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El vino canario encuentra en Ciudad Real una novia con posibilidades

Los singulares vinos canarios maridan a la perfección con la cocina de hechura perfecta del chef Rubén Sánchez Camacho

El restaurante El Bodegón acogió la presentación de los mejores vinos de las Islas Canarias en el corazón de La Mancha

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Vinos canarios en Ciudad Real

No está ni de paso; difícil es encontrarlo por casualidad pero ahí está, y ya hace muchos años (mencionado por la Guía Michelín, eso sí, ¡no se les escapa ni una!). De mesón clásico, de casa de comidas manchega, El Bodegón dio el salto, cuando los hijos de los fundadores se pusieron a cargo -¡bendita familia Sánchez Camacho!- a restaurante de esos que una vez probados, nunca olvidas. Mi primera vez fue en 2014, la segunda en 2016, y la tercera, en 2017.

La calidad, la misma; la creatividad, rebosante, y la atención, milimétrica. Rubén en la cocina, «a punto estuve de tirar la toalla el año pasado tras una crisis personal» (para la cocina de este país hubiera sido un desastre), y Ramón en la sala (la alegría de la huerta, el cariño a espuertas) forman el tándem que lidera uno de los mejores restaurantes no ya de Las Tablas de Daimiel, ni siquiera de la provincia de Ciudad Real, sino de toda la extensa La Mancha. Pero hoy no vine a hablar de El Bodegón: eso lo dejo para otra ocasión, aunque la entrada tiene su lógica teniendo en cuenta que fue allí cuando hace unos días se presentaron los mejores vinos canarios según el último certamen Agrocanarias 2017, en una cena maridada.

Sin estar premiado, pero servido por ser muy curioso, los snacks se acompañaron con un espumoso brut nature rosado de Altos de Trevejos (DOP Abona), y los aperitivos y uno de los entrantes, un pulpo frito con mahonesa de tempranillo -¡Ay, ir a La Mancha a comerse uno de los mejores pulpos que servidora ha tomado!- se armonizaron con un Oro, el blanco seco de Viña Arese (DOP Abona), un ensamblage de listán blanco, uva típica de Canarias, malvasía, albillo y moscatel, producido en Tenerife, y que en primera impresión emanaba efluvios volcánicos, aromas sulfurosos y sabores minerales y que, pasado el tiempo, a copa parada, bien podía pasar por un sauvignon blanc.

El Bodegón maridaje

Tras tan feliz comienzo, los entrantes se sucedieron acompañados de otro Oro, el Marba tinto barrica (DOP Tacoronte Acentejo), con un 50% de listán negro y vijariego negro y, en menor medida, otras variedades.  El tinto, caracterizado por sus aromas especiados y a tabaco habanero, potente y equilibrado alargó una armonía deliciosa que culminó con el plato fuerte, el ‘cochinillo de Rubén’.

Aunque los vinos fueron presentados por el Consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas del Gobierno de Canarias, Narvay Quintero, y los maridajes explicados por Rubén Sánchez Camacho, la cena tuvo sorpresas improvisadas. El sumiller madrileño Natalio del Álamo fue requerido y con su peculiar labia no dejó de expresar en público, a petición de la organización, las bonanzas de los excelentes vinos canarios. Lo mismo ocurrió con otro invitado, Bartolomé Sánchez, divulgador del vino muy apreciado por el sector que hizo un sentido halago de los vinos premiados.

El toque dulce lo puso no solo el postre, ¡El increíble plátano!, un guiño inconfundible a la fruta canaria; también el Testamento Malvasía Esencia, un vino dulce que recordaba a las mejores sidras de hielo canadienses, nombrado como Mejor Vino de Canarias 2017.

Con este singular ágape, Las Tablas de Daimiel se convirtieron, en una suave noche de mayo, en la capital gastronómica de toda Castilla la Mancha.

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