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“Nosotros no nos ponemos barreras; no sabemos más que quitarlas”

Carlos Martínez tiene síndrome de Down y ha protagonizado un emotivo y reivindicativo pregón con el que dan comienzo las Fiestas de San Julián en Cuenca

Pidió “unidad” para que en un futuro se pueda afirmar que Cuenca da una oportunidad a las personas como él, para integrarles y para que puedan trabajar

Carlos Martínez dio el pregón de la Feria y Fiestas de San Julián en Cuenca

Carlos Martínez dio el pregón de la Feria y Fiestas de San Julián en Cuenca

"Soy Carlos y tengo síndrome de Down. ¿Y qué...? Lo importante de mi presencia aquí no es que tenga un cromosoma más, sino que lo realmente importante es que pese a eso, puedo ponerme detrás de este atril. Y ¡bendito atril!”.

Con estas palabras se ha presentado la noche de este jueves el joven conquense Carlos Martínez Descalzo, de 28 años, que ha protagonizado un emotivo pregón que daba el pistoletazo de salida a las Fiestas de San Julián de Cuenca y que ha estado cargado de humor y también de reivindicaciones de integración, normalización y visibilidad para el colectivo. “Nosotros no nos ponemos barreras; no sabemos nada más que quitarlas y debemos concienciar al mundo de que la discapacidad que nos señalan solamente está en los ojos de quien nos mira”, ha enfatizado.

Carlos se dirigió todo el tiempo a una pequeña silla vacía que le acompañaba en el escenario. “Siéntate aquí un momento, acompáñame hoy. Hace mucho tiempo que te marchaste y desde entonces han ocurrido muchísimas cosas en mi vida y en nuestra ciudad”, comenzó diciendo el joven tras saludar a autoridades y público. “Cada uno que interprete la silla a su manera”, dijo su madre, Eloísa, a Las Noticias de Cuenca.

Ante un abarrotado parque de San Julián, Carlos viajó hasta su niñez para recordar con nostalgia su paso por el colegio del Carmen de Cuenca y solo tuvo palabras de agradecimiento para sus compañeros y maestros. “En aquellos años empecé mis andanzas en el mundo de la lectura y el teatro”, recordó.

También se acordó de los residentes en el barrio del Castillo, en el que vivía cuando era niño. “Vecinos tenemos todos. Pero nosotros, además de eso, teníamos una familia”, aseguró, al tiempo que se refirió a sus amigos, a los que conserva desde la infancia. “Por muchas cosas que pasen, siempre seguirán en mi vida”, subrayó, hablando también de la Asociación de Síndrome de Down de Cuenca, de la que forma parte. “¡ADOCU fue un regalo en mi vida!”, exclamó.

Después estudió en el instituto Fernando Zóbel. “¡Aquello era como las películas de guerra!”, bromeó. “Y comencé a descubrir el teatro como mi gran afición, compaginándolo con la natación y otros deportes”, detalló, contando que luego hizo un ciclo formativo de Comercio porque le gustaba el contacto con la gente. Posteriormente llegaría su trabajo en la residencia Sagrado Corazón de Jesús. “Allí pasé una de las mejores épocas de mi vida, en contacto con aquellos que más necesitan de los demás, aprendiendo que cuando se llega a determinadas edades, no solamente es necesario la ayuda de otros, sino que nos volvemos a convertir en niños desprotegidos a los que nos hace falta todo el cariño del mundo y, de eso, la sociedad actual sabe muy poco”, dijo crítico.

En el pregón también recordó que después aprobó una oposición que le convirtió en empleado público en la Subdelegación de Defensa de Cuenca, donde afirmó que ha aprendido valores como el compañerismo, la comprensión, la solidaridad, la disciplina y el esfuerzo.

Palabras especiales dirigió a su hermana, Bárbara, y a su madre por haberlo acompañado siempre y por todo el cariño y apoyo brindados: “Lo de mamá es capítulo aparte”, indicó en el transcurso de un pregón que emocionó a sus allegados y desató un sinfín de aplausos.

Entre rima y rima

Carlos tiró de versos para repasar las fiestas de Cuenca, ciudad en la que “nadie es un extraño” y el turista es “bienvenido”, para concluir hablando de la alegría y diversión de la Feria de San Julián, con “tantas actividades de las que disfrutar”. Entre rima y rima, el joven no dejó pasar la oportunidad de deslizar una crítica al Bosque de Acero. Mirando a los políticos, les espetó: “¡Luego me lo tendréis que explicar!”.

Para finalizar, Carlos Martínez pidió “unidad” para que en un futuro se pueda afirmar que Cuenca da una oportunidad a las personas como él, para integrarles y para que puedan trabajar: “Oportunidad para hacer cosas bonitas en esta única ciudad, donde espero que dentro de no mucho tiempo se haya extinguido la palabra discapacidad”.

Pincha aquí para leer el pregón íntegro

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