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Dos décadas de lucha para evitar que los apartamentos turísticos destruyan una ciudad fenicia de hace 3.000 años

Imagen de Baria junto al mar en una recreación virtual

José María Sadia

22 de marzo de 2026 22:33 h

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“Durante la última excavación, salió algo bastante interesante, parecido a lo que nosotros ya habíamos visto a unos cien metros de allí”. El arqueólogo José Luis López Castro habla de uno de los descubrimientos más importantes de la antigua ciudad fenicia de Baria (siglo VII a. C.), que hoy permanece intacta bajo los cimientos del pueblo de Villaricos (Cuevas del Almanzora, Almería), de un millar de habitantes. “Encontramos los restos de unos postes sobre las rocas que no terminábamos de interpretar”. En efecto, su equipo obtuvo años atrás la pista inicial, insuficiente para formular una hipótesis. Con los resultados de la última investigación, todo quedaba aclarado. “Pensamos que puede tratarse de una ‘neoria’”. Los griegos utilizaban esta palabra para definir los cobertizos navales que se construían junto al mar para guardar y preparar embarcaciones de pequeño tamaño. “No hay ningún otro precedente en la Península Ibérica; se conocen en el mundo griego en lugares como Grecia, Chipre o Marsella, pero en el ámbito fenicio este caso es único”, valora el catedrático de la Universidad de Almería.

Nadie dudaría de que zonas como esta en un yacimiento fenicio de casi 3.000 años de antigüedad deberían estar protegidas bajo llave. Sin embargo, una serie de circunstancias históricas —dejadez administrativa, conflicto de competencias e intereses inmobiliarios en un área costera de irresistible tirón turístico— han abocado a una situación surrealista. El pasado 21 de febrero, decenas de vecinos y representantes de diferentes colectivos y grupos ecologistas se manifestaban junto al enclave arqueológico para tratar de frenar la construcción de 24 viviendas de lujo que amenazan con sepultar definitivamente una parte (pequeña, pero muy valiosa) de la antigua Baria.

Bajo eslóganes como 'La memoria colectiva no es edificable', los convocados dieron lectura a un manifiesto en el que piden “la paralización cautelar de cualquier actuación que comprometa la integridad de las estructuras arqueológicas documentadas”, además del acceso a la documentación de las excavaciones más recientes a las que se refería el profesor López Castro y, en un futuro próximo, “la protección efectiva y la puesta en valor del enclave” a través de “un parque arqueológico” que cuente la dilatada historia del paraje.

Juan Grima (en primer término) da lectura al manifiesto de protesta en la concentración del pasado mes de febreros en Villaricos (Cuevas del Almanzora, Almería)

La reivindicación no es nueva, como tampoco lo es el enésimo intento de edificar sobre los restos arqueológicos. “El día 1 de diciembre, aprovechando que todo el mundo estaba de vacaciones y la Administración prácticamente cerrada, veinte camiones de alto tonelaje con cuatro máquinas para cargar empezaron a demoler el yacimiento”. Juan Grima, presidente del colectivo Unidos por Baria, no se refiere a la promoción de apartamentos por la que protestaban en febrero (el denominado sector 9), sino a otra anterior, de hace veinte años, que dio origen a la asociación. Aquel proyecto quería sepultar una zona adyacente, el sector 8. Entonces, Grima implicó a la Junta de Andalucía para paralizar los primeros trabajos y obligar a la constructora a realizar una investigación en el subsuelo.

“Lo vallaron todo y no se podía ver nada en el interior, pero empezaron a aparecer restos antiguos en una escombrera”. Grima apunta a la chispa que prendió el movimiento vecinal, receloso de lo que podría estar ocurriendo ahí dentro. “Como no nos dejaban ver nada, alquilamos un avión ultraligero para tomar fotografías de todo y enviarlas a la prensa”, relata este profesor de Historia jubilado. El revuelo mediático acabaría dando sus frutos: “Conseguimos parar la construcción”. La Junta indemnizó a la constructora con dos millones de euros en concepto de lucro cesante (lo que la empresa dejaba de ganar por no construir, pese a contar con licencia), y el citado sector 8 recuperó la protección que tenía desde 1979.

Amenazada desde el siglo XIX

Entonces nadie (o casi nadie) podría imaginar que el caso aún no estaba cerrado. La amenaza del hormigón seguía latente hasta dar la cara en la actualidad. Nada extraño, por otro lado, en una ciudad fenicia que no ha parado de afrontar desafíos desde el siglo XIX. Entonces, el atractivo de la zona era la riqueza mineral del subsuelo. En 1842 se instaló en la costa de Villaricos una fundición que aprovecharía el plomo rico en plata que se extraía en la Sierra Almagrera, una industria que generó un notable desarrollo industrial durante décadas. A principios del XX, la actividad continuó, aunque de una manera mucho más reducida. La infraestructura ya creada —galerías, túneles y caminos que permitían extraer y transportar los minerales hasta las fundiciones y las zonas de embarque— se siguió utilizando. “Hacia 1925, la minería comenzó a caer en desgracia por la fuerte competencia del sector del hierro en Marruecos”, explica Juan Grima. El régimen franquista trató de reactivar las minas de plomo, plata y hierro con la creación de una nueva empresa, pero en 1959 “aquello se fue a pique directamente y no volvió a haber más actividad minera”, aclara el profesor de Historia y editor.

