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Así se desmonta el Museo Ruso: la colección se despide (por ahora) de Málaga

Desmontaje de la exposición |Colección del Museo Ruso

Néstor Cenizo


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La Colección del Museo Ruso de Málaga ya se ha despedido de la ciudad. A estas alturas, nadie puede decir si lo del pasado lunes fue un adiós definitivo o un hasta luego, pero las obras de la imponente colección del Museo Estatal de Arte Ruso de San Petersburgo, la mayor colección de arte ruso del mundo, ya no cuelgan de las paredes del antiguo edificio de la Tabacalera. A finales de la semana, los operarios embalaban con mimo los últimos lienzos, mientras personal del museo explicaba a los visitantes cómo se realiza esta tarea. A las obras les espera un viaje de una semana por carretera y barco hasta llegar a Rusia, de donde proceden.

Rusia muestra en Málaga el arte de la guerra

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Con el envío de vuelta a San Petersburgo, que tendrá lugar en las próximas horas, se da carpetazo a un asunto que generó controversia a primeros de marzo, en los primeros compases de la guerra desatada por la invasión de Rusia sobre Ucrania. Como consecuencia del embargo impuesto por la Unión Europea al Gobierno de Vladimir Putin, Málaga no podía renovar las exposiciones. El Ayuntamiento, que paga unos 400.000 euros anuales, a liquidar cuando recibe las muestras, tenía las manos atadas porque no podía realizar nuevas transferencias al Museo de Arte Ruso, una entidad de carácter estatal.

La cuestión generó un intenso rifirrafe entre los dos socios de gobierno: la tibieza inicial del alcalde Francisco de la Torre (PP) contrastaba con la determinación de Noelia Losada, concejala de Cultura (Ciudadanos) y partidaria desde el primer momento de dar la espalda a nuevas exposiciones. Entre medias, intervino el PSOE para pedir al alcalde que devolviera la Medalla Pushkin, que Vladimir Putin le entregó en 2018. Finalmente, el asunto lo zanjó el Ministerio de Cultura “instando” a suspender los proyectos en curso y cancelar las pendientes. El alcalde lo resolvió a su manera: el Museo Ruso entraría en “hibernación”, al menos hasta que se resuelva el conflicto.

“Ojalá la guerra acabe cuanto antes y podamos retomarlo”, ha dicho esta semana. La colección era una de las grandes patas de la apuesta de la ciudad por la cultura y los museos, que han situado a Málaga en el mapa del turismo cultural.

A priori, las últimas exposiciones concluían el 24 de abril, pero se han mantenido una semana más a la espera de que los rusos respondieran a la consulta formulada por el Consistorio. El museo anunció el final asegurando que había solventado las “dificultades logísticas derivadas de las circunstancias actuales”. Estaba también la importante cuestión de quién asumía la responsabilidad en caso de desperfectos o robos: la póliza de seguro expiraba próximamente.

El desmontaje de la última exposición

Paradójicamente, la última exposición anual en Málaga ha sido Guerra y paz en el arte ruso, a la que han acompañado Vanguardias en el arte ruso, una muestra sobre Maiakovski y otra sobre Dostoievski. Esta semana, el museo ha ofrecido visitas guiadas para que el público, en grupos de 20, pudiera conocer el proceso de desmontaje y el trabajo que realizan los restauradores y conservadores de arte cuando hay que devolver las obras.

El jueves por la tarde, cajas apiladas ante una inmensa reproducción de La carga de la Caballería Roja, la icónica obra de Malévich, daban la bienvenida a una muestra ya casi deshecha. Aunque era una actividad abierta al público (previa inscripción), estaba prohibido hacer fotos.

Una bobina de tres metros de largo de papel burbuja dominaba la primera sala, donde un par de cuadros permanecían aún sobre las paredes. Una “mediadora” (personal de un “servicio educativo” del museo) explica los detalles, mientras operarios y restauradores embalan las últimas obras de la sala dedicada a la conquista rusa del Cáucaso. A cada cuadro se le retira el marco y el bastidor. Después, se deposita sobre papel tisú y se envuelve con mimo. Cada obra tiene un embalaje a medida, y si comparte caja se añade espuma de poliestireno para evitar el roce. A las que van en cristal se les pega un adhesivo para que una eventual rotura no afecte a la obra.

