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CATALUNYA

Catalunya, Podemos y la regeneración democrática

¿Qué tienen en común el proceso soberanista que vive Catalunya desde hace cuatro largos años con el fenómeno social y político que conoce España desde hace apenas unos meses con la irrupción de Podemos?

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¿Qué tienen que ver Catalunya, Podemos y la regeneración democrática? ¿Qué tienen en común el proceso soberanista que vive Catalunya desde hace cuatro largos años con el fenómeno social y político que conoce España desde hace apenas unos meses con la irrupción de Podemos? Ni la pregunta ni la respuesta son simples, pero ambas son muy necesarias. Porque los dos caminos están predestinados a encontrarse dentro de muy poco tiempo, en cuanto acudamos a las urnas. Constituyen los dos grandes movimientos sísmicos que sacuden el país. Uno con epicentro en Catalunya y el otro con infinidad de temblores repartidos por barrios, pueblos y ciudades de toda España.

Desde finales de la anterior década, una parte muy significativa de la sociedad catalana canalizó en el ‘derecho a decidir’ y la independencia las ansias de ruptura con el llamado régimen de la Transición, que ya daba muestras de absoluto agotamiento. También significaba una respuesta a la depresión económica y a las políticas retrógradas del Partido Popular. En el caso de la reivindicación soberanista entran en juego otros factores pero las crisis institucional, económica y la provocada por las políticas del Gobierno también ocurrían en el conjunto de España. Y, en cambio, aparentemente, no se daba una reacción cívica. Hasta la irrupción de Podemos y su eclosión en las elecciones europeas, el pasado mes de mayo. Después vendrían la abdicación del Rey (junio), el relevo en la cúpula del PSOE (julio) y un rosario de casos de corrupción que acabarían cristalizando en una clara sensación de fin de régimen. Y también empezaban a vislumbrarse las alternativas que deberían dar paso a una nueva época.

Catalunya percibía que, por fin, en el resto de España tomaba forma una reacción colectiva a la decadencia de las instituciones, a la corrupción, a las políticas económicas que condenaban a millones de personas a la pobreza, a una democracia de baja calidad, secuestrada por las cúpulas de los grandes partidos. Aún es pronto para evaluar la intensidad de esta reacción social en España, pero sí resulta evidente que, en estos momentos, existen dos potentes procesos de cambio, el que protagoniza Podemos y el que significa el soberanismo en Catalunya. ¿Y son dos movimientos de regeneración democrática?. La respuesta es sí, pero en el caso de Catalunya resulta imprescindible un segundo análisis.

Porque el movimiento independentista es el resultado de un complejo puzle en el que se entrecruzan piezas muy diversas. Algunas compartidas por todos, como la exigencia del reconocimiento de una nación catalana con derecho a decidir su futuro. Pero otras tienen un difícil encaje entre partidos con trayectorias y proyectos tan diferentes. Un sector importante del independentismo considera que es la oportunidad de crear un sistema mucho más solidario, más participativo, más impermeable a la corrupción. Otro pone el acento en la identidad o en el mejor instrumento posible para conservar el poder pese a las sombras, precisamente, de la corrupción. Es decir, en el soberanismo están muchos de los anhelos que representan Podemos en el conjunto de España y, también, otros ingredientes que podrían ser, incluso, absolutamente opuestos.

Lo cierto es que Podemos y las fuerzas soberanistas catalanas están condenadas a hablar y a intentar entenderse. Podemos, junto a Izquierda Unida, representa la España que comprende el ‘derecho a decidir’ de los catalanes, no ejerce el nacionalismo español y, si logra ser determinante, pueden forzar una salida al bloqueo actual entre Catalunya y el Estado. Representa una esperanza para segmentos significativos de la sociedad española y de la catalana. Y por ello afronta una gran responsabilidad. Desde el Congreso de los diputados podría tener un papel clave en la resolución de la llamada cuestión catalana y, según las encuestas, también puede jugar un papel importante en el Parlament de Catalunya.

¿Qué tienen que ver Catalunya, Podemos y la regeneración democrática, nos preguntábamos? Pues bien, tienen mucho en común. En Catalunya unas elecciones deberán decidir cuáles de las piezas del puzle soberanista tienen más peso. Si las aspiraciones de regeneración democrática y transformación social, o las identitarias y de conservación del poder. Y en España, en el plazo de un año, las elecciones municipales y las generales medirán algo parecido. Si la sociedad está dispuesta o no a afrontar profundos cambios, si quiere abrir una nueva era en la que Catalunya pueda decidir su futuro. Y si la nueva composición del poder logra ofrecer una alternativa digna, incluso buena parte de la sociedad catalana podría decidir que el mejor futuro es el compartido con el resto de los pueblos de España.

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