(Impresionado, como todos, por la tragedia de Córdoba. Groenlandia, Ucrania, Venezuela o Davos, y al final Adamuz. Así es este atrabiliario mundo en el que vivimos).
“Estados Unidos necesita Groenlandia (…) debe estar en nuestras manos”, ha dicho Donald Trump, para a continuación advertir al mundo mundial que “cualquier cosa menos que eso es inaceptable”. Esto es, exigen ser los dueños de aquel inmenso congelador, más de dos millones de kilómetros cuadrados de hielo (España tiene 500.000), 57.000 habitantes, once grados bajo cero de temperatura media, pero con un subsuelo riquísimo en materias primas y con una posición estratégica envidiable, hoy territorio danés y Dinamarca es tan europea como Chinchón, pongamos un ejemplo, rico anís. Bien. Aceptemos el envite de esta nueva teoría sobre la conducta de las naciones, que literalmente, sin interpretaciones ni deformaciones, se traduce fielmente por “cojo lo que necesito precisamente porque lo necesito, y como lo necesito me adueño de ello”. La verdad es que la pretensión de Trump, el depredador, no se aleja mucho de las razones de Putin para invadir Ucrania o de Saddam Hussein para entrar a saco en Kuwait. Ellos sí, gentuza.
Pero sigamos con esta sugerente teoría de cojo lo que necesito. Porque si se instala en las relaciones entre países esa manera de actuar -con millones y millones de habitantes y riquezas gigantescas- ya dirán ustedes por qué los seres humanos, de uno en uno, no pueden seguir la misma lógica que ven ejecutar a sus poderosos gobernantes. Las consecuencias son obvias: matrimonio con dos hijos y una abuela, sin casa y sin poder pagar ni hipoteca ni alquiler. Vean a Trump: necesito una casa, patada a la puerta y aquí me quedo. El okupa de toda la vida. ¿Necesito una lavadora y no tengo dinero? Pedrada al escaparate y a la furgo. ¿Quizá necesites un bocadillo, horas sin comer? Qué te vamos a contar, entra en el bar de la esquina y llévate del mostrador ese bocata de tortilla de patatas con pimientos, que además no tiene cebolla, como a ti te gusta. Ya, perdonen la broma, mera banalización de algo tan grave como el nuevo colonialismo yanqui, ese monstruo naranja que bombardea países, asesina a personas inocentes fuera y dentro de su país y que amenaza con voltear la vida de millones de habitantes del planeta porque su Estados Unidos necesita ser más grande, más poderoso que nadie en el mundo. Pisando a los más débiles que ellos, claro, y en connivencia con el resto de los gánsteres del mundo, tal que Vladímir Putin o tratando de esquivar el contraataque de China.
Esta ley de la jungla, tan evidente y sencilla de entender, estos ejemplos de abuso del matón del barrio quizá deberían servir, al menos en otras latitudes que no sean las yanquis, para que se vea con suficiente claridad el salvajismo al que conduce un comportamiento tan bestial. ¿Qué lleva a Santiago Abascal a deshacerse en elogios de este burdo patán ignorante? ¿Por qué Feijóo o Díaz Ayuso, apártate de mí, satanás, son incapaces de condenar que el presidente de un país ordene a su ejército que mate a quien haga falta para secuestrar al presidente de otro país, para así poder quedarse con todas sus riquezas naturales, incluido el petróleo? ¿Pero estos señores y señoras, así como sus seguidores fanáticos no eran partidarios de una sociedad basada en un orden estricto y riguroso, donde el respeto a la tradición y a las buenas costumbres debía regir las relaciones humanas? “¡Orden, orden!”, gritaba John Bercow, aquel furioso presidente de la Cámara de los Comunes del Reino Unido, cuando sus distinguidas señorías se transformaban en rústicos cocheros, tal que si estuvieran en una sesión del Congreso español a la que asistiera Miguel Tellado. Armonía, equilibrio, método, sistema, regla… Todo eso es lo que ha defendido la derecha conservadora de siempre. O sea, orden. Ya. ¿No será, entonces, que ese discurso era puro encubrimiento y lo que de verdad defienden es que el poderoso tiene derecho a todo y a los de abajo les toca aguantarse? ¿Ése es el orden que ellos quieren, el del miedo a los azotazos del amo? Permitan al Ojo: o son unos necios, que nada quieren entender de lo que tienen delante, día sí y otro también, o son unos mentirosos o, quizá, es que son tan salvajes como esos dioses a los que ellos adoran.
Hay hechos que desnudan a una persona y los espectadores del espectáculo deberían tomar nota de la calaña de quien frente a sus ojos comete tales desmanes y, en respuesta, obrar en consecuencia. ¿Quieren hacerme creer que Cayetana Álvarez de Toledo, señora leída y formada en caros colegios, después de contemplar la humillación de Corina Machado regalando la medalla del Nobel de la Paz a Donald Trump, el feroz, puede creer que tan infame señora debe seguir siendo la lideresa de algo que no sea la de la basura ideológica, la de la inmoralidad, la degradación, la deshonra? Hay que tener muy bajo el nivel de estima para no sentir cómo una bajeza de ese calibre define a todo un movimiento político. Nadie así podrá salir nunca del pozo de la ignominia. Jamás. Pues ahí está el PP, todavía ensalzando a la sierva masoquista del señor Trump. Píseme un poco más, que me ha dolido poco. Recuerdo también para Delcy Rodríguez, revolucionaria promiscua, que lo mismo sirve fielmente a Maduro, el bolivariano, que al delincuente que ha secuestrado a su presidente y asesinado a unos cuantos de sus compatriotas. Las serpientes pitones gigantes de Bali son capaces de tragarse una vaca entera. Delcy las gana.
