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El restaurante que ocupa el mirador del Cabezo de Buenavista, en el Parque Grande de Zaragoza, desecha acristalarlo

El mirador del Parque Grande, con mesas y sillas del kiosco situado en el cabezo.

Luis Faci

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La polémica ocupación del mirador del Cabezo de Buenavista, en el Parque Grande de Zaragoza, no llegará al menos hasta el final: pese a tener permiso municipal para ello, el restaurante que ha llenado de mesas y sillas este espacio protegido ha renunciado a cerrarll con un acristalamiento. Así figura en una resolución del Ayuntamiento a la asociación Apudepa, que recurrió esta última medida prevista en la adjudicación, en uno de los concursos del denominado 'kioskogate'.

La mencionada resolución parte de un acuerdo de la Gerencia de Urbanismo en la que inadmite el recurso de Apudepa precisamente por esta circunstancia: porque la mercantil Rosaleda Parque Grande –propiedad de Fuenclara SL, que pertenece al empresario Juan Forcén– “renuncia a la intervención en la zona del mirador, y ello al mantenerse el mirador como bien jurídico protegido inalterable”. Por ello, expone Urbanismo, las alegaciones formuladas “carecen de objeto”.

Apudepa ha expresado a este periódico su “confianza” en que, “además de conservarse la integridad de los enclaves paisajísticos” del Parque Grande “para el disfrute de todos los ciudadanos”, desde el Ayuntamiento “se proceda a velar por su correcto mantenimiento”.

La ocupación del mirador del Cabezo de Buenavista, uno de los principales puntos del Parque Grande desde el que contemplar Zaragoza, trascendió en verano y esta 'privatización' generó numerosas quejas vecinales y críticas de los partidos.

El mirador se llenó con terrazas del restaurante Pura Brasa, que sustituyó al antiguo Merendero Cabeza Buenavista, un negocio familiar desde casi un siglo atrás. Fue uno de los establecimientos cuya concesión decidieron renovar los populares al poco de llegar Azcón al Gobierno municipal, lo que provocó una gran controversia. En el caso del Parque Grande, cinco de los seis kioscos acabaron en manos de firmas de Forcén, un empresario muy próximo al ahora presidente autonómico.

El Ayuntamiento de Zaragoza, en todo caso, informó a este periódico de que las terrazas están “en regla” y “no incumplen la normativa”.

Los pliegos del concurso abrían la puerta a acristalar el espacio situado “entre los pilares”, aunque dejando espacio con el muro exterior “para que se continúe leyendo la estructura original de la pérgola”. La Comisión Municipal de Patrimonio Histórico mostró en un dictamen su oposición al cerramiento con el objetivo de que recinto “no pierda su funcionalidad como mirador”, pero el Área de Servicios Públicos desechó esta postura con el argumento de que la cuestión no era competencia de la Comisión, ya que la instalación “no menoscaba su conservación”.

En la solicitud de licencia por parte de la adjudicataria se incluía el “cerramiento acristalado” con una superficie de casi 90 metros cuadrados, pero finalmente no se llevará a cabo.

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