeffrey Epstein; y Burnham, el más popular, tendría que ganar primero un escaño, algo no tan obvio dada la caída de apoyo electoral del laborismo.
En las últimas horas, varios ministros fieles han animado a Starmer a seguir “luchando” o a tomar las decisiones según lo que él crea mejor para el país y para el partido. A la salida de la reunión de este martes en Downing Street, los ministros que se pararon a hablar con la prensa fueron sus aliados. El ministro de Vivienda, Steve Reed, insistió en que los laboristas tienen unirse para apoyar al primer ministro y seguir “trabajando”. La ministra de Ciencia, Liz Kendall, aseguró que en la reunión se habló de la guerra de Irán y los retos económicos del momento. El primer ministro “seguirá con su trabajo como debe”, según el ministro de Trabajo y Pensiones, Pat McFadden.
Los ministros que hablaron a la salida aseguraron que ninguno en la reunión desafió de manera formal a Starmer. “Hemos tenido una reunión del gabinete con mucho contenido para hablar de los grandes asuntos que afronta nuestra economía y nuestra sociedad. No se ha lanzado nada”, dijo Peter Kyle, ministro de Empresas. “Me voy a Bruselas para seguir trabajando con Bruselas para profundizar nuestra relación en beneficio del Reino Unido”. Varios ministros aseguraron que en la reunión nadie pidió a Starmer su dimisión. El primer ministro dijo que no hablaría del debate sobre su liderazgo durante la reunión del gabinete y que lo haría con los ministros de manera individual.
La ministra Mahmood se fue por la puerta de atrás, y Streeting no se paró a responder las preguntas que le gritaban los periodistas junto a la puerta del 10 de Downing Street.
En todo caso, este martes el futuro del Gobierno británico sigue incierto. Puede haber más dimisiones como medida de presión. A primera hora de la mañana, dimitió una secretaria de Estado de Comunidades, Miatta Fahnbulleh, después de varias renuncias de parlamentarios que trabajan como asistentes de ministros. La renuncia de cargos públicos del Gobierno es una forma clásica en la política británica de provocar la caída del líder. La secretaria de Estado dijo que hacía falta más “ritmo” y “ambición” en las medidas para cambiar el país. Otros tres secretarios de Estado dimitieron después de la reunión del gabinete. Jess Phillips, la más famosa y también diputada del norte de Inglaterra desde 2015, dijo que importan “las obras y no las palabras” y que no ve “el cambio” que el país y ella misma esperan.
El derrumbe del Partido Laborista en las elecciones locales del 7 de mayo ha llevado a parlamentarios, sindicalistas y otros aliados laboristas a pedir la dimisión de Starmer o el anuncio de una retirada en los próximos meses para que otro líder de su partido intente gobernar el país tocado por el declive y el descontento. Pero la presión contra el primer ministro viene de atrás, al menos desde noviembre.
El discurso
Starmer intentó este lunes convencer a los suyos con un discurso en el que prometió una vez más centrarse en ayudar a la clase trabajadora, acercarse a la UE y renacionalizar las empresas en sectores clave al borde de la quiebra. Pero las llamadas de miembros de su partido a que se aparte continuaron durante todo el día. Este martes por la mañana, ya habían salido a pedirle en público que se marchara más de 80 diputados. Los primeros habían sido los tradicionalmente más críticos con Starmer, pero a medida que transcurrían las horas se fueron uniendo algunos de los diputados que le habían defendido con más entusiasmo en el pasado y de todo el espectro ideológico.
Había diputados veteranos y otros más novatos, elegidos por primera vez en 2024, cuando Starmer consiguió una mayoría histórica por el margen para el laborismo en la Cámara de los Comunes tras 14 años de gobiernos laboristas. Pidió su dimisión hasta el diputado más joven, Sam Carling elegido por Cambridge con 22 años cuando Starmer llegó a primer ministro. “Se necesita cambio y tristemente he llegado a la conclusión de que Keir Starmer no es la persona adecuada para liderar ese cambio”, dijo Carling, en una declaración con palabras parecidas a las de otros. “Hemos hecho muchos progresos, pero si seguimos como ahora me temo que no durará”.
Pero esos más de 80 diputados críticos no están unidos por ahora alrededor de un candidato alternativo a Starmer, como insiste el primer ministro y los ministros que lo defienden. Más de 100 diputados laboristas han firmado también una carta conjunta de apoyo a Starmer y pidiendo que no se abre una carrera interna ahora.
El caos laborista llega justo en la apertura del nuevo curso legislativo. Este miércoles arranca en el Parlamento con el discurso del rey, que lee los planes legislativos del Gobierno para el nuevo curso. Entre las medidas anunciadas ya por Starmer está la legislación para acompasar de manera más automática las reglas en el Reino Unido con las que apruebe la Unión Europea y así facilitar el comercio, tocado para la isla desde el Brexit. El primer ministro insiste en que no es el momento de una crisis interna con tantos retos externos.
Starmer alertó el lunes contra “el caos de cambiar constantemente de líderes” como hicieron los gobiernos conservadores en sus 14 años en el poder marcados a menudo por las crisis: “El Partido Laborista no puede infligir eso a el país otra vez”.
29