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Tania Cubero: “Mis horas como voluntaria son las más valiosas de la semana”

En los mundiales de Berlín con la antorcha olímpica

María Bosque Senero

8 de diciembre de 2024 00:20 h

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En Aragón se calcula que hay unas 50.000 personas voluntarias que participan en programas de entidades sociales. El 5 de diciembre se celebra el Día Internacional del Voluntariado. Tania Cubero es una voluntaria anónima, tiene 40 años, se gana la vida como profesora de gimnasia rítmica y entrenadora deportiva. Un día a la semana comparte sus conocimientos como entrenadora con un grupo de personas de entre 9 y 32 años con discapacidad en Special Olympics. Para Tania Cubero el voluntariado es una forma de vida. 

¿Cuál es la primera experiencia como voluntaria que recuerda?

De pequeña formé parte de un grupo de scouts y creo que allí empecé mis primeras colaboraciones. Hace siete años llegué a Special Olympics, comencé como entrenadora de gimnasia rítmica porque la Federación exigía que hubiera un técnico para poder competir. Me metí en ello por probar y me enganchó. Me siento muy a gusto con mis compañeros Lara, Ana, Mónica, Alex, Ana y María. Ahora no entendería mi vida sin hacer voluntariado. 

Actualmente ¿En cuántos proyectos está presente de manera altruista? 

En muchos, porque cuando entras en el mundo del voluntariado vas conociendo a gente también voluntaria con la que te terminas implicando en otro proyecto completamente distinto al tuyo. A través de Special Olympics me he sorprendido a mí misma haciendo pádel surf todo el verano, en carreras de obstáculos, maratones, practicando patinaje y, próximamente, colaboraré en clases de baile con una compañera que va en silla de ruedas. 

¿Qué le aporta hacer voluntariado?

Todo. Aprendo más de lo que doy. En mi caso, a través del voluntariado he aprendido mucho sobre la discapacidad, pero, sobre todo, he aprendido sobre las capacidades. El año pasado atravesé una depresión, y lo que me ayudaba a seguir adelante era que llegara el día de hacer voluntariado. Entraba en la sala, veía a mi alumnado y me olvidaba de todo. Es verdad que yo les enseño gimnasia rítmica, pero ellos me han aportado capacidad de superación viéndolos cómo se crecen cada día ante la adversidad. Cuando el entorno les dice que no pueden ellos siguen adelante, lo hacen y, además, disfrutan. El voluntariado me ha regalado valores. 

¿Cómo crees que entiende la sociedad aquello de hacer algo por los demás sin obtener nada a cambio?

Hay personas que piensan que estoy perdiendo el tiempo. Yo pienso que lo estoy ganando, y la prueba de ello es que para mí la hora que hago voluntariado es la hora más valiosa del día. En mi familia, por ejemplo, no lo terminan de entender, aunque siempre están ahí y me acompañan a muchos eventos. La gente está acostumbrada a recibir algo material a cabio de hacer otra cosa, pero en el voluntariado lo que recibes va más allá. 

¿Existe un voluntariado a medida? 

No a medida, pero sí que cada persona puede encontrar el voluntariado que más va con él o con ella porque no todos los voluntariados son iguales, así como todas las personas somos diferentes. En mi caso el voluntariado que me llena se basa en compartir tiempo y experiencias con personas con capacidades diferentes, pero hay miles de opciones que explorar. Lo importante es probar. 

¿El voluntariado es tiempo libre? 

Creo que el voluntariado es una forma diferente de invertir mi tiempo libre. El ocio no solo es jugar, ir al cine o salir de copas, también puede ser destinar tiempo para hacer una actividad voluntaria que te gusta. Las experiencias de vida te ayudan a salir adelante, y eso no solo se consigue en el trabajo, también llevando a cabo estas actividades de manera desinteresada que te llenan por dentro. 

¿La persona voluntaria nace o se hace?

Cuando era pequeña, en el colegio, nos pedían que acompañáramos a los compañeros que tenían alguna discapacidad. Para mí, relacionarme con personas como ellos es algo que me nace de manera natural. Supongo que esa experiencia en el colegio me ha hecho tener una especial predisposición a compartir tiempo y actividades voluntarias con personas con capacidades diferentes. Pero sí que pienso que para ser voluntario o voluntaria es imprescindible ser una persona empática. Tener la capacidad de conectar con los demás es fundamental. Luego se puede trabajar y crecer. 

Las grandes tragedias hacen que las personas nos echemos a la calle a prestar nuestra ayuda ¿Son suficientes esas muestras? 

El voluntario tiene que estar en el día a día. En Valencia, por ejemplo, hemos visto a muchas personas ayudando, quitando barro, llevando alimentos, etcétera, pero no olvidemos que esta respuesta ha sido algo puntual. Lo verdaderamente interesante es que esa pequeña marea de empatía sea continua. 

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