La portada de mañana
Acceder
Los expertos alertan de que situar la Navidad como horizonte es un error
Madrid y Extremadura optan por el toque de queda laxo a pesar de estar en riesgo alto
Opinión - Si esto es una guerra, España va perdiendo, por Esther Palomera

De los aplausos en los balcones a las vejaciones: vuelven los insultos y las agresiones al personal sanitario

Aplausos a los sanitarios en Lanzarote.

Los sanitarios españoles fueron uno de los símbolos de la primera ola de coronavirus que acabó con la vida de más de 20.000 personas. Durante el estado de alarma y cuando todo el país estaba confinado en su casa, millones de personas salían a los balcones de sus casas a aplaudir a este colectivo que, literalmente, se jugó la vida para atender de la mejor manera posible a los miles de contagiados con COVID-19 que acabaron en los hospitales. Para muchos niños y niñas, las batas blancas se convirtieron en la nueva capa de superhéroe. Pero fue un espejismo. Con la vuelta a la nueva extraña normalidad, una de las lacras que más ha desgastado el sistema sanitario ha vuelto con fuerza. Se trata de las agresiones e insultos a médicos y enfermeros que habían desaparecido por el encierro, pero que en los últimos meses se vuelven a disparar. Y en algunos casos con episodios de violencia física.

Es el caso de Margarita, una auxilar de enfermería del Hospital General de Alicante. Esta trabajadora pública se encontraba supervisando los accesos del centro sanitario para que todas las personas que accedieran llevaran la correspondiente mascarilla y se limpiaran con gel hidroalcohólico para evitar contagios. Un hombre, según la denuncia a la policía nacional consultada por este periódico, entró sin la mascarilla obligatoria al vestíbulo y pidió una. Al ser advertido e intentar derivar su petición al hospital de campaña, el hombre le dijo "ya me la cojo yo" tirándola al suelo violentamente y provocándole un fuerte golpe en la cadera y la rodilla derecha.

Rafael, un médico residente en otro hospital valenciano, fue la diana de un escarnio, aunque no físico, sí psicológico. Tras una consulta ginecológica, el marido de la paciente escribió en su muro de Facebook todo tipo de insultos en los que señalaba al galeno en prácticas. "Imbécil", "ser despreciable", "listillo" o "ser repugnante sin escrúpulos", fueron algunos de los insultos que este hombre vertió sobre el trabajador público. Los hechos han sido denunciados también ante la policía.

El Sindicato Médico (CESM-CV) ya ha venido denunciando en las últimas semanas el incremento de las agresiones y, sobre todo, de los insultos que se han disparado un 200%. Según el sindicato, las medidas tomadas para combatir la COVID-19 "están provocando malestar e incomprensión entre algunos usuarios y están teniendo como consecuencia el aumento de quejas hacia el personal que tiene que organizar los circuitos y los facultativos que atienden las consultas". Estas quejas, señalan, "desgraciadamente, en no pocos casos, están derivado en agresiones verbales e incluso en violencia física".

En ese sentido, explican que existe "una escasa cobertura de personal de seguridad por parte de la Conselleria de Sanitat". "Hemos de recordar que no se dispone de vigilante de seguridad en todos los centros, ni durante todo el tiempo de apertura de los mismos", denuncian. Para este colectivo, que ya denunció la falta de artículos de protección durante la primera ola del coronavirus, es importante garantizar las distancia de seguridad en los ambulatorios, primer muro de contención de la enfermedad contagiosa.

Carlos Fornes, presidente de la Asociación de Derecho Sanitario de la Comunidad Valenciana, coincide en el diagnóstico y reclama más sentido común y soluciones. “Lamentablemente estamos viendo que hemos pasado de los aplausos en los balcones a la agresividad con los profesionales de la salud. Toda la presión, la incertidumbre y el estrés que la sociedad estamos padeciendo tanto a nivel económico como social, laboral, de salud y familiar, sumado al colapso que sufre la atención primaria son la tormenta perfecta de la que tristemente ya estamos viendo algunos efectos", explica Fornes.

Yolanda, una enfermera que trabaja en un paritorio valenciano, acaba de ayudar en el parto de un pequeño. Una desavenencias con el padre acabó con el hombre gritando "hija de puta amargada" al no estar de acuerdo con cumplir los protocolos del hospital. El ataque no solo fue por la trabajadora, sino también alteró a sus compañeros y al resto de pacientes de la planta. Los casos siguen creciendo.

Etiquetas
Publicado el
28 de septiembre de 2020 - 22:31 h

Descubre nuestras apps

stats