"Pido la colaboración de la ciudadanía para tender puentes entre dos bloques que nos están llevando a la ruina"

Joan Coscubiela, este miércoles, en la toledana plaza de Zocodover

Joan Coscubiela Conesa (Barcelona, 1954) ha pasado por Toledo para pedir la “colaboración” de la ciudadanía castellano-manchega para "ayudar a hacer comprender" que el conflicto que se vive en Catalunya con dos bloques polarizados es un camino sin salida.

El que fuera secretario de CCOO en Catalunya y diputado tanto en el Congreso (Iniciativa per Catalunya-Verds) como en el Parlament catalán (Catalunya Si que Es Pot) trabaja con la hipótesis de que desde la “equidistancia” se pueden tender puentes y superar una situación que, reconoce, dejará “profundas heridas” durante décadas. La excusa ha sido la presentación de su libro: ‘Empantanados. Una alternativa federal al sóviet carlista’ (Ediciones Península, 2018) para reivindicar otras opciones y dejar constancia de que lo que ocurre en Catalunya es “la expresión local de una crisis más global de la política y de la democracia”.

Dice que faltan líderes con proyecto de Estado en una España de las Autonomías en la que es imposible “uniformizar la diversidad” y pide repensar el modelo para evitar más fronteras (las que traería consigo la República de Catalunya a la que aspira el independentismo) y también para obstaculizar las opciones de “dar más oportunidades de ‘dumping’ laboral, de seguridad social y fiscal al capital”.

No sé si cuando escribió el libro, a finales del pasado año, pensó en que la situación en Catalunya podría estar aún más ‘empantanada’

Me lo temía. Por eso escogimos el título ‘Empantanados’. Dudé mucho y tenía miedo de que en el momento de publicarse el libro, la vida me hubiera desmentido. Desgraciadamente no solo no ha sido así sino que la situación ha empeorado y, en términos sociales, es dramática.

Siete semanas y media para escribir un libro para el que ha reconocido que tuvo que practicar la autocensura ¿Fue un libro escrito en caliente?

No, no no…No se podía escribir en caliente. Fueron semanas muy intensas pero muy reflexivas. Y la autocensura fue sobre todo quitar anécdotas que se podían comer el contenido político que para mí era lo importante.

En su opinión, ¿los catalanes y en general los españoles vivimos más en ‘estado de excepción’ o de decepción con lo que está ocurriendo?

Vivimos un momento de banalización del lenguaje porque quien haya vivido en un Estado de Excepción sabe que hoy no lo hay. Pero sí se vive una situación de decepción. En Catalunya, clarísimamente, en el ámbito de movimiento independentista y también de cierta perplejidad que creo que se comparte con muchos ciudadanos de los países europeos que ven impotencia de la política y de la democracia para abordar los retos que genera la globalización. Levantar la mirada es ver que lo que ocurre en Catalunya es la expresión local de una crisis más global de la política y de la democracia.

¿Y a quién se le ha ido más de las manos todo esto?

Pongo una metáfora para hablar de la ‘Conjura de los irresponsables’. Del irresponsable Rajoy y de los irresponsables del movimiento independentista. Se parece mucho a las nevadas que hemos tenido este invierno, que se producen cuando confluyen viento húmedo de Levante y esa ola de frío siberiana. ¿Cuál es más importante? Las dos. Sin ellas no se producen nevadas.

Esa metáfora me sirve para explicar el desastre de esta conjura de los irresponsables. Rajoy aprovechó el conflicto de Catalunya para pescar votos en España, se negó a adoptar decisiones o a aceptar las que le proponíamos nosotros y al final ha optado por la judicialización de un conflicto político.

Y es sin duda una irresponsabilidad que los independentistas hayan utilizado el independentismo, que es una acción legítima y que cabe en la Constitución, para manipularlo políticamente. Es lo que yo llamo procesismo. Se ha convertido una ilusión en una ficción. Es unilateralismo o independentismo exprés, 'low-cost', fácil y rápido.

