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La vergüenza de hacer un periodismo machista

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La campaña 'Tu papel es clave contra el machismo' llegará a más de 700 establecimientos hosteleros de Castilla-La Mancha

Campaña 'Tu papel es clave contra el machismo'

Escribo esto a unas horas de la huelga del 8M, donde las compañeras de la prensa nos hemos unido bajo #LasPeriodistasParamos, para denunciar que el hecho de ser mujer está marcado por un evidente techo de cristal y una gran precariedad en nuestra profesión.

Pero de un periodismo patriarcal se desarrolla una consecuencia muy peligrosa: un mensaje patriarcal, porque el machismo ha dominado la comunicación desde siempre, como estructural que es. Eso significa que sobre nosotras, como sujetos políticos, se van a verter grandes mentiras y falsos mitos en nombre de una falsa libertad de expresión, porque en cuestión de Derechos Humanos hay que posicionarse y no disfrazarlo de una supuesta “neutralidad” ni “pluralidad”.

A la violencia, si se le da voz, es solo para señalarla como tal, no para presentarla como una opción más. Cuando eso sucede con el machismo es porque seguimos sin verlo como una violencia que ocasiona asesinatos, violaciones y agresiones. No solo físicas, sino psicológicas.

Traigo esto a relucir porque estos días previos a la huelga he visto de todo, pero no todo vale cuando hablamos de mujeres violadas, asesinadas, en casas de acogida y discriminadas. No vale reflejar opiniones de supuestos señores que nos dan lecciones de su ‘feminismo’ para dejarnos de locas. No vale publicar manifiestos de una minoría que niega a las víctimas.

No valen tribunas de opinión de supuestos eruditos que estigmatizan un movimiento igualitario, democrático y no discriminatorio por un puñado de clicks. No vale publicar mujeres que se suman al mensaje patriarcal, diciendo que nosotras somos las violentas y las que asesinamos.

No vale hacer programas vergonzosos como el ‘Verde blanca y verde’, de Canal Sur, con dinero público, con personas que atacan el feminismo y que falsean datos para darlos por imparciales.

Ninguno de estos medios publica un reportaje sobre las víctimas de ETA o el holocausto o sobre racismo dando voz al discurso que respalde esa violencia. Ninguno de estos medios, en aras de una supuesta neutralidad informativa, da voz a quienes matan, asesinan, discriminan o agreden.

Yo, desde hace un tiempo, me he comprometido con no dañar a las víctimas del machismo desde lo que escribo y digo. Podemos firmar manifiestos cargados de motivos más que justificados, pero en nuestro trabajo diario somos responsables de las fuentes informativas que elegimos y de a quién le damos voz. Y eso pasa también por no elegir a hombres y mujeres que dañan lo conseguido y que insultan a las víctimas y manchan su memoria, en busca de una polémica.

Y como lectoras, a partir de ahora, debemos hacer un consumo crítico de la información que nos llegue, de esa que huele a distancia a machismo absoluto, lo diga quien lo diga, sea hombre o mujer.

Traigo unas palabras de una entrevista que hice a Rosa María Calaf:

“Estamos de acuerdo de que exista libertad de empresa. ¿Pero a que no dejamos que en las latas de sardinas se ponga aceite tóxico? Eso lo vigilamos. ¿Por qué no controlamos que la calidad de la información sea la que debe ser? Y cuando decimos eso no es contradictorio con la libertad de expresión. Ni el derecho a la información. Hablamos de calidad, no de la interferencia ideológica. Hablamos de garantizar que se dé una información honesta al ciudadano. Da igual que sea pública o privada. No permitimos que una empresa nos dé a consumir sardinas en aceite de colza. ¿Pero permitimos que empresas nos den información tóxica? Cuando tienes unos medios que te dan algo tóxico mandas al hospital el cuerpo social. Y ahí es donde vivimos”.

Pongo esto para dejar claro que no es censura. No es censura sino responsabilidad informativa, porque el periodismo tiene siempre una función social y debe estar con los derechos humanos, no hay equiparaciones. Construimos igualdad desde el momento en el que elegimos nuestras fuentes. Estamos desbordadas de mentiras en el feminismo y  es vergonzoso no estar a la altura de lo que exige este momento.

#LasPeriodistasParamos para denunciar nuestras condiciones, que son muchas y vamos juntas a por ello. Pero yo, como periodista, paro también de dar cancha y voz al machismo desde mi trabajo, así a como aquellas mujeres que lo perpetúan o aquellas que, incluso calificándose de feministas, dañan al propio movimiento y dan la espalda a las mujeres que lo necesitan. Y a ello me comprometo por la función social del periodismo, como respeto a todas las víctimas y como gratitud a todas las mujeres del movimiento feminista que nos han traído hasta aquí.

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