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Palabras Clave es el espacio de opinión, análisis y reflexión de eldiario.es Castilla-La Mancha, un punto de encuentro y participación colectiva.

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Los límites de las discrepancias

La presidenta del Gobierno madrileño, Isabel Díaz Ayuso, y la ministra de Sanidad, Mónica García

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Las discrepancias son consustanciales con la naturaleza humana. Representan las visiones diferentes que cada individuo tiene de una misma cosa o de un mismo fenómeno. Esa diversidad puede resultar una algarabía o una forma de contrastar opiniones para buscar situaciones de síntesis. En el caso de la confrontación constructiva pueden obtenerse grandes beneficios. La confrontación controlada reproduce el viejo esquema hegeliano de tesis- antítesis – síntesis.

Lo cual implica un proceso en progreso, un avance superador de opiniones encontradas, base de la convivencia. Por lo que las discrepancias deben ser estimuladas y protegidas para poder alumbrar nuevas construcciones de la realidad.

En los sistemas totalitarios las discrepancias son imposibles. La señora Ayuso no podría haber asistido a una reunión, salirse cuando no le gusta lo que escucha y volver al lugar que ha abandonado por sus discrepancias con el uso de lenguas nativas diferentes a las suyas. El poder autocrático o totalitario no acepta nada más que lo que él dice o hace y al discrepante se le persigue, se le aísla, se le encierra, hasta se le asesina.

Habitualmente la represión de las discrepancias suele arremeter contra aquellos focos de libertad como son las Universidades o la Cultura. Un ejemplo paradigmático en estos momentos en los Estados Unidos lo representa Trump contra Harvard. La Cultura y el pensamiento se vuelven peligrosos.

Cuando se pertenece a una organización, pongamos política, las discrepancias son útiles para construir discursos colectivos. Pero en todos los casos las discrepancias tienen un límite, unas fronteras finas que, si se traspasan, se convierten en otra cosa. El caso más sobresaliente de este traspaso de fronteras lo representa el presidente de la Comunidad Autónoma de Castilla-la Mancha. Bajo el paraguas de la discrepancia con las políticas del gobierno y del partido al que pertenece, el citado se adhiere reiteradamente a las tácticas y estrategias de la Oposición que, en el caso de España, no presenta ni una sola idea constructiva. Solo tiene una meta, una misión casi sagrada, desalojar del gobierno al actual presidente. Nada de programas, nada de proyectos alternativos, solo una campaña continuada, feroz de destrucción del adversario, focalizado en el nombre de Sánchez. De entre las múltiples discrepancias existentes, se eligen la que organiza la Oposición, no otras posibles.

Y ahí es donde se traspasan las fronteras de la discrepancia para situarse en otro plano. Si yo o usted, insinuamos (la peor modalidad de las acusaciones), que la dirección de la organización de la que formamos parte, está inmersa en una serie de escándalos hipotéticos cuestionamos, sin ninguna prueba, a los implicados. Si usted o yo nos alineamos contumazmente con las tesis del adversario no estamos discrepando, sino situándonos del lado de parte.

Si yo o usted coincidimos con los discursos de la Oposición, que pide adelanto electoral, no es discrepancia, es alineamiento con una posición concreta. Pedir elecciones supone aceptar las tesis inventada por la derecha de un país en crisis, de un gobierno corroído por la corrupción, y de un presidente a la deriva. Ninguno de estos escenarios se ajusta la realidad. Pedir, en coincidencia con la derecha, convocatoria de elecciones ¿no es una traición a la organización?

En estos momentos reina la confusión. Una confusión recreada en los medios de comunicación, sobre todo, de Madrid. Ante la brutal ofensiva de la derecha el ciudadano se desorienta. Sin embargo siempre aparecen analistas, como el prestigioso politólogo Víctor Aldama que, en un programa de Iker Jiménez, ha propuesto, un gobierno de concentración o un nuevo partido formado por la señora Ayuso, el señor Abascal y el señor Page. Lo ha clavado el tío, no existe mejor imagen para retratar a algunos personajes de la política actual.

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