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Rosario Andújar: "En la tienda de mi madre corté mucho chóped y vi la realidad de las mujeres. Llegué a la política por el feminismo"

Tras del 26M, solo 20 de los 106 ayuntamientos sevillanos están dirigidos por mujeres

La alcaldesa de Osuna (Sevilla), Rosario Andújar, es una ellas y acaba de coger por cuarta vez el bastón de mando

Andújar bromea con que las mujeres están ahora tan preparadas, cualificadas y tienen tantas ganas, que "al final, las cuotas y las listas cremallera a los que están protegiendo es a los hombres"

Rosario Andújar: "En la tienda de mi madre corté mucho chóped y vi la realidad de las mujeres. Llegué a la política por el feminismo"

En las primeras elecciones municipales en democracia, Rosario Andújar (Osuna, 1965) era una adolescente. En Andalucía solo hubo entonces una alcaldesa, Carmen Pichardo, de Palomares del Río (Sevilla), una de aquellas 104 pioneras que quisieron gobernar en todo el país. Cuarenta años después, según la Federación Española de Municipios y Provincias, en este último mandato había 1.565 alcaldesas, el 20% de los regidores. En Andalucía, fueron 186 mujeres las que estuvieron al frente 780 ayuntamientos (24%). Tras estas últimas elecciones, en la provincia de Sevilla ese porcentaje es algo más bajo, un 18,8%, porque tan solo 20 de los 106 ayuntamientos están dirigidos por mujeres.

A pesar de que la paridad aún no ha llegado a las cabezas de lista, además de ser una de esa veintena de alcaldesas, Andújar tiene en su haber otra marca. En tiempos en que se apuesta por la limitación de mandatos, acaba de recoger por cuarta vez el bastón de mando de Osuna, y el mismo día de su cumpleaños. Después de doce años, ha revalidado la mayoría absoluta para el PSOE logrando un concejal más ( diez ediles frente a los tres de Adelante Andalucía y los dos de Ciudadanos y PP). Aún le quedan dos mandatos para igualar a quien batiera el récord con seis victorias electorales consecutivas en Espartinas, la popular María Regla Jiménez.

¿Qué le empujó a dar el salto a la política?

Llegué por el feminismo. La política no estaba en mi horizonte, pero el feminismo sí. Mi madre era el timón de la casa y estaba al frente del negocio familiar, era una mujer empoderaba que creía que las mujeres podían hacer lo que quisieran. Eso me lo inculcó. Era un ejemplo y un referente feminista sin ella saberlo. En aquella tienda de alimentación, además de cortar mucho chóped, vi la realidad de las mujeres. Su vida girando en torno a la casa, la familia y sus maridos. Me indignaba cuando las oía. Cuando acabé la carrera de Derecho en Sevilla, me apunté en el primer curso de experta en Igualdad de Oportunidades que hubo en Andalucía, organizado por el Instituto Andaluz de la Mujer. Lo pasé mal porque no tenía coche y entonces trabajaba en la oficina de recaudación de Estepa. Tuve que pedir muchos favores para que me llevaran a Sevilla para hacer el curso y estuve a punto de no sacarlo porque muchas veces faltaba. Pero lo logré y fui asesora jurídica en el centro de información de la mujer de Estepa y monitora de cursos de preformación para mujeres en Osuna (está en excedencia como técnica superior en Desarrollo en el CADE de la Sierra Sur). Empezaba a ver que me estancaba porque entonces, en la década de los noventa, cada avance era muy lento, requería de muchísimo esfuerzo, y yo quería más acción y dinamismo. La concejal responsable de Igualdad, que entonces creo que se llamaba concejalía de la Mujer y Servicios Sociales, Setefilla Luque, me propuso entrar en política.

¿Su inquietud política no nació entonces bajo ninguna sigla?

Nunca había militado en ningún partido. En mi familia sí éramos votantes del PSOE, yo muchas veces era muy crítica con el partido, y a veces me reñían en casa. Pero en 1994 me afilié y me ofrecieron la oportunidad en 1995. En aquella época era una mujer joven y formada, encajaba para incorporarme a la actividad política. Apenas había referentes y había que encontrar mujeres preparadas y con ganas de enfrentarse a muchísimos obstáculos. Casi nos captaban. Además, se dio la circunstancia de que me pilló en un momento de estancamiento y la política me ofrecía un mundo mucho más abierto y con más posibilidades de hacer cosas nuevas.

Y llegó embarazada al Ayuntamiento de Osuna como concejala.

En 1995 ya tenía una hija y entré de concejala embarazada del segundo. A los cinco días de dar a luz, el alcalde me pidió que tenía que ir a un pleno, le dije que sí, pero le exigí que había que interrumpirlo cuando yo se lo dijera porque tenía que amamantar a mi hijo. No había redes sociales, pero hubo comentarios. Recuerdo haber oído protestar a dos concejales del PP, y me dije: Pues sí, eso es lo que hay. Y luego tuve otro hijo más. Fui concejala y alcaldesa, madre de familia numerosa y luego, desde hace seis años, viuda. Me quedé sola con tres hijos, y aunque ya no había tanto una dependencia física de mí, les pilló en la adolescencia y eran edades claves en las que había que estar a su lado. Esto te tiene que gustar mucho para continuar. Y a mí me sigue gustando, y lo más importante, sigo teniendo ilusión.

Fue la primera candidata al Ayuntamiento de Osuna.

