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CATALUNYA

ENTREVISTA | Catedrática de Estudios Clásicos de la Universidad de Cambridge

Mary Beard: "Deberíamos cambiar la concepción de lo que es el poder, no la concepción de lo que es una mujer"

La catedrática británica de Estudios Clásicos y divulgadora histórica Mary Beard pide que sea el poder el que se transforme y no que las mujeres se adapten a una concepción masculina del poder

"En el mundo antiguo encontramos a muy pocas mujeres artistas, con historias que han sido olvidadas y que hay que rescatar", asegura

Beard recibió la semana pasada el título de doctora Honoris Causa por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) en un acto en el Ayuntamiento de Barcelona

Mary Beard, antes de recibir el Honoris Causa de la UOC

Mary Beard, antes de recibir el Honoris Causa de la UOC Joan Castro/UOC

Mary Beard levanta pasiones. Sea por su talento a la hora de divulgar la Historia, sea por su vasto conocimiento de la antigua Roma o sea porque es siempre capaz de conectar el pasado con fenómenos presentes -como el feminismo y el papel de las mujeres en el arte o el poder-, esta catedrática de Estudios Clásicos de la Universidad de Cambridge volvió a llenar un auditorio a su paso por España, en esta ocasión el del Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona. La célebre latinista británica recibió allí el título de doctora Honoris Causa por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) en un acto al que no quiso faltar la alcaldesa Ada Colau. 

Autora de más de una docena de obras de temática clásica, Beard se ha convertido en una celebridad por su participación desde hace años en documentales de la BBC. Los últimos, de la serie Civilisations, que ahora ha adaptado en el libro La civilización en la mirada. Antes publicó también Mujeres y poder (2017), un manifiesto feminista en el que repasa, a partir de sus conocimientos sobre el mundo clásico, los roles de las mujeres y los hombres en el poder y lo masculinizadas que siguen las estructuras de toma de decisiones. 

Su último libro, La civilización en la mirada, parte de la idea de que los humanos, ya desde las civilizaciones más antiguas, se han obsesionado con representarse a si mismos a través del arte. ¿A qué lo atribuye? 

Esta es una pregunta muy interesante porque casi no tiene respuesta. Hay distintas formas de acercarse a ello. En el libro he intentado pensar el arte no sólo a través de la historia de los grandes artistas, sino de la gente que contempla el arte. Los observadores, los consumidores. Es importante porque consigues nuevos ángulos: para qué es el arte, para qué se hizo una obra, quién la pagó... Quizás no logres responder a las grandes preguntas, pero sí tendrás una visión más completa que si sólo miras al artista, que es importante pero es solo uno. Nuestra forma de ver una pieza de arte, como puede ser la Venus de Milo -cuyo artista murió hace 2.000 años- forma parte de su historia. 

En el libro habla también de cómo se representa el poder. Y pone un ejemplo, el de Ramsés II, que se dedicó grandes templos y estatuas. Lo plantea no sólo como un hecho propagandístico hacia el pueblo, sino hacia si mismo. 

En el caso de las representaciones de gente poderosa, desde monarcas a faraones, se suele considerar que son intentos de propaganda. Un faraón que intenta afirmar su poder abrumador demostrando a todo el mundo que es el jefe. Este relato no es falso, pero nos olvidamos de dos cosas. Primero, que no todo el mundo se lo cree: esos grandes objetos de Ramsés II fueron un foco de descontento. Y también nos dice algo de la historia del poder político: quien realmente tiene que ser convencido de que es el rey, es el propio rey. Muchos objetos artísticos sirven para reforzar la visión que tiene el rey de sí mismo. Me recuerda a lo que le ocurría a Diana de Gales, que repasaba todos los diarios durante el desayuno en busca de fotos de sí misma. Se decía de ello que era vanidad, y podría ser, pero a mí me parece que intentaba convencerse a sí misma de que era princesa. Validaba su existencia mirando las imágenes. 

Si el cometido de La civilización en la mirada es explicar cómo nos hemos representado a lo largo de la historia, ¿qué papel ocupan las mujeres?

Por una parte, el de artistas ignoradas. En el mundo antiguo encontramos a muy pocas mujeres artistas, con historias que han sido olvidadas y que hay que rescatar. Como la de la mujer que hizo el primer retrato dibujando una silueta de su amante en una pared. Luego nos queda ver a las mujeres como objetos, y esto nos hace plantearnos una serie de preguntas complicadas, como por ejemplo para qué se representaba a las mujeres. 

En su célebre monólogo 'Nanette', Hannah Gatsby califica a las mujeres en la historia del arte de "jarrones vacíos para las flores-pene de los artistas".

