“Necesitamos un centro para nosotras solas”: la Junta cierra la única residencia para mujeres con adicciones de Andalucía
Candelaria, bajo pseudónimo, lleva 22 meses limpia y reconoce que gran parte de su recuperación se la debe a la Comunidad Terapéutica de Mijas, el único centro dedicado a la desintoxicación de la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía (ASSDA) que tiene en Málaga y que está dedicado exclusivamente a mujeres. “Necesitamos un centro para nosotras solas”, enfatiza, añadiendo que “si no hubiese dado con este sitio, no hubiese cumplido 43 años”. Sin embargo, este recurso ha cerrado finalmente sus puertas después de que la Junta de Andalucía tomara la decisión el pasado mes de agosto, sin que haya, por el momento, una alternativa. Tras mes y medio sin aclarar su futuro a los trabajadores, el proceso de reubicación forzosa se ha acelerado en las últimas horas, y la intención es que la próxima semana quede ya definido, según un documento al que ha tenido acceso elDiario.es/Andalucía.
Esta medida supone un duro golpe a la red de atención de la ASSDA, ya que la provincia no cuenta con una instalación para atender las adicciones en Andalucía oriental y tampoco que sea únicamente femenina. La clausura, adelantada por SUR y confirmada por este medio, supone la estocada final para un complejo sobre el que pesaban las amenazas de cierre en los últimos años. A preguntas de este medio, la Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias, titular del servicio, no ha respondido al cierre de esta edición, aunque ha reconocido que el centro cuenta con “un informe negativo” porque las instalaciones están en una zona con riesgo de incendios y de inundaciones.
Una información que corrobora Juan Carrillo, delegado de CGT en la ASSDA, que indica que en una reunión mantenida con miembros de la Junta de Andalucía, en la que se encontraba el viceconsejero de Igualdad, José Repiso, y el director general de Atención Socionisanitaria del área de Sanidad, José Ángel Lázaro, “no se enseñó el informe”, pese a que lo reclamaron en varias ocasiones. Tampoco, al igual que a esta cabecera, se les comunicó que estuviera planteada la reubicación de la comunidad terapéutica en otro lugar. Lo que sí reconocieron, asegura el responsable sindical, es que “la privatización del servicio mediante un concierto era una opción perfectamente viable”.
La Comunidad Terapéutica de Mijas contaba con capacidad para 32 usuarias y, en el momento del cierre, había nueve pacientes a las que se le dieron de alta o se desplazaron a la comunidad de Almonte, la cual es mixta. Una cuestión sensible, ya que en el centro malagueño contaban con víctimas de violencia de género y, también, con inscritas en el sistema de protección VioGén. Además, se pierde un eslabón de la red pública andaluza de comunidades terapéuticas, con dos en Huelva (Cartaya y Almonte), una en Sevilla (Los Palacios) y otras dos en Cádiz (Tarifa y La Línea), por lo que la vertiente oriental queda desatendida y conllevará a un “traslado forzoso”, indica desde CGT, de las pacientes que requieran esta atención especializada.
De cierre provisional a definitivo
En el Centro trabajaban hasta el pasado 4 de agosto veinte personas, con la condición de personal laboral fijo de la Junta de Andalucía. Aquel día extraoficialmente les dijeron que el centro se cerraba ante el elevado riesgo de incendio, y que las nueve usuarias que había entonces serían reubicadas (siete de ellas), dadas de alta (una) o asignadas a una salida terapéutica. El lugar ya tuvo que ser evacuado en 2011 y 2013, cuando el fuego devoró parte de la Sierra de Mijas, y posteriormente se adecuó de acuerdo a lo que indicaron los especialistas.
Con el riesgo creciente por incendios, las trabajadoras confiaron que sería un traslado solo veraniego. “En la confianza de que el riesgo era real, pensábamos ingenuamente que podía tener sentido movernos en verano”, cuenta una trabajadora. Sin embargo, con el paso de las semanas aquella decisión aparentemente provisional fue cristalizando en algo definitivo, coincidiendo con el traslado de las competencias. El servicio está ahora adscrito a la Consejería de Sanidad, en manos de Antonio Sanz, mientras que la ASSDA, dependiente de la Consejería de Servicios Sociales e Igualdad, está encargada de la gestión del personal.
En estas semanas, nadie ha comunicado nada a los trabajadores, según denuncian. “Todo ha sido silencio y mutismo”, denuncia la trabajadora. Hasta que este miércoles, sin que ellas supieran nada, el cierre definitivo se aborda en una reunión del gerente de ASSDA con los sindicatos, con remate final: “Dicen que cierran y que no contemplan la reubicación del recurso”.
“Como trabajadoras estamos perplejas, indefensas y vulnerables, hay una falta de legalidad total y absoluta. Nos dijeron que nos iban a trasladar, pero ¿en qué condiciones? ¿A otra provincia? Hay un ocultismo total, desde el 4 de agosto hasta el miércoles”, lamenta. La puntilla ha llegado un día después. Esto va rápido: en una comunicación al Comité de Empresa, ASSDA comunica que inicia ya el “procedimiento de traslado colectivo” de todos los trabajadores por el cierre del centro.
