Un dibujo “bastante malo” hallado en Cuenca destapa la prueba más antigua del uso del estribo en Occidente
Imagina que hoy, al salir a la calle, descubres circulando un coche volador. ¿Qué harías? Seguramente, tras reponerte de la sorpresa, sacarías de tu bolsillo el teléfono móvil para hacer una foto o un vídeo y compartir la inesperada novedad con tu familia y amigos, o en redes sociales.
Pues eso fue lo que le sucedió, salvando las distancias y la técnica, a uno de los moradores hace siglos del poblado de lo que hoy es el yacimiento del Cerro de la Muela, ubicado en la población conquense de Carrascosa del Campo.
En aquel lugar, en algún momento entre finales del siglo IV d.C. y principios del siglo V d.C., una persona cogió un pequeño ladrillo fresco y, antes de hornearlo, grabó en una de sus caras una situación que vio y que para ella era algo inédito: un jinete a lomos de su caballo… con los pies apoyados en estribos.
Este ladrillo es algo “revolucionario”, porque se trata del registro documental más antiguo de uso del estribo del que se tiene constancia hasta el momento en Occidente, tal y como explica Dionisio Urbina Martínez, doctor en Historia Antigua y codirector del yacimiento conocido popularmente como El Pulpón.
El uso de estribo más antiguo del que hay registros en Occidente
Encontrado en una campaña arqueológica en 2018 y publicado su estudio en 2025, Urbina explica que en el grabado, a pesar de que es un dibujo “bastante malo”, se puede identificar un caballo de morro muy alargado –“habitual para representar en la época a equinos u otros animales como ciervos”- con coraza y su jinete. Una imagen típica de una unidad militar romana conocida como catafracto, muy habitual al final del Imperio Romano, en el siglo IV de nuestra era.
En un momento en el que empiezan a llegar los primeros invasores de fuera de la península, una persona intenta explicar a otra ese tipo de nuevo caballería que ha visto y que le ha llamado muchísimo la atención
Por ello, el arqueólogo asegura que, como muy tarde, se puede situar el grabado a principios del siglo V. “En un momento en el que empiezan a llegar los primeros invasores de fuera de la península, una persona intenta explicar a otra ese tipo de nuevo caballería que ha visto y que le ha llamado muchísimo la atención”, añade Urbina.
Y es entonces cuando el ‘grabador’ realiza un dibujo “muy simple”, realizado mediante punzón sobre el mencionado ladrillo, pero poniendo el énfasis en un trazo curvo al final del pie del jinete. “Y eso solo puede ser un estribo”, concluye el arqueólogo.
Dada la ausencia de menciones literarias o representaciones iconográficas a este tipo de soporte en la caballería en Occidente hasta el siglo VII, este hallazgo demostraría que la fecha de adopción del estribo en Europa fue más de un siglo anterior a lo que se pensaba hasta este momento.
Un elemento clave para el desarrollo de la caballería pesada militar
La novedad que atestigua este grabado no es baladí. Los estribos no son un elemento más en la monta de los caballos: se considera que fue el elemento que posibilitó el desarrollo de la caballería pesada militar, ya que, gracias a la sustentación que ofrecía a los jinetes, les permitía realizar cargas de caballería en la batalla reduciendo el riesgo de ser descabalgados.
“En China se conoce el estribo desde los principios del siglo I, novedad que se extendería a través de la ruta de la seda. Todos estos pueblos que están en la zona de Irán, el territorio de conexión con el imperio bizantino, lo usan desde hace mucho tiempo”, explica Jorge Morín, doctor en Prehistoria y Arqueología. Él también es autor, junto a Dionisio Urbina y Rafael Barroso, del artículo científico que da cuenta del hallazgo y la interpretación de este grabado, el cual ha sido publicado en la revista Arqueología y Prehistoria del Interior Peninsular (ARPI) de la Universidad de Alcalá y en la Revista Europea de Arqueologías Postclásicas.
El arqueólogo habla de la batalla de Adrianópolis (año 378 d.C., en la actual Turquía), en la que lucharon fuerzas visigodas contra el Imperio romano de Oriente, como uno de los primeros enfrentamientos en los que el uso del estribo fue decisivo. En la contienda, los jinetes del pueblo germánico contaban con estos soportes para sus pies, lo que les permitió realizar una exitosa carga de caballería contra sus enemigos, “que es la que rompe las filas rivales y les permite ganar la batalla”, afirma Morín.
Sin embargo, la expansión por Europa occidental y su llegada a la península ibérica es algo más tardía. “Cuando al inicio del siglo V entran en la península ibérica tres grupos bárbaros germánicos, los suevos, los alanos y los vándalos, ya vienen con los estribos”, detalla Morín.
Cuando al inicio del siglo V entran en la península ibérica tres grupos bárbaros germánicos, los suevos, los alanos y los vándalos, ya vienen con los estribos
Los suevos se situaron en la zona de la actual Galicia, los vándalos llegaron al norte de África, mientras que, en la zona central de la antigua Hispania, en la que se encuentra el yacimiento de El Pulpón, se ubicaron los alanos.
“Los alanos son un contingente asiático, no son germanos, y llevaban siendo la caballería pesada del Imperio Romano desde hace muchísimo tiempo”, señala Morín, que presupone que a ese grupo pertenecería el jinete con estribos que dejó sorprendido al ‘dibujante’ de El Pulpón.
¿Qué función cumplía El Pulpón?
Más allá del grabado del estribo, las labores de excavación en este yacimiento continúan desarrollándose. Dionisio Urbina, que lleva trabajando en este lugar desde el año 2014 explica que se trata de un antiguo enclave romano en el que destaca un edificio militar “de dimensiones colosales, 7.000 metros cuadrados de extensión”, que data del siglo I d.C. y que, junto a un pequeño poblado anexo, se ocupó durante cuatro siglos.
Sin embargo, el arqueólogo no cree que se repita la casualidad de dar con un hallazgo tan relevante como el grabado del estribo.
Actualmente, la investigación se centra en saber qué función tenía el yacimiento en su época. Y los trabajos están a punto de dar sus frutos: Urbina anticipa que se encuentran preparando una publicación, que verá la luz el año que viene, en la que dan cuenta de que el uso estaría relacionado con las cercanas minas romanas de lapis specularis.
“Habría cien o doscientos soldados romanos que servían para ejercer control. Su presencia, sencillamente, intimidaba”, explica Urbina, que añade que gracias a que el Imperio Romano tenía “el mejor conjunto de técnicos, sobre todo de arquitectos e ingenieros”, su presencia también estaría muy solicitada en las minas.
0