Sí, lo puedes decir así o de forma más académica: las mujeres como creación de la mirada masculina. Si asumimos esto, que las mujeres son una creación para el deseo masculino, tenemos que preguntarnos cómo miramos como mujeres una obra tradicional de arte como puede ser la Venus de Urbino, de Tiziano. Yo he llegado a la conclusión de que con el paso del tiempo podemos empezar a recuperar algo de esa mirada masculina. El otro día vi la Venus de Urbino, que ha sido objeto de la mirada masculina desde siempre. Y querría decirle: "Hola, querida, estamos en el mismo bando, estoy en tu bando". Como observadora que no es un señor mayor lascivo, creo que hay distintas formas de mirar, y algunas pueden servir para empoderar a quienes han estado aparentemente subordinadas al deseo masculino.

Mary Beard, antes de recibir el Honoris Causa de la UOC

Mary Beard, antes de recibir el Honoris Causa de la UOC Joan Castro/UOC

En la política cada vez hay más mujeres, pero en los últimos tiempos también hemos visto el ascenso de hombres muy beligerantes contra el feminismo, desde Trump a Bolsonaro. ¿Cómo lo ve usted?

A largo plazo soy optimista. Yo misma he vivido una revolución y creo que no hay marcha atrás. Cuando era adolescente, miraba a los políticos y eran todo hombres con traje. Había un puñado de mujeres en la Cámara de los Comunes, pero también parecían hombres con traje. Ahora empieza a ser distinto. Por supuesto que me disgusta la forma en que estos hombres poderosos intentan socavar el progreso de las mujeres, pero creo que suponen solo una amenaza a corto plazo. A largo plazo, me parece más preocupante la concepción que tenemos sobre el poder. Muchas mujeres occidentales que quieren acceder a la política mainstream todavía intentan parecer hombres, vistiéndose y hablando como ellos.

Pero también hay cada vez más ejemplos de lo contrario: figuras políticas que no cumplen con este estereotipo, como Alexandria Ocasio-Cortez, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, o incluso la de Barcelona, Ada Colau. 

Sí, las hay. Y vamos en la dirección correcta. Pero si hoy voy a dar una clase y pido a los alumnos que cierren los ojos y se imaginen a un primer ministro, ¿alguien se imaginará a una mujer? Incluso cuando teníamos a una mujer de primera ministra, quizás solo un puñado levantaría la mano. 

Usted defiende en su libro Mujeres y Poder que la llegada de las mujeres al poder ha de servir también para reconfigurar la idea misma del poder. ¿A qué se refiere con ello?

En la mayoría de cursos de liderazgo, los consejos que se dan a las mujeres es que han de cambiar, que si quieren ejercer autoridad tienen que comportarse de forma distinta. Eso es lo que han tenido que hacer durante siglos y nada cambia. Las mujeres siguen pensando que el poder es para ellas una pretensión. Deberíamos cambiar la concepción de lo que es el poder, no la concepción de lo que es una mujer, y que deje de ser algo que se posee a expensas de otro. Ahora es un juego de suma cero: si yo tengo poder, tú no. Pero el poder puede ser algo que compartamos para conseguir cosas. Pienso en el movimiento Black Lifes Matter, una organización de mujeres que no se han convertido en celebrities individuales. En todo el mundo hay mujeres con poder en colegios, en tiendas, organizando y cambiando las cosas sin ese aspecto masculino y de celebrity del poder. Si lo pensamos en términos de colaboración quizás llegaremos más lejos.

Usted protagonizó alguna polémica con Boris Johnson hace años, aunque dice que respeta sus vastos conocimientos sobre latín y los clásicos. ¿Qué opinión le merece ahora como presidente?

Es un buen estudioso de los clásicos, nada más. Demasiadas veces se sale con la suya diciendo que es un experto en el mundo antiguo, pero cuando se trata de citar en latín trata de que parezca algo tory (conservador), como si se tratase de una asignatura pasada de moda. Esto está muy lejos de lo que yo quiero enseñar. Y sobre el Brexit, creo que está complicando las cosas. Puede ser que consiga un acuerdo, pero es un completo desastre. Él tiene talento, sería absurdo no verlo, pero todo lo que hace es lanzar promesas falsas que hacen que la gente se sienta bien, y eso no es lo que ha de hacer un primer ministro, que ha de realizar promesas que pueda cumplir y tener un buen control de los riesgos que se puede encontrar. 

Usted ha dedicado años de su trayectoria profesional a la academia y también a los medios de comunicación. ¿Dónde ha recibido más mansplainning?

En ambos, créeme. 

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