Con la llegada del otoño arranca la cosecha del producto andaluz por antonomasia, la aceituna.

Un fruto que, dependiendo de la climatología de cada año, empieza a recogerse a mediados o finales de septiembre al sur de Málaga. Desde entonces la cosecha va subiendo por los campos andaluces, para acabar en las sierras jiennenses allá por el mes de febrero.

Meses de frenética actividad en los que los jornaleros se afanan en los olivares, mientras las miles de almazaras que pueblan cada rincón de Andalucía muelen las aceitunas en busca de su mejor aceite.

Fotografías tomadas en Mairena del Alcor (Sevilla) y la almazara experimental del Instituto de la Grasa (CSIC).

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