Un viaje de una semana en camión y barco

Deberán permanecer en las cajas al menos 24 horas antes de partir, y 24 horas después de su llegada. El objetivo es que se aclimaten. El trayecto lo harán a unos 19-20 grados de temperatura y 40% de humedad relativa. “El lienzo toma y suelta humedad”, explica la mediadora. Normalmente, no más de dos camiones realizan el trayecto, lo que obliga a realizar un tetris con las obras para que todo quepa.

Deberán llegar a San Petersburgo en el mismo estado que cuando salieron. Por eso, cada obra, asegurada por separado, va acompañada de un informe con una reproducción y una descripción de sus características, que incluye también sus costuras y desperfectos. A su llegada, deberá firmarse la conformidad. El Museo de San Petersburgo ha enviado a cinco especialistas para tutelar el proceso.  

El viaje se mantiene secreto por seguridad, pero se sabe que durará aproximadamente una semana, y discurrirá en camión hasta Alemania, y en barco por el Báltico hasta Rusia. Con las obras van los “correos de exposición”. También una escolta policial. Las últimas obras del Museo Ruso en Málaga parecen exigir un deber reforzado de tutela: a nadie se le escapa las implicaciones de un robo de arte ruso en las circunstancias actuales.

“¿Tendremos que borrar toda la riquísima cultura rusa?”

La despedida del Museo Ruso, ya sea temporal o definitiva, ha sido más amarga de lo que nadie hubiera aventurado hace unos meses. El museo se integra en una agencia pública municipal, dirigida por José María Luna, que coordina también la Casa Natal de Pablo Picasso y el Pompidou. Los trabajadores son municipales.

Desde el 25 de marzo de 2015, ha recibido más de 750.000 visitantes y acogido unas 40 exposiciones y 600 actividades. Hace apenas un año que se ejecutó una cláusula de renovación hasta 2035. Ha ofrecido potentes muestras sobre la iconografía rusa, la dinastía Románov, la cartelería soviética o artistas como Chagall, Malévich o Kandinsky al público local y a los muchos turistas que llegan a Málaga atraídos por su oferta cultural. El museo ha acabado siendo un potente dinamizador cultural de la zona, a cierta distancia del saturado Centro Histórico, programando recitales, conciertos y encuentros dedicados a los grandes genios de la música y la literatura rusas. Por sus talleres han pasado también menores con Proyecto Hombre y otras entidades.

Muchos han mostrado estos días su tristeza por el fin del museo. “¿Tendremos que borrar toda la riquísima cultura rusa por las circunstancias que padecemos?”, se cuestionó José Manuel Cabra de Luna, abogado, pintor y presidente de la Academia de San Telmo ante el Pleno del Ayuntamiento. Aquel día, Olga Levakova, de la Fundación de Amigos del Museo Ruso, dijo entre lágrimas: “La guerra pasará, seguro que pasará. ¿Pero qué quedará? ¿El vacío, el odio? Creo que el Museo puede enseñar que el arte y la cultura están por encima de todo”.

“Salvo las grandes colecciones mundiales, arte ruso no había en Occidente, y menos en una ciudad media europea como Málaga. Hemos tenido la oportunidad de descubrir una cultura en gran parte desconocido, y es una pena haber perdido eso. Cuando tuve enfrente el Cuadrado Rojo de Malévich... ¿Cuándo podíamos soñar tenerlo en Málaga, a medio metro?”, comenta Cabra de Luna en conversación con elDiario.es Andalucía. Triste, lamenta el uso de la cultura por la política, en la que los tiempos son otros. “No podemos castigar a Putin prohibiendo a Tolstoi de las estanterías. Aplicar unos criterios de la política es una barbaridad”.

Desde finales de mayo, y en tanto dure la “hibernación”, la sede de Tabacalera albergará una exposición sobre Picasso con obras de los fondos de la Casa Natal. La agencia ha explicado que trabaja en el diseño de programas artísticos que “involucren el arte y la cultura rusa en la línea de los trabajos desarrollados durante este tiempo”. “Ojalá haya paz, con arte y sin arte. Y si la hay, ojalá podamos recuperar, de una u otra manera, un mundo artístico que nos era muy desconocido. El arte, si no nos hace mejores, sí nos hace más lúcidos, que también es una forma de ser mejores”, zanja Cabra de Luna. 

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