El escándalo de escandalizarse
Nos escandalizamos por nada. Tanto, que escenificamos el escándalo hasta convertirlo en un escándalo en sí mismo. Ahora, la mitad de las barras de los bares andan escandalizadas y sufren de una inflación de honestidad ante el 'terrible' caso de corrupción que afecta al Gobierno Nacional y al Partido Socialista. Antes, las barras vivieron agitadas el escándalo local en Obras Públicas; en algunos municipios los bares arden ante la alcaldesa que se compra una costosa insignia o ante aquella otra que distribuía favores cutres entre familiares arrimados.
Un escándalo, verdaderamente. Pero creo que orientamos mal nuestra indignación. Es decir, nos quedamos con la última ola que llega a nuestras costas y nos olvidamos de las mareas de fondo y de las corrientes submarinas que determinan clima y oleajes.
Ahí va: la estructura de nuestra sociedad es corrupta —¡Ya pueden escandalizarse conmigo!—. Aquí el que no 'aprovecha' su oportunidad es el tonto del bote. Y lo es porque, históricamente, esa ha sido la lógica que ha construido nuestra idea de convivencia. No digo que en otros países, en otras comunidades autónomas, sea diferente, pero me toca escribir sobre lo que vivo-sufro-alimento cotidianamente.
Tenemos facilidad para escandalizarnos con el escándalo ajeno y una amplia permisividad para el propio. Y eso es así porque España es una sociedad rentista desde que se topó con un imperio —tremendo escándalo— justo después de expulsar a su burguesía naciente —es decir, los españoles judíos— y mientras expulsaba de forma sostenida hasta 1609 a su clase más trabajadora y especializada —los españoles árabes y los españoles moriscos—. Así que vivir de las rentas comporta un alto componente de 'inteligencia' para aprovechar contactos, amistades o influencias para vivir trabajando nada o poco y para medrar en la Corte.
Esa 'tradición' que parece muy lejana —y es verdad, el siglo XVI es lejísimos— la recuperó el nacionalcatolicismo del franquismo. Mientras los meapilas y Pilar Primo de Rivera enderezaban la moral de un pueblo desnortado que creyó en la igualdad y en la democracia, Franco reprodujo en El Pardo la lógica monárquica y mientras cazaba o pescaba repartía prebendas, 'ayudaba' a 'emprendedores' del humo, y alimentaba una camarilla corrupta para que todos quisieran estar cerca de este 'regente' autonombrado.
Como digo, no tenemos la exclusiva. Lo mismo hizo Hugo Chávez tras sufrir —y superar— un golpe de Estado: generó una pequeña aristocracia civil y militar tremendamente corrupta para poder sostenerse en el poder sin tanto sobresalto.
Pero nosotros nos indignamos mal. Insisto, apuntamos mal. Los espejos se rompieron hace tiempo para que no nos devuelvan nuestra imagen preñada de pequeñas corruptelas cotidianas: aprovecharnos de un contacto en Valdecilla para saltarnos la cola, lograr una baja laboral cuando no estamos enfermos de verdad, aceptar una costosa invitación a comer por parte de alguien que quiere vender algo al pequeño ayuntamiento o a la empresa en la que trabajamos, aprovechar una amistad para lograr una plaza en un curso antes de que se abran sus inscripciones, recibir regalos de Navidad de fuentes privadas por hacer un trabajo por el que ya nos pagan… qué sé yo. De ahí a pedir comisión por una obra pública a mí me parece que no hay abismo alguno.
Yo me escandalizo con el escándalo; y con la desaparición de la presunción de inocencia de la narrativa pública; y con los diferentes raseros de los jueves dependiendo del carnet político del pájaro 'robador'; y con la ligereza con la que olvidamos Filesa, los GAL, la trama Gürtel, los aeropuertos fantasmas, o las operaciones con nombre de cocina; y con nuestra falta de fiscalización del dinero público; y con los corruptores —empresarios— con los que luego compartimos mesa en restaurantes o banco en la iglesia sin recriminarles nada; y con la publicidad gratuita a las bodas de los que se aprovechan de la estructura corrupta; y…. En fin, que me escandalizo con nada… Como ustedes.
Sobre este blog
Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
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