Por eso, ya lo mencionamos la semana pasada, llama tanto la atención que políticos que hace tiempo que cambiaron los dientes de leche se empeñen en regañar a Pedro Sánchez -sectario, cesarista- por no querer pactar con el muy dialogante Alberto Núñez Feijóo, tiéndeme la mano que te la corto con la cizalla. No han entendido nada. La táctica de la derecha, lo decíamos al comienzo, es la misma que la de Trump, patada al tablero que en este ajedrez de 64 casillas nos cuesta horrores ganar. Mejor las tinieblas y el caos. ¿Acuerdos? Ni uno, hombre, ni nada que se le parezca. ¿Financiación autonómica, incluso con más dinero para las Comunidades del PP? Tampoco, métase usted la propuesta por donde le quepa, que aunque aporte 21.000 millones a las arcas autonómicas, es solo el capricho de una ministra socialista para jodernos, como ha dicho elegantemente Jorge Azcón, ese señor tan educado que preside Aragón. ¡Ah!, ¿que resulta que eso es lo que beneficia a Vox, que ya me come las canillas tras haberse tragado los calcetines y amenazarme los slips de Calvin Klein? ¿Que tengo tan poca cabeza como para echarme de hoz y coz en brazos de Abascal cuando debería, así al menos lo indicaría el sentido común y una estrategia política inteligente, empujarle hasta el precipicio a ver si se despeñaba?
Porque, ay, amigos, ahora corre por ahí la vaina de que las políticas del PSOE son las que engordan a Vox. Tiene bemoles la cosa. Es el PP quien pacta con Abascal, quien le abre las puertas del salón de par en par, incluido ese canto persistente a la polarización y el extremismo, pase usted con sus políticas retrógradas y xenófobas, y es Sánchez el culpable. No saben quienes así vociferan, además, por qué se produce tal fenómeno. Unos afirman que el Gobierno no ha hecho los deberes de reparto social y de atención a los más desfavorecidos, los jóvenes, por ejemplo, lo que ha hecho crecer la demagogia de Vox, refugio de los humildes, mientras desde el otro lado se insiste en que la población está harta de políticas bolivarianas y de extrema izquierda que ha dejado en la cuneta, desfavorecida, a esa clase media que lo está pasando francamente mal para llegar a fin de mes. Pero claro, sorber y soplar al mismo tiempo no puede ser. O sea, que o tiene razón la derechona de toda la vida o es Podemos quien está en lo cierto. Los dos, no.
El Ojo, ustedes ya lo saben, está harto de tanto amaneramiento de la izquierda muy izquierda y tanta mentira de la derecha muy derecha. Vemos, con cierto cansancio, pero no por ello sin esperanza, cómo el ámbito de más allá del PSOE se prepara para un nuevo combate de boxeo que termine en un acuerdo de cara a las próximas elecciones. Ojalá sea un éxito. Pero empieza cojo, que Podemos se ha quedado en la grada, esperando el final de la contienda. Mal presagio. En las elecciones andaluzas de junio, más de seis millones de posibles electores, los votantes de izquierda muy de izquierda tendrán que optar entre tres candidaturas, si alguien no lo remedia: Sumar (o como quieran llamarse por entonces), Podemos y Adelante Andalucía. Un lujo. Es el PSOE, insisten, el que echa a los votantes al capacho de Vox. De modo que visto lo visto, aquí vamos a decir lo mismo que escribimos una y otra semana, que dado que nadie nos hace caso, para qué vamos a cambiar. Por parte de los socialistas, pie firme, evitar las chapuzas, sobre todo en temas clave como la vivienda, y no proponer una ridícula bonificación cuando lo que hay que hacer, y aquí lo venimos repitiendo desde hace tiempo, es dinamitar ese ministerio y echar mano de un peso pesado de la política en su dirección para que los ciudadanos entiendan, de verdad, que el Gobierno se toma este tema muy en serio. Deben engrasar mejor la coalición y habrá que recordarles que todavía queda un año para luchar a brazo partido para recuperar el saco de la abstención. Amarrar a los suyos y volver a seducir a los indecisos. Y a la izquierda del PSOE, agruparse en la lucha común, que si ahora no nos asusta que nos gobiernen los émulos de Trump, los más salvajes reaccionarios de las últimas décadas, ya me dirán cuándo será el momento de acabar con los rencores del pasado.
Chiste para los negociadores de la izquierda: Hoy hace seis años, cuatro meses, veintiún días y ocho horas que me llamaste rencoroso. Y no lo soy.
Adenda. Aquí nos tienen, a los de Paco Ibáñez y The Rolling Stones venga a hablar de Julio Iglesias. Hasta Gwendoline canturreamos, que ya tiene mérito. ¡Qué buena investigación la de este diario! Tengo la impresión de que solo los profesionales de los medios de comunicación sabemos de qué intensidad es el hormiguillo en la columna vertebral que nos produce una exclusiva. Y muy pocas veces, creo que en menos de cinco ocasiones en casi sesenta años de vida profesional, he colaborado en una redacción en la que se ha publicado una exclusiva mundial. ¿Saben ustedes lo que significa eso? ¿Y saben lo seguro que hay que estar de la veracidad de esa información, que como bien nos explicaba Ignacio Escolar, pone en peligro tu credibilidad, tu profesionalidad, lo único que permitirá tu supervivencia? Tan grande es la exclusiva, a pesar de la miseria del personaje, mucho poder sin nada en la mochila, que con su publicación hemos podido observar cómo han corrido a agruparse en el mismo aprisco los más estólidos y reaccionarios del lugar.
Que cada palo aguante su vela y cada infame abusador encuentre su castigo.
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