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El poder mejora la relación política y personal entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Por virtud o por necesidad, la relación entre los líderes del PSOE y de Podemos entra una nueva fase tras cuatro años de desdenes, desconfianzas y animadversión recíprocos

Sánchez e Iglesias se reúnen para avanzar en la negociación presupuestaria

Sánchez e Iglesias se reúnen para avanzar en la negociación presupuestaria EFE

Hace cuatro años, y ambos en la oposición y compitiendo en parte por un mismo espacio ideológico y electoral, la relación personal entre los líderes del PSOE, Pedro Sánchez, y de Podemos, Pablo Iglesias, evolucionó de inexistente a muy mala. Desde hace casi cuatro meses, con el primero de presidente del Gobierno y el segundo como su principal aliado y apoyo parlamentario, aún no son amigos, pero casi lo parecen.

El jueves pasado lo parecieron especialmente. Afectuoso saludo a las puertas del Palacio de la Moncloa. Y en algo más de dos horas de reunión, un principio de acuerdo, que ya venía bastante madurado por sus equipos, por el que Sánchez mejora bastante sus perspectivas de estabilidad en el Gobierno y por el que Iglesias declara que su formación tiene voluntad de "cogobernar" con el PSOE.  "Es un buen comienzo. Hay 'feeling'", añadía el líder de Podemos. 

Otoño de 2014, hace apenas cuatro años. Tanto Sánchez -42 años entonces- como Iglesias -35- son líderes emergentes. Acaban de llegar a la primera fila de la política.

En julio, Sánchez se ha convertido en secretario general del PSOE tras imponerse con holgura a Eduardo Madina y a José Antonio Pérez Tapias en las primarias internas a las que se ha visto abocado el partido tras la caída de Alfredo Pérez Rubalcaba por el mal resultado cosechado por los socialistas en las elecciones europeas de mayo. En esas mismas urnas de mayo, Podemos, una formación fundada pocos meses antes y liderada por Iglesias, hasta entonces profesor universitario, asesor de segunda fila de IU y analista político en cadenas de televisión minoritarias, consigue un sorprendente 7,98% de los votos y cinco escaños.

El cronista entrevistó a ambos ese otoño. Desdén y recelo. Recelo y desdén. Ningún 'feeling'. En septiembre, Sánchez:

-¿Conoce personalmente a Pablo Iglesias?

-No.

-¿No ha hablado nunca con él?

-Alguna vez nos hemos cruzado en algún debate en alguna cadena de TV.

-¿No ha tenido la curiosidad de conocerlos mejor [a los dirigentes de Podemos] para ver si se hace una idea de que son un posible aliado u otro adversario?

-El Partido Socialista no está en mirar de reojo a unos y a otros. Estamos en construir nuestra alternativa…

En noviembre, Iglesias:

-¿Ya ha hablado directamente con Pedro Sánchez?

-Hemos intercambiado un par de whatsapps.

-¿Nada más?

-Nada más.

En mayo de 2015, pocos días antes de las elecciones autonómicas y municipales, nueva entrevista a Iglesias:

-¿Ya ha tenido algún contacto oficioso u oficial con la dirección del PSOE?

-No, solamente se ha producido una reunión informal entre un miembro de nuestra ejecutiva, Carolina Bescansa, y un miembro de la ejecutiva del PSOE, Patxi López, para establecer un canal continuo de comunicación.

-¿Cuándo fue eso?

-Hace como un mes y medio. Y desde entonces no ha habido más contactos digamos formales, contactos de ejecutiva.

Minutos después, en esa misma entrevista, Iglesias contaba que quien sí le había llamado, y varias veces, era Susana Díaz, la líder de los socialistas andaluces y ya indisimulada rival interna de Sánchez en el PSOE.

-Me parece paradójico que yo pueda hablar por teléfono con Susana Díaz y que no haya hablado nunca por teléfono con Pedro Sánchez- añadía Iglesias.

En diciembre de 2015, nuevas entrevistas a ambos, y preguntándoles ya directamente a cada uno su opinión sobre el otro. Los desdenes, recelos y desconfianzas mutuas se estaban casi convirtiendo en animadversión.

Sánchez:

-En su opinión, ¿qué es lo mejor y lo peor de Pablo Iglesias?

-Me parece que es un buen crítico que acepta mal la crítica.

Iglesias:

-En su opinión, ¿qué es lo mejor y lo peor de Pedro Sánchez?

-Lo peor es su escasa naturalidad. Creo que lo ha reconocido él. Y lo mejor es que es un hombre muy guapo.

