Anfiteatro, plató y un gran inversor privado para la turbulenta Ciudad del Cine de Toledo a orillas del Tajo
Rodar películas en platós interiores y en exteriores, salas para montajes cinematográficos y para formación en postproducción, conexión entre talento y empresas, o un futuro 'museo audiovisual' aun sin definir. Son algunos de los objetivos marcados para la futura Ciudad del Cine de Castilla-La Mancha que se construirá en Toledo, un proyecto algo turbulento que no termina de ver la luz, pero que el Gobierno regional ya ha sacado a licitación pública. Es decir, busca al proveedor que quiera hacerse cargo de un megaproyecto de casi 100.000 metros cuadrados que requiere una inversión privada de unos 2,8 millones de euros. Eso sin contar los gastos posteriores de explotación.
Para garantizar el éxito del proyecto se establecen rigurosos criterios de solvencia financiera y experiencia técnica para los operadores interesados. Asimismo, la adjudicación exige la adscripción de personal especializado en áreas comerciales, técnicas y de comunicación.
Esta iniciativa, con la denominación oficial de ‘Hub Audiovisual’, ya nació algo contaminada, al menos en el aspecto político. Guadalajara era la ciudad elegida en un principio para albergar el proyecto, en virtud de acuerdo suscrito hace tres años entre el Ejecutivo de Emiliano García-Page y el Ayuntamiento. Pero se quedó en agua de borrajas cuando el PP y Vox se hicieron con las riendas del Ayuntamiento.
Ambas formaciones, pero también el grupo municipalista Aike, explicitaron su oposición a que la iniciativa se instalase en el histórico Fuerte San Francisco de Guadalajara, si antes la Junta de Castilla-La Mancha no cumplía con la sentencia judicial que le obligaba a una restauración global de estas antiguas instalaciones militares, hoy propiedad de la ciudad.
Cambio de planes: de Guadalajara a Toledo
El Gobierno autonómico de Page cambió entonces de planes y un año después, en 2024, firmó con el Ayuntamiento de Toledo (donde también gobiernan PP y Vox), un acuerdo para que la Ciudad del Cine recalase en la capital regional.
Pero en esta ciudad tampoco faltó la polémica. Las suspicacias no tardaron en florecer entre los vecinos y vecinas del barrio de La Cava, donde se ubicará el proyecto, concretamente en el parque de Polvorines, un espacio de gran diversidad ecológica junto al río Tajo. Es un espacio verde y zona de ribera situado en la carretera de Navalpino de Toledo, junto al cauce del río y conectado con el campus de la Fábrica de Armas de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) a través de una pasarela colgante.
El proyecto contempla la restauración de este espacio, donde ya se han realizado polémicos desbroces, pero las sospechas de colectivos ecologistas como ARBA siguen ahí. Quieren que se utilice solo el espacio de la Ciudad del Cine y que las rutas turísticas que se puedan derivar del proyecto se limiten a esas instalaciones. Es decir, piden que Polvorines quede “para los ciudadanos” y que se haga otro tanto “con la riqueza y biodiversidad junto al río” porque resulta que es “la más naturalizada y conservada de toda la ciudad”.
Ahora, con la publicación de los pliegos para su licitación pública, ya se conocen más detalles. Según estos documentos, concretamente en la evaluación económico-financiera del contrato de concesión, el Gobierno regional busca a un gestor privado que explote las instalaciones, durante un plazo de aproximadamente 48 años, que es el plazo restante que queda desde la cesión del terreno por parte del Ayuntamiento por un período de 50 años.
Para realizar los estudios previos y sacar a concurso el proyecto, el Ayuntamiento ha contratado a Kalaman Consulting, S.L. Y es en ese estudio de viabilidad donde se arroja algo de luz sobre el proyecto. Por ejemplo, la inversión inicial privada sería de unos 2,8 millones de euros, es decir, haría falta una gran empresa, a la que además se exige una solvencia acreditada para capitanear el proyecto.
¿A qué responde esa cifra inicial de inversión? En primer lugar, los trabajos previos, las licencias y permisos, y los planes previos de seguridad y salud laboral se cifran en 35.000 euros. Después, llegan las grandes cantidades. Solo en la ejecución de las obras, los pliegos ya hablan de 1.275.000 euros, que incluiría a las instalaciones complementarias del edificio principal, entre ellas un anfiteatro, un plato de cine adyacente, el vallado perimetral, un comedor y una sala de descanso y ocio.
La segunda gran cifra que detalla este documento es de 1.300.000 euros y estaría destinada a las otras grandes infraestructuras de equipamiento tecnológico. Dentro de esta cantidad, destaca que la mayor partida es de medio millón de euros para Sistemas de Motion Capture, también llamados Mocap. Se utilizan para registrar los movimientos reales de personas, animales u objetos con el objetivo de trasladarlos a modelos y personajes tridimensionales en un ordenador.
