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Ciudadanos otorga una nueva legislatura al PP en Granada

La decisión in extremis de la formación de Luis Salvador propicia que los populares conserven la alcaldía tras varios días de incertidumbre.

El líder de C’s, que aseguró que no apoyaría un gobierno liderado por el actual alcalde, Torres Hurtado, justifica su cambio de opinión en dejar a un lado “cuestiones personales” y que “se acabe la confrontación de bandos”.

El líder socialista, Francisco Cuenca, lamenta un acuerdo “basado en caprichos cosméticos”.

Torres Hurtado (PP), investido alcalde de Granada con la abstención de C's

Torres Hurtado (PP), investido alcalde de Granada con la abstención de C's / EFE

El Partido Popular seguirá gobernando Granada. El “cambio en la manera de hacer política” que casi todas las formaciones de la oposición vaticinaron –con euforia digna de mayores reservas– en la noche electoral, se reducirá a que los conservadores tendrán menor margen de maniobra que en los 12 años anteriores de mando indiscutible; pero mantendrán el bastón. La decisión de Ciudadanos, a últimas horas de la tarde de ayer, de abstenerse en la votación de investidura de la lista más votada, dejando “para después de las generales” su (sólo hasta ayer) innegociable exigencia de que el actual alcalde, Torres Hurtado, se fuera a su casa, así como –en menor medida– la nula posibilidad de acuerdo estable entre PSOE, Vamos Granada e IU, hicieron finalmente posible un escenario con el que ni los mismos populares se atrevían a soñar el pasado 24 de mayo, tras caer de 16 a 11 concejales (en 14 la mayoría absoluta).

El líder de C’s, Luis Salvador –la intervención más esperada esta mañana en la sesión de investidura en el Ayuntamiento–, ha dicho “entender”, ante el micrófono del salón de plenos, que “la condición” impuesta hasta ahora por su formación al Partido Popular de que Torres Hurtado no siguiera en el puesto si querían su apoyo era “muy dura”; por lo que le ha pedido “disculpas a nivel personal”. “Era necesario superarlo para abrir una nueva era”, de “relación horizontal entre todos los espacios políticos”, y para no seguir dando la impresión de que se trataba de un “tema personal” entre él y el alcalde. No habrá “sobresaltos”, ha dicho, pero serán “muy exigentes con el código de corrupción y de transparencia” acordado ayer con el PP (gestor durante 12 años de uno de los gabinetes municipales considerados más opacos de España). “La sociedad está ansiosa de que los partidos dejen de pelearse”, ha señalado Salvador. “Ya está bien de esta España de rojos y de azules”. Aunque, en este caso, tanto rojos como azules siguen exactamente en el mismo sitio anterior al 24-M.

El líder del PSOE, Francisco Cuenca –cuya candidatura han votado, en voz alta, los tres concejales de Vamos Granada–, ha manifestado en su turno que su grupo sigue “con la cabeza muy alta por haber intentado hasta última hora un acuerdo no basado en nombres ni caprichos cosméticos, sino en un proyecto político concreto”. “Dicho esto, quiero felicitar al alcalde, quien, según parece, va a serlo durante unos meses, a pesar de que su socio de gobierno [en alusión a C’s] ni quería que lo fuese”.

En declaraciones casi inmediatamente posteriores a La Voz de Granada, Salvador ha defendido que Ciudadanos no ha engañado a nadie al no haber “cerrado la puerta a nadie” durante el periodo de negociación. “Si a las 4 de la tarde de ayer no teníamos noticias [de cesiones por parte del PP], apagaríamos el móvil”. Pero antes de que eso sucediera Torres Hurtado quiso reunirse “personalmente” con él. No se sabe de qué hablaron, pero finalmente Salvador dejó de lado su repetida advertencia (“Torres Hurtado no será el alcalde de Granada”) con el fin de “reaccionar”: “No podía dejar que la última decisión” pareciera depender de “una cuestión personal”. Para cuando Salvador llegó, a las 19 horas, a la siguiente reunión prevista con el PSOE, todo estaba ya consumado, y Francisco Cuenca tildó el proceder de Ciudadanos de “paripé”.

De modo que Torres Hurtado ha recibido esta mañana, por cuarta vez consecutiva, el bastón de regidor. En un discurso relajado, acorde con la bohonomía de la que suele hacer gala, ha dicho que le gustaría ser recordado, “además de por haber dignificado el nombre de Federico García Lorca” con el premio que lleva su nombre, por ser la persona que “supo aglutinar a todas las fuerzas políticas”: se supone que en la inminente legislatura (ninguna mención a que vaya a dejar el puesto tras las generales). El portavoz del PP, Juan García Montero, ya había confesado antes en su discurso que ha sido en estos días “cuando hemos aprendido todos a reconocer el valor del diálogo”, así como una reveladora “humildad con la que el PP afronta estos próximos cuatro años”.