El intento de investidura como presidente del Gobierno de Pedro Sánchez, ya en 2016, empeoró las cosas. Iglesias se hizo de rogar ya desde los primeros contactos. Contaba Sánchez:

-A Iglesias le estamos esperando. (…) ¿Por qué no hay cita todavía? Tendrá que preguntárselo a él. Yo lo único que puedo decir es que tienen la puerta abierta.

Podemos no entró por aquella puerta. Iglesias abrió otra con tantas peticiones al PSOE –la vicepresidencia del Gobierno, la mitad de los ministerios, RTVE, el BOE, el CIS, el CNI… que la relación entre ambos partidos y entre ambos líderes pasó de tensa y fría a agria y punzante.

Tras aquel punto de desencuentro máximo, dos años de novedades políticas a ritmo vertiginoso. Las nuevas elecciones de junio de 2016, con victoria más amplia que en 2015 del Partido Popular y sin sorpasso por parte de Podemos sobre el PSOE. El pacto de Ciudadanos con el PP en apoyo de Rajoy. El golpe de Estado interno contra Sánchez en el PSOE para acabar dándole la investidura a Rajoy. El intento fallido en Podemos de Íñigo Errejón por disputarle el liderazgo a Iglesias. La resurrección de Sánchez, que aplasta a Díaz en las nuevas primarias. El agravamiento del conflicto catalán, la aceleración del procés, el 1-0, la aplicación del 155, las elecciones catalanas, los fugados y los presos, Torra… El impacto de la corrupción en la estabilidad de Rajoy…

En febrero pasado, Iglesias enviaba recados a Sánchez para que intentara una moción de censura contra Rajoy y formara “un Gobierno que haga algunas cosas concretas muy sociales y que en un año convoque elecciones”. Sánchez, aún dolido por las tensiones y desencuentros de años atrás entre ellos y entre sus respectivas formaciones, rechazaba taxativo la propuesta. Creía que era una maniobra de Iglesias para “tomar oxígeno” tras los malos resultados de las confluencias de Podemos en las elecciones catalanas y el retroceso de la marca en las encuestas nacionales. "Cada cosa a su tiempo y de modo natural. Una moción de censura solo sería natural si estuviéramos ante una emergencia nacional o ante algo muy grave que paralice aún más la legislatura y acentúe la parálisis del Gobierno", comentaba Sánchez.

La “emergencia nacional” y la parálisis del Gobierno de Rajoy llegaron a finales de mayo, con la sentencia de Gürtel. El acercamiento personal entre Sánchez e Iglesias también llegó entonces. El líder de Podemos se empleó personalmente tanto como los dirigentes del PSOE para lograr que los partidos nacionalistas apoyaran la moción de censura a Rajoy y dieran la Presidencia del Gobierno a Sánchez. Los viejos reproches, desdenes y desplantes entre ambos dirigentes de la izquierda quedaban atrás. El asalto al poder, juntos, les había dado una nueva posibilidad de acercarse, un nuevo 'feeling'. Por virtud o por necesidad.

Uno y otro han intentado cultivarlo, incluso con gestos personales. El 12 de junio pasado, martes, Pedro Sánchez, ya presidente del Gobierno, se pasó sin previo aviso por el velatorio del padre de Irene Montero, número dos de Podemos y pareja de Iglesias, para darles sus condolencias. Desde primeros de julio, tras el nacimiento de los hijos de Iglesias y Montero, prematuros con sólo 26 semanas de gestación, Sánchez ha sido uno de los políticos que más se ha interesado por el estado de los bebés. La reciente paternidad, y el cuidado de los bebés, le ha dado a Pablo Iglesias un nuevo tono mas amable en su relación con el resto de los políticos, no sólo con Sánchez.

“Sí, han ganado confianza también personal”, comentan en el entorno de Sánchez. “La relación es buena”, dicen desde el entorno de Iglesias. Ambos dirigentes se tienen ahora un respeto que hace pocos meses no se tenían.

¿Estamos ante una tregua de matrimonio de conveniencia que volverá a ser competencia política feroz entre sus partidos y tensa relación personal entre ambos tan pronto como el Gobierno agote su tiempo y se convoquen elecciones generales? Pudiera ser, pero probablemente sin volver a las asperezas del pasado ya que ambos saben que se pueden volver a necesitar.

¿Es este el comienzo de una larga amistad que desemboque en una alianza permanente o incluso en una coalición electoral entre PSOE y Podemos? Para las generales, altamente improbable. Para algunos ayuntamientos o comunidades autónomas –o incluso para el Senado en alguna circunscripción electoral, posible, pero todavía poco probable.

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