CV Opinión cintillo

COP27: De la hipocresía a la frustración

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COP significa, por sus siglas en inglés, Conferencia de las Partes, de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre cambio climático. Estas Cumbres del clima reúnen anualmente a casi dos centenares de países que buscan negociar acciones conjuntas contra el cambio climático. Las COP nacieron tras la Cumbre de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo que tuvo lugar en Río de Janeiro (Brasil) en 1992 y que fue más conocida como la Cumbre de la Tierra. Así pues, esta COP27 celebrada en Sharm el-Sheikh marca el 30º aniversario de la adopción de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y del nacimiento de las COP. 

Fue unos años después, en 1997, cuando en la COP3 en Kioto se produjo el primer protocolo legalmente vinculante para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. Fue el llamado Protocolo de Kioto en el que los países firmantes se comprometieron a reducir las emisiones en al menos un 5% (en comparación con los niveles de 1990) para 2012. 25 años después, la COP27 busca reafirmar el compromiso de los países participantes con la agenda climática global a pesar de las dificultades e incertidumbres de nuestro tiempo. Pero el punto de partida, no obstante, sigue siendo el llamado Acuerdo de París de 2015 en el marco de la COP21. Los gobiernos mundiales aprobaron un acuerdo histórico para frenar el cambio climático: se comprometieron a mantener el incremento de la temperatura media del planeta muy por debajo de los 2 ºC —respecto a los niveles preindustriales— y se buscase trabajar para limitar ese aumento a los 1,5 ºC. También se puso el foco en intensificar los esfuerzos para adaptarse a los impactos del cambio climático y lograr que los flujos de financiación fueran consistentes tanto con la transición hacia una economía baja en carbono como con un desarrollo resiliente a dichos impactos climáticos.

Y el Acuerdo de París de 2015 sigue siendo el punto de partida porque todas las COPs celebradas con posterioridad se han convertido en una ocasión para que los grupos de poder mientan, engañen y hagan el lavado verde, como bien denunció la activista sueca Greta Thunberg “Las cumbres pudieron tener sentido hace veinte o treinta años. Pero lo cierto es que han fallado a la humanidad a la hora de propiciar grandes cambios y los avances han sido muy lentos...Las Cops han servido, al menos, como una oportunidad para la movilización”, precisó la fundadora de Fridays for Future, con la experiencia de su paso por la COP25 de Madrid y la COP26 de Glasgow, pero eso no va a ser posible en Egipto porque no va a haber sitio para la sociedad civil en un lugar como Sharm El Sheikh“. Y tiene sus razones, pues ¿qué sociedad civil va a debatir en un País que vulnera los Derechos Humanos y tiene en prisión a mas de 50.000 personas por delitos de opinión? O ¿Qué sociedad civil se va desplazar a Arabia Saudí en el próximo COP28 cuando no es más que una autarquía sistémica contra los DD.HH. y que vive de la venta del petróleo?

La disyuntiva, como señaló el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, “es cooperar o perecer. La humanidad va en una autopista hacia el infierno climático con el pie en el acelerador…y en la hipocresía entre el discurso y la acción real porque algunos gobiernos y líderes empresariales están diciendo una cosa, pero haciendo otra; en otras palabras, están mintiendo». Desde el movimiento vecinal vemos con estupor cómo, lenta pero inexorablemente, la sociedad civil está siendo apartada de estos encuentros, vulnerando el principio de participación desde su fundación a medida que se incrementa la presencia de lobbies empresariales y delegaciones del ámbito de los combustibles fósiles con el propósito de sacar partido a la crisis climática, obviando los informes de la Comunidad Científica internacional que advierten del impacto catastrófico de las temperaturas extremas e instan al panel de expertos en cambio climático de la ONU a que dediquen su próximo informe a la evaluación del mismo, porque va a afectar al hambre, la malnutrición y las desigualdades sociales.

Los estudios de Climate Endgame (El final de la partida del clima) o de Loss and Damage Collaboration (L&DC) firmados por organizaciones científicas de reconocido prestigio de todo el mundo alertan sobre la necesidad de explorar los escenarios catastróficos del aumento global de temperaturas. Todos sufriremos las consecuencias del cambio climático, pero las comunidades y países que menos han contribuido al calentamiento son hoy las principales víctimas de las peores consecuencias del calentamiento del planeta. Por cada fracción de aumento del calentamiento habrá previsiblemente un aumento de las catástrofes climáticas en estos países. En Europa, en España y en la Comunidad Valenciana hemos asistido este año a una espantosa oleada de incendios de tercera generación y a una sequía sin precedentes que nos están marcando la agenda a seguir y las estrategias a implementar, pero se toman medidas muy tímidas e imprecisas.

Como era de prever, la COP27 terminó como la crónica de una catástrofe anunciada. Por un lado, los equipos negociadores dejaron claro en los días previos a la cumbre que no aceptarían ninguna obligación vinculante. Tras negarse a discutirlo, se ha terminado por aceptar un tímido y cobarde diálogo; cualquier debate y acuerdo se pospone para la próxima cumbre en Emiratos Árabes Unidos, pensando en tener una determinación definitiva en 2024. 

Desde el movimiento vecinal denunciamos el fraude social que representan hoy las COPs. Apartar a la sociedad civil es apagar el motor del cambio y de la transformación. Fuimos, junto a la comunidad científica, la esencia para la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 en la ONU en 2015 y somos el pedal del freno que necesita la humanidad y la estructura orgánica e instrumental de la ONU, que nos impida caer en el infierno. Lo sabe hasta el mismísimo Secretario General de la Naciones Unidas, pero sus certeras palabras son apagadas por los mismos estados que las aplauden. Todo lo que hagamos a nivel particular, desde la intensificación del reciclaje, defensa del medioambiente, movernos en el transporte público, comer menos carne o cambiar a energías renovables, puede, sin duda, ayudar. Pero lo más importante, a nuestro juicio, es votar inteligentemente y presionar a los gobiernos para que pasen a la acción ante la emergencia climática. Y para no llegar a la frustración, si no se llega tarde, la participación de la sociedad civil en las COPs resulta imprescindible y vital. 

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