En atención a este medio, fuentes de la Consejería de Loles López indican que los trabajadores “están cobrando su salario” y se abrirá un proceso negociador obligatorio “para reubicarlos”, confirmando así el cierre definitivo. La alternativa, dice la trabajadora, es el paro con una indemnización de veinte días por año trabajado y un máximo de doce mensualidades.
“Sin la ayuda de Mijas, sé que me hubiera muerto”
Candelaria es una de estas pacientes más vulnerables. Pasó 11 meses en la Comunidad Terapéutica de Mijas, situada en el diseminado de Entrerríos, y salió el pasado marzo tras recibir apoyo, orientación y recursos para acabar con ocho años de drogodependencia. “Los profesionales del equipo terapéutico confiaron en mí cuando ni yo misma lo hacía, hora tras hora, ayudándome a gestionar el dolor y el fracaso que me habían llevado al consumo tras tanto tiempo de destrucción”, relata a este periódico. “Sin la ayuda en Mijas, sé que me hubiera muerto”.
La malagueña vivió una relación de maltrato que no denunció, pero los daños físicos y psicológicos que vivió la arrastraron a una depresión. Ahí fue cuando empezó a consumir para “anestesiarse”. Poco a poco, perdió su trabajo como encargada en una tienda de ropa, su casa y, finalmente, la custodia de su hijo. Intentó salir del círculo de la adicción a través de dos programas diferentes de desintoxicación, primero en un centro de Huelva y luego en otro que la obligó a trasladarse a Cádiz, pero no logró remontar y, en ambos casos, abandonó la terapia. Una de las razones fue, en la primera atención, porque empezó una relación sentimental con uno de los trabajadores.
“Un centro dedicado solo a mujeres nos hace centrarnos en nuestra recuperación, porque cambiamos una adicción por otra. Yo cambié la adicción por las sustancias por la adicción a una relación tóxica”, explica sobre la importancia de que en este recurso se atienda solo a mujeres. “Estar con hombres nos complica muchísimo la recuperación: nos centramos en estar guapas, por ejemplo, en la atención, pero en Mijas me dieron las herramientas necesarias para recuperar mi vida e identificar estas nuevas adicciones”, como las compras, el sexo o, incluso, la toma de café, que debió reducir cuando cayó en la cuenta de que lo estaba tratando de forma compulsiva.
“Es un proceso complicado que, por desgracia, no todo el mundo puede superar”, expone la afectada, que ha convivido con mujeres que han vivido en situación de calle. A la adicción, le suma la vergüenza que sintió por la pérdida del control sobre su vida, la exposición pública y el hecho de ser mujer adicta, una cuestión sobre la que sigue pesando el estigma social. “Al principio, preferí estar fuera de Málaga. No quería que nadie se enterase. Pero han pasado varios años sin haber estado junto a mi hijo, que me necesitaba estando sana”, reflexiona.
Al volver, encontró al mismo tiempo las fuerzas para proseguir en su recuperación como las propias sombras del pasado: “Estar en Mijas me ha hecho estar cerca de mi hijo y, también, de un entorno cercano al consumo, sitios, personas... Pero en el centro me dieron herramientas para gestionar estas situaciones incómodas. Es un mal trago, tanto por la sensación de vergüenza como de pena, de verte a ti misma hace 11 meses, de ver al otro, con el que consumías, pero he podido seguir”. Con el apoyo de los especialistas, aprendió a afrontar estas posibles recaídas. Hoy en día cuenta con el Ingreso Mínimo Vital, que le ayudaron a gestionar, y disfruta de actividades tan cotidianas como diversas, ya sea el yoga, el teatro, el voluntariado o retomar los estudios para encontrar un nuevo trabajo. “Es fundamental que no se pierda este recurso para mujeres”, reitera.
“Quieren acabar con un recurso especializado y público”
“Hay alevosía, de un plumazo quieren acabar con un recurso especializado y el único totalmente público en toda Andalucía. Damos cobertura a mujeres en la red viogén con personal especializado desde el año 2000”, explica la trabajadora.
En consonancia, Carrillo, delegado de CGT en la ASSDA, incide en que el cierre definitivo de la Comunidad Terapéutica de Mijas es una cuestión que se viene gestando desde la entrada del PP en la Junta de Andalucía, ya que supuso un cambio en la atribución de las competencias desde la cartera de Servicios Sociales a Sanidad. En 2019 se dieron los primeros pasos para que la titularidad pasara tras algunos intentos infructuosos y, finalmente, en 2021 había una dificultad mayor: la falta de personal sanitario en los centros públicos, en los que debe haber, como mínimo, un médico, un ATS, un psicólogo, un trabajador social, un personal de oficio para tareas de cocina, limpieza y/o mantenimiento, y un monitor ocupacional.
Esta crisis se cerró, pero, de nuevo, en 2025, se procedió al desalojo de la comunidad terapéutica de Mijas debido a que no había personal para atender a las usuarias. Carrillo recuerda que gracias a la presión sindical se reabrió a mediados de febrero y se consiguieron nuevas contrataciones, pero en esta ocasión parece no haber vuelta atrás tras el informe desfavorable que tiene la Consejería de Sanidad en su poder. “Ya se había privatizado la limpieza, luego los trabajos de mantenimiento, al igual que la grabación de las solicitudes de dependencia a través de Tragsatec. Es un paso más en la política de privatización de este Gobierno”, zanja, sin que haya visos de una nueva ubicación para un recurso esencial para las mujeres.
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