Moreno fija las cláusulas para pactar con Vox pese al riesgo de que “bloqueen” el Gobierno andaluz: “Ni divisiones ni bronca”
48 horas después de ganar las elecciones andaluzas del pasado domingo, Juan Manuel Moreno se ha zambullido en la larga precampaña para las municipales y generales, previstas para 2027. Ante la Junta Directiva del PP andaluz, reunida este martes en un hotel de Sevilla, el presidente del partido ha lanzado tres mensajes claros, los tres, de alguna manera, dirigidos a Vox.
El primero es una advertencia: no está dispuesto a sacrificar su perfil moderado, clave en el éxito electoral del PP en Andalucía, con cesiones ni en el fondo ni en la forma al partido de Santiago Abascal. “Llegué aquí siendo yo y os aseguro que voy a seguir siendo el mismo que hace siete años y medio”, ha anunciado, sin citar a Vox ni su “prioridad nacional”, esa imposición de sesgo xenófobo con la que han claudicado los presidentes del PP en Extremadura y Aragón, a cambio del apoyo a su investidura.
Ese alegato en defensa de la moderación es la hoja de ruta del PP andaluz para la negociación inminente con la ultraderecha, que tiene la llave de gobierno en Andalucía: “No vamos a ser lo que no somos. No vamos a buscar distancias ni divisiones, no vamos a alentar la bronca que cabrea permanentemente a los ciudadanos, ni vamos a buscar rédito político en la crispación, como hacen otros. El PP ha construido una identidad, es un proyecto de convivencia y no vamos a cambiar”, ha sentenciado.
Los cientos de dirigentes que forman parte de la Junta regional del PP-A, incluido los consejeros en funciones, se han puesto en pie y han estado varios minutos aplaudiendo. La declaración de intenciones del dirigente popular no es baladí. 24 horas después de las elecciones, el PSOE (el gran derrotado) pronosticaba que Moreno tendría que desenmascararse, “quitarse la careta de moderado”, para lograr el apoyo de la extrema derecha.
Moreno ha reconocido este martes que Vox tendrá ahora “mucha influencia” y “la llave de la gobernabilidad” en Andalucía, pero también ha advertido a los de Abascal de “las dificultades” que tendrían los suyos al entrar, sin experiencia, en la gestión directa de un Gobierno de esta magnitud, con un presupuesto de 51.000 millones de euros, y una plantilla de 303.000 empleados públicos.
“Andalucía no es una comunidad cualquiera. Hablamos de presupuestos muy grandes. Requiere equipos preparados, rodados y una coincidencia en el proyecto. Vox tendría dificultades”, ha dicho esta mañana, en una entrevista en la COPE.
El ganador de las elecciones andaluzas, con 1,7 millones de votos y 53 diputados (a dos de la mayoría absoluta), se sabe en una encrucijada política, que no sólo condiciona la continuidad de su proyecto en los próximos cuatro años de legislatura, también un estilo que él mismo ha promocionado en toda España, contra la crispación y la brocha gorda, que miran de recelo desde el ala dura de su propio partido, donde reina la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
El presidente de la Junta en funciones y candidato del PP aspira a seguir gobernando en solitario, con acuerdos puntuales con Vox en el Parlamento, como ya hizo entre 2019 y 2022. Los de Abascal han enfriado su objetivo confeso de entrar en el Gobierno andaluz, han aparcado su interés por “los sillones”, y marcado como línea roja la “prioridad nacional”, una propuesta que discrimina a los inmigrantes en el acceso a prestaciones públicas, y que Moreno calificó en campaña de “eslogan vacío”.
Seis meses estuvo María Guardiola sin poder formar Gobierno en Extremadura tras ganar las elecciones, el pasado diciembre, con un porcentaje de votos superior al de Moreno, un 43,18%, y a cuatro escaños de la mayoría absoluta. Ante este “lío” o “desgobierno”, del que el andaluz no se cansó de advertir durante los 15 días de campaña, el dirigente popular ha advertido a Vox: “A nadie le vamos a pedir que nos regalen su voto, es evidente, pero sería un error determinante quien plantee bloquear un Gobierno de Andalucía que está amparado en 1,7 millones de votos. Sería ir contra el sentido común y creo que eso nadie lo debería hacer”, sentencia.
Moreno está a punto de abandonar la vida política pacífica y sosegada que ha disfrutado estos últimos cuatro años, gracias a su mayoría absoluta, para volver a 2019, el año que llegó a la presidencia de la Junta de Andalucía gracias a un pacto con la ultraderecha, el primero que se firmaba en España.
Gobernó los primeros tres años sustentado desde fuera por Vox, con los que firmó acuerdos parlamentarios y sacó adelante tres presupuestos autonómicos. Entonces el PP tenía 26 diputados de los 109 que hay en el Parlamento -el peor resultado de su historia- y ahora cuenta con 53, a dos de la mayoría absoluta. “Si una mayoría con 26 diputados inició el cambio en Andalucía, esta mayoría con 53 está más legitimada aún para que sigamos con nuestra vía: la reforma, el entendimiento, el diálogo. No lo vamos a cambiar”, ha sentenciado.
Moreno se aferra así a la llamada “vía andaluza”, al Manual de convivencia que él mismo escribió, con el que ha cincelado su imagen de político moderado, sereno, conciliador y dialogante, en contraste con el volcánico ambiente político que respira España (en parte por la volcánica oposición que ejerce su propio partido y Vox contra el Gobierno de Pedro Sánchez). Este martes, ante la cúpula de su partido y de su Gobierno en funciones, ha reafirmado ese estilo, pero también la gran promesa electoral: “Cuando hemos dicho que vamos a reformar en profundidad la sanidad en esta legislatura, que nadie dude que lo vamos a hacer”, dice.
Contra los Presupuestos catalanes y Zapatero
Los otros dos mensajes, de hecho, han sido sendos misiles dirigidos a dos objetivos que el PP comparte con los de Abascal: el PSOE y el Ejecutivo de Sánchez, por un lado; y el independentismo catalán, por otro. Dos caras de la misma moneda para las derechas, que encuentran en sus rivales de izquierdas el mejor pegamento para sus intereses de cara a las generales.
El presidente del PP-A ha cargado contra el acuerdo de Presupuestos de Catalunya, firmado por el president Salvador Illa y el líder de ERC, Oriol Junqueras, sólo 24 horas después de las elecciones andaluzas. “Si son tan valientes, ¿por qué no lo anunciaron antes de la campaña o durante?”, ha dicho, denunciando que los “privilegios” para Catalunya con la inversión ferroviaria comprometida, más la cesión en la gestión de empresas estatales, como la Zona Franca de Barcelona, mientras el Gobierno tiene “absolutamente en el vacío y en la marginalidad los intereses de los andaluces”.
También ha atizado duro al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, imputado por un supuesto caso de corrupción en el rescate de la compañía Plus Ultra, y se ha dirigido (sin citarla) a María Jesús Montero, líder del PSOE-A y su rival en las urnas, exigiéndole explicaciones. “Pedimos que nos dé información y explicaciones, ya que la ha acompañado en esta campaña. ¿Qué ha sucedido y qué papel ha tenido en todo el rescate de Plus Ultra?”, ha asegurado.
El dirigente popular ha denunciado que “todo el entorno de Sánchez está siendo investigado y procesado”, y ha terminado su discurso con esta frase: “Es el ambiente que vivimos en España, a diferencia del ambiente sosegado de Andalucía, alejado de tribunales, de irregularidades y de corruptelas”.
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