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Halloween también es para las mascotas
Paqui Sánchez
Melilla, 26 oct (EFE).- Quedan pocos días para Halloween y la noche de difuntos, festividades para recordar a los seres queridos fallecidos. Entre ellos también están las mascotas, cuya pérdida supone un duelo para cada vez más familias españolas que comparten su hogar con animales de compañía.
La Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Melilla ha querido dedicar por primera vez esta tradición, reservada normalmente a las personas, a tantos perros, gatos y mascotas en general que se fueron para siempre dejando un hueco difícil de llenar en su entorno humano.
Y lo ha hecho siguiendo los pasos de México, donde cada 27 de octubre, en el inicio de los preparativos del Día de Muertos, las familias honran a sus mascotas fallecidas con la creencia de que sus almas regresan de nuevo a casa para ser recibidas con ofrendas como sus chucherías o juguetes favoritos.
Este domingo, quienes han pasado por las instalaciones de la Protectora han podido rendir su particular homenaje a sus amigos peludos fallecidos dejando su foto en un altar y encendiendo una vela por ellos. Luz que se mantendrá viva hasta mañana y que también se replicará en sus propios hogares con otra vela que la entidad ha regalado a quienes han participado en la iniciativa.
Lorena López, presidenta de la Protectora de Animales de Melilla, explica a EFE que esta tradición es muy desconocida en España, pero en la entidad han querido sumarse para rendir homenaje a las mascotas que ya no están, pero siguen viviendo en el corazón de sus compañeros humanos, como reza un cartel en el altar que han confeccionado.
Entre ellos, están Chino, Rambo, Fox o Daniels, algunos de los perros y gatos que han pasado por la protectora melillense en su más de medio siglo de vida y que murieron sin encontrar una familia. Sus fotos han sido las primeras en ser colocadas en el altar, que poco a poco ha ido llenándose de imágenes de otros animales que sí tuvieron la suerte de ser adoptados.
Durante toda la mañana, niños y mayores han seguido el ritual y, de paso, han echado una mano a la Protectora con su tienda solidaria o visitando las instalaciones donde están acogidos cerca de un centenar de animales sin hogar.
Por ellos, que siguen vivos y esperando una oportunidad, es también esta iniciativa de celebrar Halloween con los animales, como explica Lorena, ya que buscan mil y una maneras de fomentar las adopciones responsables, financiar su actividad y buscar voluntarios para una labor altruista en la que siempre faltan manos.
Un auténtico duelo
María es una de las melillenses que este domingo ha pasado por la Protectora para rendir homenaje a su gato, fallecido este mismo año después de casi media vida juntos. Sobrecogida, ha encendido la vela, reconociendo que aún le cuesta recordar a su amigo sin soltar una lágrima.
Y es que la pérdida de una mascota es un auténtico duelo, un momento muy duro no solo para la familia que sufre la pérdida. También para los propios veterinarios, como reconoce Francisco Germán Álvarez, uno de los más veteranos del gremio en Melilla y fundador de la Clínica Veterinaria Albeitar, la más grande de la ciudad autónoma.
“Son ya casi 35 años dedicado a los pequeños animales y no te acostumbras a ese momento de tener que darle descanso a ese animal que lleva contigo 15 o 16 años, que lo has visto crecer, desarrollarse, pasar por situaciones malas y lo has conseguido sacar adelante. Ese momento es muy duro tanto para sus tutores como para nosotros tener que hacerlo”, explica a EFE.
Se refiere a aquellos casos en los que la mascota ya no tiene calidad de vida y hay que recurrir a la eutanasia, una opción que con la nueva ley de bienestar animal solo la puede decidir el veterinario por la falta de otra salida que pueda ayudarle.
“Todo esto se complica más cuando vienen niños detrás de ese animalito. Explicarle a un niño pequeño que tenemos que dormir a su perro o que ha fallecido es bastante duro. Es más fácil explicarle la muerte de un pariente humano que la de una mascota que lleva con él toda la vida, muchas veces incluso desde antes de que naciera”, agrega.
Por eso, aunque el veterinario tiene asumida la muerte del animal porque “es una parte de la vida”, Francisco Germán Álvarez admite que es “el peor trauma” que tienen en su profesión, donde les toca cambiar el diagnóstico, cuidado y tratamiento por el acompañamiento a las familias que tienen que despedirse de su mascota y evitar, sobre todo, que a la tristeza le siga un habitual sentimiento de culpa que ahonda en el dolor de la pérdida.
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