La postura de Rajoy es conocida pero ponga un calificativo al papel que juegan Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera

Los dos fenómenos más novedosos, en positivo, en relación al conflicto de Catalunya son los intentos de Podemos e IU de plantear la defensa de la plurinacionalidad y las dificultades de defenderlo ante la opinión pública española que está tremendamente condicionada por la opinión publicada, por los ‘hooligans’, en este caso de la caverna mediática Brunete (medios de comunicación afines al PP, según describe en el libro) porque la caverna mediática Ítaca es muy complicada (en este caso alude a medios públicos y privados catalanes).

En negativo, Ciudadanos que era el partido que supuestamente venía a llenar el espacio del centro-liberal, resulta que ha optado por morderle el electorado al PP, adoptando una posición de fuerte autoritarismo, de cavar más trincheras aún, de estar permanentemente incentivando y provocando reacciones más duras…A la competencia que siempre ha habido entre Convergència y Esquerra dentro del mundo independentista se suma ahora la de PP y Ciudadanos por el mismo espacio político. Es la tormenta perfecta de los irresponsables.

No me dicho nada de Pedro Sánchez…

A lo mejor en el olvido está la respuesta.

“Hay una crisis muy grave del Estado de las Autonomías y nadie capaz de liderar un cambio”

Dice usted que faltan líderes que les digan a los ciudadanos lo que no quieren oír. ¿Hay algo de culpa en ello de la situación catalana?

40 años después creo que se puede hacer balance del Estado de las Autonomías y el principal problema es que no ha habido ninguna fuerza política que haya tenido un modelo de Estado. En su momento fue un movimiento táctico de Suárez para neutralizar las peticiones de autogobierno de Catalunya y País Vasco que se generalizó en el Estado de las Autonomías donde ha jugado un papel muy importante lo que yo llamo el agravio comparativo que en estos momentos es incluso más complejo de gestionar que el conflicto entre Catalunya y el Estado propiamente dicho.

La creación de identidades políticas a partir del afianzamiento de identidad propia contra las otras está siendo dramática. Estamos ante una crisis muy grave del Estado de las Autonomías pero no hay nadie capaz de liderar un cambio. Faltan liderazgos en la sociedad, también intelectuales, y en los partidos políticos. No siempre es ir a favor de viento. Eso es muy fácil.

Hace falta que la sociedad acompañe a quien decide decirle a la gente lo que no gusta escuchar. ¿Cómo es posible que en España haya proliferado la corrupción sistémica? Ha habido mucho silencio cómplice. También el de la ciudadanía que amnistía a sus dirigentes corruptos porque en ese momento a lo mejor parecía un mal menor o en los medios de comunicación. Es importante el periodismo que es capaz de sacar informaciones como la de Cifuentes.

¿Tan difícil sigue siendo el diálogo en Catalunya o es que responde a un permanente postureo electoral?

No, no…Aparte de la escenificación política partidaria de momentos electorales, la situación es complicada hasta el punto de producir fractura social en Catalunya, que no quiere decir violencia, ni mucho menos. Cuando aparecen iniciativas de la sociedad civil como el Espacio por la Convivencia y la Democracia que llama a construir diálogo y te encuentras como ‘hooligans’ que lo presentan como hacerle el caldo gordo al independentismo...Cuesta. Estos días intento explicar con Javier Pacheco, el secretario general de CCOO Catalunya, la importancia de mantener esos espacios transversales, que son la última oportunidad.

Pido la colaboración de la ciudadanía castellano-manchega para que ayude a hacer comprender que lo que se está haciendo no es ponerse al servicio del independentismo sino tender puentes entre dos bloques que nos están llevando a la ruina. Es muy difícil que se pueda plantear la defensa de la renta garantizada de ciudadanía o el poder adquisitivo del sistema público pensiones mientras el resto de la sociedad está enzarzada en una pugna de identidades.