El baile negociador

Más por la sensación general de derrumbe del PP que por estricta aritmética, más por lo que se palpaba en el aire que por la composición del aire en sí, todos los grupos en liza y gran parte de la ciudadanía venían dando por hecho un cambio de ciclo en la ciudad desde el mismo día de las elecciones municipales. Resulta ilustrativo, a este respecto, el ambiente que se respiraba la noche del 24-M en el Hotel Corona, cuartel general de la ocasión para la infantería socialista: la alegría desbordaba un local que se quedaba pequeño para los simpatizantes; los más estrechos colaboradores de Francisco Cuenca, número 1 del PSOE, se abrazaban triunfales; y Cuenca era jaleado a su entrada como si fuera octubre del 82 y estuviera, no en el Corona, sino en el Palace de Madrid. “La política de Torres Hurtado es historia”, fue lo primero que dijo en su comparecencia ante los medios de comunicación (un poco prematuro, a todas luces, enviar a esas alturas al vigente alcalde de Granada allá donde los Reyes Católicos).

Sobre las 21.30 de ayer, sin embargo, Cuenca dejaba escrito en su muro de Facebook un mensaje muy distinto: “Lamento que no haya cambio en Granada.  Algunos entienden que el servicio a esta ciudad es un ‘quítate tú que me ponga yo’. Eso hace que mucha gente crea indigna la política y, lo que es peor, juega con la ilusión de miles de granadinos. Tendrán que dar explicaciones. Todos no somos iguales. Hemos defendido el cambio hasta lo indecible. (...) Por lo hecho, orgulloso. Por lo que hay que hacer, firme y comprometido…”.

No es difícil adivinar que el destinatario de ese ‘tendrán que dar explicaciones’ fuese Ciudadanos, y muy concretamente su líder, Luis Salvador: militante del PSOE durante 20 años, y senador por Granada (aunque es cordobés) durante dos legislaturas (2004-11) con ese partido, Salvador rompió su carné en el otoño de 2013, supuestamente por discrepancias con la cúpula socialista en Sevilla. Pasó entonces a formar parte del proyecto de Albert Rivera. Se siente a gusto con la definición “socialdemócrata liberal”, según explica él mismo en este vídeo durante un acto de campaña en Málaga.

Salvador tenía en última instancia la llave de la gobernanza granadina, gracias a los 4 concejales que le permitirían pivotar a uno u otro lado del espectro político: podía volver a dar la alcaldía, con mayoría simple, al Partido Popular, en caso de abstenerse… o bien apoyar la posible investidura de su antiguo compañero de filas en el PSOE (8 ediles), Francisco Cuenca, quien de cualquier manera también precisaba del respaldo de Vamos Granada (3) e Izquierda Unida (1). Estas dos formaciones nunca quisieron contemplar la posibilidad de una alianza estable con los socialistas; pero quizás era más improbable aún que el PSOE recibiera fácilmente el apoyo de Ciudadanos, dadas las relaciones –más que frías, gélidas– entre Luis Salvador y Francisco Cuenca.

Sin embargo, el desarrollo de la campaña electoral hacía aún menos factible, para muchos, la posibilidad de que Salvador apoyase al PP: la estrategia electoral del partido que gobierna en Granada consistió, esencialmente, en atacar de manera personal al líder de Ciudadanos, con métodos (buzoneo, cuñas de radio) que causaron franca estupefacción. Fue una suerte de huida hacia delante del PP, consciente de que los de naranja suponían los verdaderos enemigos a batir en propio campo.

Pero la campaña electoral sí que era ya “historia” en la misma noche electoral: como dos colegas de farra que se hubieran dicho de todo la madrugada anterior, ansiosos a la mañana siguiente por enterrar incómodos agravios, fue saberse el resultado y salir los dos, Luis Salvador y Torres Hurtado, a “tender manos” por todas partes y declarar lo mucho que se respetan en el fondo: el primero pidió al segundo “disculpas” para poder empezar a hablar, y el segundo se disculpó –como quien acaba de volver de cacería en Botswana– "para la formación de un gobierno por el bien" de la ciudad. No era nada personal, al cabo.

Quizás se acuerde más de uno, en estos momentos, del malogrado intento de aglutinar en un frente mayor, bajo la marca ‘Ganemos Granada’, tanto a Podemos como a IU, Equo y otros agentes civiles. El proyecto fue liderado, en lo que duró, por el veterano periodista Alejandro Víctor García. Éste acabó renunciando el pasado marzo, explicando en su cuenta de Facebook que su decisión se debía a la “imposibilidad” de aplacar las “turbulencias” derivadas de problemas “personales, de partido y jurídicos”, a pesar de compartir un mismo “código ético”. “Los dirigentes de los partidos”, dijo, “confirmaron con claridad que los intereses particulares o jerárquicos estaban por encima del objetivo común de confluencia”.

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