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¡España, España, FLA, FLA, FLA!

"No olvidemos que el pegamento social y el sustento del buen convivir de este país no son las banderas, sino nuestros hospitales, centros de salud, colegios públicos y los pactos de autogobierno que han construido los pueblos que coexisten en España"

Hacienda plantea un fondo para pagar sanidad y educación en épocas de crisis

EFE

El Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) es uno de los mecanismos de financiación previstos para las Comunidades Autónomas (CCAA). En concreto, se trata del mecanismo de liquidez que el Gobierno central pone a su disposición para que puedan pagar las deudas financieras privadas pendientes. Es decir, con el FLA, teóricamente, se salva a las CCAA que no pueden hacer frente a los vencimientos de su deuda o que no pueden obtener recursos dadas las onerosas condiciones de los mercados. En su origen, la medida se puso en marcha de forma extraordinaria para que durara dos años para contribuir a la reducción de la deuda. En lugar de eso, el FLA alimentó la espiral de la deuda y, lejos de ser una medida coyuntural, Montoro halló en esa herramienta un uso adicional: controlar políticamente a las autonomías que se adhieren al FLA mediante duros planes de ajuste, como el que obligaba a rubricar un convenio que favorecía a los laboratorios asociados a Farmaindustria.

Desde la puesta en marcha de las medidas de control de gasto de las autonomías en 2009, el endeudamiento de las CCAA se ha triplicado, pasando de 89.522 a 288.105 millones de euros y más del 70% está en las manos del gobierno central. Curiosamente, las CCAA que más han necesitaban el FLA para garantizar su solvencia, más veían aumentar su deuda. ¿Casualidad o causalidad? Sin duda, causalidad. El aumento del endeudamiento autonómico se ha visto acentuado por las duras condiciones de adhesión al FLA, que ha servido, básicamente, para refinanciar la deuda preexistente y creciente de las autonomías.

El techo de gasto, las reglas fiscales austericidas y las severas condiciones de adhesión al FLA, determinadas unilateralmente por el Ministerio de Hacienda y más estrictas cada año, son las llaves de la prisión en que Montoro tiene encerradas la autonomía política estatutaria y la soberanía de los pueblos que conforman España. De forma que el FLA ha terminado siendo un instrumento más del Gobierno central para imponer políticas de austeridad y provocar una progresiva pérdida de autonomía política por parte de las comunidades adheridas. Esto da respuesta, sin titubeo alguno, al entusiasmo recentralizador de Montoro, que se frota las manos ante el desgaste político, económico y financiero que ha provocado en el autogobierno de las administraciones autonómicas, las mismas que garantizan la educación, la sanidad o los servicios sociales públicos. Desconocemos qué amigotes estarán preparados para transformar la sanidad o la educación pública en beneficio privado, algunos estarán agazapados, igual que lo están para quedarse con nuestras pensiones. Seguro que las pupilas de sus ojos van siendo ocupadas por € al oler el negocio millonario.

Ante esta realidad hay dos evidencias claras. En primer lugar, se hace imprescindible la reforma de los mecanismos de liquidez y de acceso al crédito que se pusieron en marcha en los años más duros de la crisis económica. En segundo lugar, existe una necesidad urgente de reforma del sistema de financiación, ya que la adhesión al FLA es una expresión de la insuficiente financiación de las CCAA. La escalada de endeudamiento autonómico acabará cuando se resuelva la infrafinanciación, por lo que el cambio del actual modelo de financiación es una oportunidad para incorporar soluciones a medio y largo plazo para garantizar la sostenibilidad de una deuda que ha sido inducida. No obstante, para rebatir a trileros y escapar de engaños, es esencial separar el grano de la cizaña. Estamos de acuerdo en una restructuración de la deuda de las CCAA asumiendo que ha sido un efecto directo de la infrafinanciación del actual sistema, pero bajo ningún concepto, puede ser utilizada para obviar el problema de la insuficiencia global que sufren las CCAA y la necesidad de una profunda reforma del actual marco fiscal y financiero, condiciones necesarias para fortalecer las autonomías y reforzar nuestro estado de bienestar. No olvidemos que el pegamento social y el sustento del buen convivir de este país no son las banderas, sino nuestros hospitales, centros de salud, colegios públicos y los pactos de autogobierno que han construido los pueblos que coexisten en España.

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