Cortar autovías o levantar barreras de la autopista… ¿Cuestión de violentos como dicen unos, o legítima protesta y desobediencia civil como dicen otros?

Necesitaríamos casi un master con asistencia obligatoria por ejemplo para distinguir que es desobediencia civil de la lucha armada, cosa que es bastante evidente, o qué es violencia terrorista. Es increíble que el Gobierno español no lo sepa. Pero curiosamente no es el único. Por ejemplo el Gobierno catalán, durante mucho tiempo, ha confundido la desobediencia civil de la sociedad, que es un derecho reconocido internacionalmente, con las actuaciones de desobediencia del poder político catalán. El poder público no tiene derecho a la insumisión civil. Tiene obligación de cumplir la ley. Esa manipulación que han hecho es la misma que hace en estos momentos la derecha carpetovetónica y que es confundir eso con terrorismo. La degradación de los conceptos es una degradación de la democracia.

Para mí lo importante es que el independentismo está ante una duda ‘hamletiana’ de ‘Ser o no ser’. Tiene que decidir de una vez por todas. Una opción es que la estrategia de unilateralismo ha fracasado, restaurar las instituciones, acabar con el 155, trabajar por la normalización institucional y social y por la libertad de las personas que están en la cárcel. La otra es mantenerse en la ficción de la República catalana y la desobediencia civil. Si no se decide, la salida del empantanamiento va a ser muy difícil.

“Querer uniformizar la diversidad es un callejón sin salida. Eso no es igualdad”

Se declara no independentista pero no por la “sacrosanta unidad de España” sino por algo mucho más práctico y que tiene que ver con la globalización

No soy independentista porque estoy convencido de que en el siglo XXI levantar más fronteras es dar más oportunidades de ‘dumping’ laboral, de Seguridad Social y fiscal al capital. Es lo que permite poner a competir a los trabajadores en condiciones de trabajo precarias y a los Estados en menos impuestos. No quiero multiplicar ese riesgo poniendo a España a competir con un nuevo Estado, en este caso Catalunya. Es lo que yo llamo construir una alternativa internacionalista al independentismo. No solo no quiero más fronteras sino que caigan las que existen. Que haya un único Estatuto de los Trabajadores Europeos. Puede ser un sueño pero mi utopía es una utopía europea y no la del nacionalismo catalán.

Usted se decanta por un modelo federal para España ¿Cree que así se resuelven diferencias territoriales? Se lo digo porque en Castilla-La Mancha eso significa hablar, por ejemplo, de financiación o de agua…

Si algo tiene el federalismo es que pone por delante la cultura de la cooperación, garantizando la igualdad y resolviendo la diversidad, que no son lo mismo. Querer uniformizar la diversidad es un callejón sin salida. Eso no es igualdad.

El federalismo asimétrico podría garantizar la igualdad en España pero para eso es imprescindible una única regulación laboral, de Seguridad Social y fiscal y al mismo tiempo abordar la diversidad. Ahora hay 17 unidades políticas y la uniformidad no se aguanta. No hay masa crítica de población, riqueza o territorio para crear 17 unidades simétricas entre sí.

El federalismo podría permitir, en relación al debate hídrico de este país que, de una vez por todas, el conflicto no fuera entre cuencas hidrográficas. Crear cultura de una correcta utilización de los recursos. Que el Tajo no sirviera como la cloaca que, a través del Jarama, limpia el área metropolitana de Madrid.

El conflicto no debería ser entre la cuenca del Tajo y la del Segura sino entre una concepción hídrica que malbarata los recursos y los pone al servicio de la especulación y otra que hace un uso racional y que entienda que sin mantener los cursos fluviales, las cuencas de los ríos pasan de ser riqueza a una gran fuente de degradación.

