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El 'wait and see' de Pedro Sánchez llega a su fin

El presidente en funciones, que ha ralentizado el proceso de su investidura hasta ver los pactos municipales y autonómicos, apuesta por no deberles nada a los independentistas, ni una abstención, y por gobernar en solitario, sin Unidas Podemos dentro del Ejecutivo

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Pedro Sánchez confirma que ha hablado con Pablo Iglesias, como con otros líderes, pero insiste en que es tiempo de Rajoy

Pedro Sánchez con Pablo Iglesias en una foto de archivo.

Quizás fue durante la misma noche electoral de las generales, el pasado 28 de abril, cuando el presidente Pedro Sánchez optó por el 'wait and see'. Esperar y ver. Esperar qué hacían los demás y ver después qué hacer él. Esperar a que las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo dibujaran el mapa definitivo, para los próximos cuatro años, y las expectativas de cada partido, ver después cómo se movía cada cual en las estrategias para pactar alcaldías y presidencias y gobiernos autonómicos y decidir más tarde cómo afrontar la negociación de su propia investidura como presidente.

El 'wait and see' ha durado hasta este lunes. Ahora, Pedro Sánchez ya ha visto todo lo que tenía que ver y va a pasar a la acción. Así lo han entendido al menos los asistentes a la Comisión Ejecutiva Federal del partido, en la mañana de este lunes.

La del 'wait and see' es, en el mundo empresarial, la práctica de gestión de los prudentes. A veces, también de los que dudan, de los indecisos, de los inseguros. En ocasiones, la de los cobardes. En ese ámbito, suele ser lo contrario al 'fortuna audaces iuvat' que decían los romanos. Lo contrario a las prácticas de los ejecutivos agresivos que tiene una intuición y una determinación y la ponen en marcha de inmediato aun a sabiendas de que corren graves riesgos. Sánchez a veces es audaz e incluso temerario —en la moción de censura, hace un año, por ejemplo, y le salió bien contra casi todos los pronósticos— y a veces es paciente, o prudente, o indeciso. Cobarde no parece, al menos hasta ahora.

El largo 'wait and see' —de mes y medio— de Sánchez se ha sustanciado en no tener prisa para lo suyo, para su investidura, incluso en darle largas a los procedimientos, y en esperar a ver cómo evolucionaban todos los demás, cómo maduraba cada uno en en su propia salsa: 

Ciudadanos, en la de sus dilemas internos sobre si seguía Albert Rivera con su 'mision' y 'vision' (sin tildes) de intentar ser el partido hegemónico de la derecha o si por el contrario desandaba el camino de estos últimos tres años —los que han pasado desde que Rivera pactó con Sánchez para el primer intento de investidura de este— y volvía a jugar a ser bisagra y a crecer dando y quitando gobiernos a izquierda y derecha desde el centro. Ya ha visto Sánchez que Rivera sigue en lo primero, en pactar solo con el PP pese al doble peligro que ello tiene —uno, chamuscarse con Vox en algunos de esos pactos; y dos, salvar la vida y fortalecer a su competencia, el PP más débil de la historia, al que quiere sustituir—, quizás con alguna excepción de los naranjas para pactar con el PSOE en sitios como Castilla y León o Aragón.

Unidas Podemos, en la salsa de la crisis y las disensiones internas tras los paupérrimos resultados electorales recientes, sobre todo el 26M, crisis a la que Pablo Iglesias ha puesto algún freno, por ahora, entregando la cabeza de su número tres, Pablo Echenique.

El PP, en la salsa de las críticas internas de algunos barones territoriales a Pablo Casado por su anunciado y no emprendido viaje al centro, en la del ruido interno desatado por los que abogan por abstenerse con Sánchez —Esperanza Aguirre, Isabel Díaz Ayuso...—, en la de los que, por ahora en privado, se escandalizan con el exceso de roce y cariño con Vox, en la de los escándalos de corrupción, nuevos —las primarias en Castilla y León— o de nuevo en los medios porque llegan a juicio —la destrucción de los discos duros de Bárcenas—.

Los independentistas, en la salsa interna de la fraterna y feroz pugna entre ERC y Junts pel Cat por el hegemonía de su ámbito.

Tras tanto esperar y ver, Sánchez ha llegado a sus propias conclusiones.

Una, que pese a que es muy improbable que PP o Ciudadanos le faciliten la investidura, les va a pedir la abstención hasta el momento mismo de la votación en el Congreso.

Dos, que no quiere depender en absoluto de los independentistas, a los que no ve bajando del monte hasta al menos pasada y digerida la sentencia del procés y celebradas unas hipotéticas elecciones catalanas este otoño/inverno que resuelvan la hegemonía, razón por la que no les va a pedir ni siquiera la abstención en la investidura.

Y tres, que receloso de nuevo con Unidas Podemos (UP) —especialmente por su desempeño en el conflicto catalán y en los primeros pasos de la Mesa del Congreso—, les va a ofrecer un pacto de legislatura en el Congreso y algunos puestos institucionales relevantes, pero ningún asiento en el Consejo de Ministros. ¿Y si Pablo Iglesias no acepta y fuerza nuevas elecciones? "No lo hará —contesta una persona muy cercana al presidente—. Iglesias sabe que Errejón presentaría listas en casi toda España y dejaría a UP aún mucho más débil y dividido, como ha ocurrido en las autonómicas en Madrid".

Así las cosas, en el PSOE ya empieza a haber quinielas sobre los ministros, los actuales y los futuros. De los actuales, se especula con que al menos dos o tres pueden salir —por recambio o porque sean llamados a tareas europeas—, algún otro cambiaría de cartera, uno, salir reforzado con nuevas competencias y tareas... De los del futuro, que se mantendrá el balance actual de mujeres/hombres en el Ejecutivo, que habrá algún fichaje tan sorprendente como los de hace un año, que puede haber algún hueco para líderes territoriales que han tenido buen resultado el 26M, pero que no van a gobernar por el pacto de perdedores de las derechas...

Son las primeras conjeturas. Aún le queda mucho 'wait and see' a Sánchez en esa materia. En su entorno piensan que no habrá investidura ni nuevo Gobierno al menos hasta la segunda o la tercera semana de julio.

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