Recreación virtual de la dársena de la ciudad fenicia de Baria

Desde entonces, el auge del turismo comenzó a sustituir el extinto pasado minero. Los terrenos de Villaricos situados junto al mar eran demasiado apetecibles como para respetarlos. “El auge como zona de veraneo hizo que la gente comenzara a apropiarse de los terrenos”, continúa Grima. Terrenos que terminarían en manos privadas, así que el ladrillo estaba llamado a convertirse en el nuevo peligro para Baria ya en el siglo XXI. Primero, con la promoción de apartamentos turísticos en el sector 8 que los vecinos lograron frenar. A continuación, con los planes inmobiliarios para edificar en el número 9. Este solar, de unos 1.300 metros cuadrados, se había declarado bien de interés cultural (BIC), pero el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía decidió suprimir esa protección en 2013 en la mitad de los terrenos, unos 600 metros. Una nueva promoción de 24 apartamentos de lujo hacía que la historia volviera a repetirse. “Como a finales de 2020 habían comenzado las excavaciones, en enero de 2021 hicimos una concentración junto a grupos ecologistas como la del mes pasado”, relata el presidente de Unidos por Baria.

La presión social, también de nuevo, logró frenar las obras. La Justicia paralizó la promoción y obligó a la constructora a realizar previamente una extensa excavación arqueológica, que se ha llevado a cabo en 2023. “Esta documentación es la clave para saber qué hay ahí abajo”, apunta Juan Grima. “Desde entonces, hemos hecho todo lo posible para que no empiecen a construir”, sostiene el profesor, que denuncia la falta de acceso a toda esa información. “No nos han dado ni un solo papel”, lamenta. Ante el riesgo real de que el proyecto siga adelante, Unidos por Baria decidió presentar una demanda con un amplio dosier informativo sobre la importancia de la antigua ciudad fenicia.

Aspecto de la antigua Baria, a través de inteligencia artificial

“Hemos escrito al alcalde (Antonio Fernández Liria, PSOE) y le hemos dicho que si da la licencia para construir puede arruinar el pueblo”, revela Grima, ante la posibilidad de que el solar multiplique su valor, y se repita la historia de hace dos décadas. “Nosotros queremos que toda la zona se convierta en un parque arqueológico, aprovechando los antiguos túneles mineros que conectan con la antigua necrópolis y la zona de los templos”, expone el presidente de Unidos por Baria. En Villaricos piensan en un nuevo desarrollo para la zona, esta vez, basado en el patrimonio y la arqueología, con referentes como la Geoda de Pulpí, la cavidad subterránea almeriense que se ha convertido en un fenómeno social y aspira a ser Patrimonio de la humanidad.

El Mediterráneo español, referente fenicio

“Se trata de un yacimiento de primera magnitud, una ciudad fenicia y luego romana que funcionó durante siglos, y que está entera, completa”, valora José Luis López Castro. El arqueólogo —que ha tomado el relevo de las primeras excavaciones, llevadas a cabo hace un siglo por el belga Luis Siret— señala los pasos a seguir para preservar el yacimiento y ponerlo en valor: “Lo primero sería que todas las zonas fueran de propiedad pública; a partir de ahí, habría que hacer un plan director para establecer futuras investigaciones e intervenciones, desenterrando lo que ya está excavado y ampliando lo necesario”.

Cartel que publicita la construcción de 24 viviendas en la zona arqueológica

En su opinión, Baria se convertiría en el principal referente de la civilización fenicia en la provincia de Almería —junto con la ciudad de Abdera, hoy Adra— y pasaría a formar parte de la nómina de enclaves más importantes del país, con la primitiva Cartago Nova (Cartagena, Murcia), La Fonteta (Guardamar del Segura, Alicante), Puig des Molins (Ibiza), Sexi (Almuñécar, Granada), Malaka (Málaga) o Gadir (Cádiz). “En España conocemos más de los fenicios que en otros países por la política de protección arqueológica de los últimos cuarenta años, que ha permitido recuperar información antes de que se ejecuten muchas obras”, explica López Castro.

Pero ¿por qué preservar la huella fenicia? Básicamente, porque muchos de los avances de lo que disfrutamos hoy por hoy proceden de esta cultura. El arqueólogo López Castro destaca “la escritura, el concepto de vida urbana y de ciudad y, después, la metalurgia o la arboricultura, con la introducción de cultivos específicos como los frutales, la vid o el olivo”. Como docente universitario, López Castro cree que “en términos generales, la cultura fenicia se conoce bien dentro de un programa que es muy amplio”, teniendo en cuenta también que el estudio de los fenicios “depende mucho de la arqueología, ya que hemos perdido su literatura”. No tan optimista se muestra en la enseñanza básica, donde “el currículum está perdiendo el estudio de la cultura clásica”. De ahí que preservar yacimientos como Baria sea la llave para conocer a nuestros antepasados, cuando lo clásico vuelva a ser moda.

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