Llegué un momento complejo. En 2003 se acaba de disolver la agrupación de Osuna y dos meses antes de las elecciones fui candidata. Era la primer mujer que aspiraba a ser alcaldesa de Osuna y perdí (se convirtió en alcaldesa en 2007). Ser mujer creo que fue un hándicap y, de hecho, algunos compañeros me advirtieron en aquella campaña de que cómo lo iba a hacer con tres niños pequeños y con una familia.

Le cuestionaban.

Tuve que armarme de paciencia y de tolerancia hacia la intolerancia. Hay que darles tiempo a que se acostumbren, me decía. Hay una historia que pesa mucho y una educación que pesa más, y hay que reeducar. De todos modos, siempre tienes que demostrar el doble que un hombre para que valoren tu trabajo. Eso sigue siendo así. Pero no me resigno, el feminismo es mi motor y lucho para que eso deje de pasar.

Le cuestionaban pero tenía mucha más preparación académica que muchos de ellos.

Entrar en un ayuntamiento es una auténtica cura de humildad. Estaba muy preparada y formada, y yo me valoraba mucho. Pero cuando aterricé, me di cuenta de que no tenía ni idea de cómo funcionaba un ayuntamiento. Literalmente, estaba más perdida que el barco del arroz. Se lo advierto a los que incorporan nuevos ahora: tened cuidado porque aquí pierdes la autoestima, todo el mundo sabe más que tú y lo que más vale es la experiencia. Bien es cierto que mi formación jurídica fue una gran ventaja y esos conocimientos, sobre todo de Derecho Civil y Administrativo, me ayudaron. Pero el aprendizaje de lo que es la administración es continuo y eso sí que es un máster.

Doce años después, ¿siente que las actitudes han cambiado o sigue sintiéndose bajo la lupa?

Ahora han cambiado muchísimo las cosas, pero aún queda más por hacer. Y hay veces que algunos micromachismos se cuelan en la vida política. Aunque no hay discriminación, en algún organismo supramunicipal y consejos de administración, donde todos son hombres, se han dirigido a mí diciéndome chiquita o guapa. Aunque sé que no hay una mala intención, intento razonar y ver que todos somos fruto de una educación que hemos recibido y que estamos en proceso de corregir comportamientos, pero en seguida les replico: De chiquita nada, que soy la presidenta de este Consorcio. De joven me revolvía, entendía el feminismo y la lucha por la igualdad desde un prisma más agresivo, ahora lo veo desde un perspectiva más práctica. Creo que hay que jugar con inteligencia y con más paciencia. Así se consigue el objetivo, porque se hace sin sufrir ni hacer que otros se sientan atacados. Y que conste que no tengo absolutamente nada en contra de quienes optan por una lucha más agresiva, porque yo también he estado ahí. Pero para mí se trata de eficacia. En ese Consorcio he logrado que usen el todos y todas en cada discurso, en las bases de cualquier cosa que se convoque, que usen el trabajadores y trabajadoras. ¿Tú sabes lo que significa lograr eso en hombres de 60 años que siempre han hablado en masculino? El otro día un compañero me reprendió y me corrigió porque en un discurso se me había olvidado al despedirme dar las gracias a todas y todos los que habían asistido al acto en el que estábamos.

Pero sigue habiendo resistencias.

Y tanto. En el papel oficial sigue habiendo modelos que pone alcalde. Yo saco mi boli y añado una s y una a. Al-cal-de-sa. También lo hice cuando llegué a este ayuntamiento. Lo primero que hice fue quitar el cartel del despacho porque ponía alcalde. Podría haber puesto alcaldía, pero no, puse alcaldesa. Es hacer visible y transmites un mensaje importante ante la resistencia al lenguaje no sexista, que lo hay incluso entre las mujeres. Ahora estoy luchando para que quienes dicen ser tenientes de alcalde digan que son tenientes de alcaldesa. Pero dicen que les da reparo, aunque estén convencidos de la igualdad. Pues yo insisto.

Esa son las pequeñas resistencias, pero también hay grandes resistencias.

Un hombre si es alcalde es valiente y una mujer es mandona. Yo no soy mandona, prefiero tener autoridad. Consciente de que eso ocurre, yo trato de liderar más que mandar. Y los hombres nos ven con algún recelo porque nos están empezando a valorar. Ahí están las resistencias. Están viendo que somos capaces y piensan que les podemos arrollar. Muchas veces les digo, siempre en plan de broma, y pero también con una carga de profundidad: tanto que protestáis por las cuotas y las listas cremallera, cuando en realidad eso os está protegiendo. De no ser así, estoy convencida de que en algunos sitios, en alguna lista habría dos ó tres o cuatro mujeres seguidas en puestos de salida.

¿Se ve afrontando un quinto mandato?

Llegué en 2007 en un momento complicado, en un gobierno con IU. Rompí a mitad de mandato, me la jugué y salió bien. En 2011, logramos que se sacara la mayoría absoluta, aumentamos en 2015 y ahora, una vez más ganamos con mayoría y logrando un concejal más. Llevo doce años, empiezo en cuarto mandato pero tengo muchos proyectos para Osuna. Los quiero pelear y, si no salen, buscaré el plan B, un camino alternativo para conseguirlo. Sigo teniendo ilusión. Lo que no me gustaría es irme porque ya la gente no me apoya y fastidiándola. Eso lo tengo claro.

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