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Lágrimas de fuego desde el pulmón del planeta

Lágrimas de fuego derrama la Amazonía cuando los incendios forestales la devastan sin tregua. Mientras, en Madrid, se celebra la COP25, la Cumbre del Clima, que tanta expectativa ha levantado en nuestro país y en el resto del mundo. Ahora más que nunca con el foco a nivel mundial puesto en el clima y los efectos del cambio climático debemos actuar, pero actuar de verdad. Mientras se habla, la Amazonía sigue ardiendo.

Vista aérea de incendios en la selva amazónica

Vista aérea de incendios en la selva amazónica AMNISTÍA INTERNACIONAL

Parece que hablamos de cambio climático y se celebra una Cumbre del Clima de Naciones Unidas y ya está todo hecho. Es un gran avance, sí. Si nuestro querido Chico Mendes, que murió asesinado defendiendo la Amazonía, levantara la cabeza estaría contento de que se celebraran estas Cumbres a nivel mundial y probablemente se enorgullecería de participar en la misma para denunciar cómo la acción humana está acabando con la Amazonía, con uno de los pulmones de nuestro planeta y con los derechos de tantas comunidades y pueblos indígenas que viven allí y que son desplazados muchas veces de sus tierras como consecuencia de las deforestaciones planificadas por intereses económicos.

Pero a pesar de ello, Chico Mendes, un ángel, continuaría llorando, como dice la canción de Maná, llorando junto con su Amazonía porque sigue ardiendo, llorando porque los defensores de derechos medioambientales son amenazados, acosados y muchas veces, como él, asesinados por defender estos derechos. Llorando, porque, después de él, las muertes de defensores del medio ambiente han continuado, como la de nuestra querida Berta Cáceres que murió asesinada por su trabajo en defensa del medio ambiente en Honduras y cuyo asesinato quedará impune hasta que no se juzgue a los autores intelectuales del crimen a pesar de la reciente sentencia en la que se condena a los autores materiales.

Patrulla indígena en el Estado de Rondônia, Brasil

Patrulla indígena en el Estado de Rondônia, Brasil Gabriel Uchida

Los incendios forestales no son nuevos en la Amazonía pero los incendios que la han asolado este verano y que a día de hoy continúan son los incendios más devastadores que han ocurrido en mucho tiempo. Amnistía Internacional ya ha denunciado esta situación y ha instado a las autoridades brasileñas a  investigar y procesar a los responsables de las quemas ilegales y a garantizar la protección de los territorios indígenas y las reservas ambientales. Como documenta Amnistía Internacional en el reciente informe Fence off and bring cattle: Illegal cattle farming in Brazil’s Amazon, detrás de las actividades ilegales de deforestación hay intereses económicos que siguen un patrón de deforestación de la Amazonía para convertir la selva en tierras de pasto para el ganado. Brasil es uno de los principales exportadores de carne de vacuno del mundo y sus principales mercados en 2018 fueron Hong Kong, China, Egipto, la Unión Europea y Chile.

Un dato impactante: desde 1988 hasta 2014 se calcula que el 63% de la zona deforestada en la Amazonía se ha convertido en pastos para ganado. Esto supone un total de 480.000 km², el equivalente a cinco veces el tamaño de Portugal.

Pero Brasil no es el único país que sufre los terribles incendios forestales en la Amazonía, también Bolivia  ve amenazado su ecosistema, su biodiversidad y las comunidades del bosque Chiquitano. En este caso el gobierno del ex presidente Evo Morales autorizó “quemas controladas” para actividades agropecuarias en los departamentos de Santa Cruz y Beni, los mismos que han sido afectados por los incendios forestales desde agosto de este año. Amnistía Internacional también, en una carta abierta al gobierno, pedía que se investigasen las causas de estos incendios, sancionar a los responsables y brindar asistencia urgente a las personas y comunidades afectadas, consultándolas y respetando sus derechos humanos.

Denunciamos, sí, hacemos Cumbres de Clima, y ahora más que nunca no hay que dejar de hacerlo porque la Amazonía sigue llorando sus lágrimas de fuego y muchas y muchos ángeles, como Berta, como Chico, siguen muriendo asesinados. Ojalá, en algún momento, estas lágrimas se tornen en lágrimas de lluvia, en lágrimas de vida, en lágrimas de alegría y que el pulmón y nuestro planeta y las personas que los defienden se encuentren a salvo. Mientras eso llega, Berta, Chico, por vosotros, por todos nuestros ángeles, por el futuro de nuestro planeta, continuaremos intentando apagar los fuegos.

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