Se trata, por tanto, de una fuerte apuesta por las innovaciones tecnológicas, algo que también queda patente en los 20.000 euros desglosados para un sistema de escenografía, o los 250.000 para tracking espacial. Esta última tecnología permite escanear un espacio físico real mediante sensores o cámaras para ubicar y fijar elementos virtuales como modelos en tres dimensiones, muebles o avatares con gran realismo. En el cine, se utiliza para vincular el mundo físico del rodaje con el mundo digital de los efectos visuales (VFX) de forma que ambos se muevan en perfecta sincronía.
Más detalles: 300.000 euros para la transmisión o emisión simultánea de contenidos de audio y vídeo a una gran audiencia adaptando estándares de calidad profesional. Es el conocido como sistema broadcast. Y a ello se suman otros 250.000 euros para sala técnica y de control; 80.000 euros para un aula de formación y 150.000 euros para el sistema eléctrico.
¿Será un proyecto rentable?
Hasta aquí los gastos, pero ¿de dónde procederían los ingresos para su rentabilidad? El documento de evaluación precisa que la mayor parte se derivarían de la prestación de servicios técnicos asociados a la producción de terceros (39%), seguido del alquiler de espacios como el Mocap a profesionales (26%) y, en tercer lugar, el alquiler de espacios para eventos (15%). El documento estima que todos los ingresos supongan un incremento anual del 2% tanto en demanda como en tarifas.
Asimismo, el plazo de recuperación de las inversiones se estima en 14 años. El canon anual en favor de la Administración autonómica es fijo (unos 1.000 euros al año) durante los primeros tres años, y variable (2% sobre el resultado de explotación antes de amortizaciones) desde el cuarto año hasta cumplir los 50 años de la concesión de explotación.
Así, el importe total de canon se estima en 502.123 euros constantes en el total del contrato. De hecho, en los pliegos, el Gobierno regional exige a la empresa una solvencia de 500.000 euros en los últimos tres años de la explotación. Llama especialmente la atención que, con todos estos datos, el Ejecutivo establece tan solo un mes de plazo para presentar ofertas, lo que da a entender que ya puede haber algún gran inversor interesado, aunque fuentes consultadas por este periódico no lo precisan.
En la memoria justificativa de la licitación, el Gobierno explica que se pondrá a disposición del concesionario el suelo afectado, las edificaciones existentes en el estado físico y jurídico en que se encuentren en el momento de la formalización, y las infraestructuras básicas ya ejecutadas.
Resuelve de una tacada varios problemas de la zona
Al alcalde de Toledo, Carlos Velázquez, le gustó la idea desde el principio. En su momento destacó que tiene “atributos transversales” y que será uno de los proyectos más importantes de los últimos 20 o 25 años porque, además, servirá para recuperar “ambiental y paisajísticamente”, en referencia al parque de Polvorines.
En esas apreciaciones coincidió con el presidente castellanomanchego. Emiliano García-Page, quien lo considera “brutalmente positivo” porque “resuelve de una tacada varios problemas de la zona”. Llegó a insinuar, sin ser muy claro en su discurso, que es lo contrario a “la especulación urbanística” que se intentó, por ejemplo, en la cercana zona de Vega Baja, donde ‘duerme’ entre restos del subsuelo la gran ciudad visigoda de España.
Mientras tanto, a los vecinos y vecinas de la zona el parque de Polvorines sigue preocupándoles. En los pliegos de licitación, el Gobierno regional insiste en que se prevé convertir este espacio en un “activo estratégico” para el desarrollo económico y social de Toledo, “favoreciendo la regeneración y dinamización de su entorno y creando sinergias con sectores como el turismo, la hostelería, los servicios, la cultura y la innovación”.
Según afirma, la Ciudad del Cine busca ofrecer nuevas experiencias y espacios de calidad para la ciudadanía, contemplando actividades abiertas al público, de formación y eventos que impulsen la “integración social y territorial” del complejo. Exige así a la empresa que quiera hacerse cargo del proyecto que asuma la obligación de mantener la integridad del dominio público, así como la “gestión, conservación, limpieza, seguridad y mantenimiento” tanto de las edificaciones como de los espacios exteriores y zonas ajardinadas.
La cuestión es que no deja de ser otro foco de atracción turística para la ciudad, en un momento en que los vecinos del Casco Histórico no cejan en sus denuncias de turistificación y en la falta de vivienda asequible.
Porque el Ayuntamiento de Toledo no solo no ha pedido la declaración de zona tensionada que contempla la Ley estatal de Vivienda, sino que además tiene en cartera dos grandes proyectos hoteleros, el de la calle de La Plata, en el corazón del Casco Histórico, y el del barrio de La Cava en “zona inundable del Tajo. Todo ello, unido al complejo hotelero previsto en el cercano parque temático Puy du Fou. El impacto que la futura Ciudad del Cine pueda sumar a todo ello todavía está por ver.
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