El Partido Popular no lo sabe hacer. Y en Catalunya conocemos la cultura trasvasista en el Ebro y que practica muy bien el Gobierno de la Generalitat porque allí hay una cosa que no se conoce y que son las políticas de trasvases internos. En el fondo, se concibe el agua como un recurso infinito. Eso es una barbaridad.

¿Mantiene su fe en el referéndum pactado como salida? ¿Quizá en la reforma constitucional?

La idea de que las dos únicas salidas sean un referéndum consultivo, pactado, convocado por el Gobierno español y que si tiene consecuencias, los cambios en la ordenación territorial requiera por supuesto la opinión de todos los españoles, la mantengo. Y que las fuerzas políticas españolas se puedan poner de acuerdo en una reforma federal de la Constitución es otra posibilidad. Pero eso no quiere decir que lo vea viable. El papel lo aguanta todo. La realidad es un poco más exigente.

Claro, cómo remendar España sin hacer un roto mayor al descosido…

Ahora no queda más remedio que reconocer que no hay una gran solución. Y el que diga que la tiene se autoengaña y engaña. Solo nos queda empezar a construir microsoluciones. La primera es dejar de construir murallas para crear puentes. Por favor, pediría que en Castilla-La Mancha se entienda que la manifestación del 15 de abril la convocan las entidades sociales, no en defensa del independentismo ni para sacar a nadie de la cárcel, sino para construir puentes. Quienes hacen ese trabajo, entidades y sindicatos, lo hacen a contracorriente. Que desde Castilla-La Mancha nos ayuden y no se dejen atrapar por la manipulación de la Brunete.

En todo caso, para un optimista antropológico como usted… ¿Qué dejará la resaca del ‘procesismo’ en Catalunya y en España?

Desgraciadamente muchas heridas. Me temo incluso que durante décadas después de que se haya resuelto el conflicto institucional y político va a dejar en la sociedad catalana una fractura social muy importante, dificultades de reconocimiento del otro. Independentistas frente a constitucionalistas, frente a la gente que no es una cosa ni otra, a los que creemos en la equidistancia…El no reconocimiento del otro en la relación España-Catalunya, el deterioro democrático en España, no solo de los conceptos sino un retroceso en las libertades que ya empezó el PP durante la etapa de mayoría en el Congreso, como ocurrió con la Ley Mordaza. Me dicen que culpo al procesismo. No es cierto, es culpa de la conjura de los irresponsables, que van a dejar profundas heridas que lo serán más cuanto más tiempo tardemos en pasar de construir barricadas a tender puentes.

¿El independentismo ha llegado a un punto de no retorno?

Espero que no. Se han perdido tantas ventanas de oportunidad...Se han desaprovechado tantas pistas de aterrizaje que los equidistantes, los Comunes, la gente de Iniciativa Per Catalunya Verds brindamos en la anterior legislatura para que el independentismo pudiera aterrizar suavemente desde la ficción, que no me atrevo a decir que no continúen en esa trayectoria. Del mismo modo que no me atrevo a decir que Rajoy y Ciudadanos no continúen poniendo minas en el campo. Siempre existen oportunidades pero se están agotando.

¿Y Puigdemont?

Es una de las claves de lo que está pasando. Es un lobo solitario que puede tener la tentación de pensar que no tiene nada que perder, de que cuanto peor es mejor y que si el independentismo termina mal a lo mejor se puede llevar por delante al Estado español. Son sueños de iluminados que los han tenido y los tienen. Si cae en esa tentación…Pues no sé.

Y mientras tanto… ¿Qué referente hay en la izquierda?

Siempre existen opciones políticas. Lo que nos encontramos es que en distintos puntos de España cuando desde Catalunya se hace un relato alternativo al que estamos escuchando, la gente no solo lo comprende sino que lo comparte. Y ese espacio político existe aunque es difícil de ocupar porque requiere luchar contra los ‘hooligans’, arriesgarse a la incomodidad. Es complicado y se vio en el resultado de las Elecciones.

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Publicado el
4 de abril de 2018 - 19:37 h

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