56 kilómetros y una maleta para decir adiós a las últimas pesetas

Decenas de personas hacen cola delante de la sucursal del Banco de España en Bilbao para cambiar sus pesetas a euros

Silencio. Fuera los coches circulan, las tiendas levantan la persiana y las calles se llenan de personas que vienen y personas que van. Son las nueve de la mañana y la Gran Vía de Bilbao ya está despierta, pero en la sucursal del Banco de España solo se escucha el silencio. Bajo la mirada de cuatro cariátides que presiden la fachada, dos carteles con el imperativo “Cambie sus pesetas por euros” cuelgan de las ventanas del edificio, entre columnas de estilo corintio, uno en castellano y otro en euskera, y otros dos presiden el patio de operaciones, donde 12 ventanillas han sido testigo de la llegada incesante de personas durante los últimos tres días. Se acabó, no más colas. El 30 de junio, miércoles, terminó el plazo para cambiar las pesetas por euros. La posibilidad de canje comenzó hace casi 19 años, cuando el 1 de enero de 2002 entraron en circulación los billetes y monedas de euro en los doce países que formaban parte de la unión monetaria aquel año, entre ellos, España, y los tres miniestados invitados. 

La peseta estuvo circulando 59 días más, hasta el 28 de febrero de ese año. A partir de esa fecha, aquellos que quisieran deshacerse de sus antiguas pesetas podían acudir a cualquiera de las quince sucursales del Banco de España y solicitar, previa identificación, el cambio a euros. “En Bilbao ha habido canjes diarios de aproximadamente medio millón de pesetas (3.005 euros) durante casi veinte años”, explica el director de la sucursal en Bilbao, Iñaki Mediavilla. El tipo de cambio era de un euro por cada 166,386 pesetas y se podían canjear todos los billetes posteriores a 1939, cincuenta diferentes en total, y las monedas que estuvieran en circulación en enero de 2002, de 1, 5, 10, 25, 50, 100, 200 y 500, incluidas las de colección o conmemorativas, así como las de plata de 2.000 pesetas. La excepción eran los billetes emitidos durante la Guerra Civil, entre 1936 y 1939, que requerían un análisis previo de los expertos del Banco de España antes de ser canjeados. En aquellos años, decenas de entidades locales de ambos bandos emitieron papel moneda.

Para Mediavilla, junio representa “el cierre de una etapa importante en el Banco de España, porque es quien puso en circulación las pesetas (se aprobó su uso en octubre de 1868 y la primera acuñación es de 1869) y quien ahora ha cerrado ese proceso”. Ese cierre estaba previsto para el 31 de diciembre de 2020, pero debido a las limitaciones de movilidad por la pandemia de la COVID-19 y la imposibilidad de algunas personas de desplazarse para realizar el cambio, el banco decidió ampliar el plazo hasta el 30 de junio de 2021. “Como se prolongaba el plazo, la gente se relajó. En enero hubo bastantes canjes, pero nada que ver con lo de estos últimos tres días”, indica Mediavilla. “De enero a mayo de 2021 se canjeaban una media aproximada de 800.000 pesetas al día, casi 5.000 euros, pero esta última semana el cambio ha aumentado sustancialmente y el lunes, martes y miércoles ha habido colas tremendas”. 

María Isabel lo sabe bien. El martes a las 9:15 ella y su marido eran los últimos de la cola, que salía de la puerta del banco en la Gran Vía, torcía hacia la alameda de Mazarredo y daba la vuelta hasta introducirse tímidamente en Ledesma. Ambos son de Bilbao y era la segunda vez que lo intentaban. La primera les pudo la espera, pero esta vez no. Ella llevaba las monedas y un billete, uno solo, en una bolsa de plástico: “Me enteré el otro día leyendo el periódico. Tengo monedas de 25 pesetas de cuando nos casamos. Querría haberlas llevado a un joyero para que me las limpie, pero las tenía en un cajita y digo ‘pues las cambio también’, que me den lo que sea. ¿Para qué las quiero?”. Casi dos horas después, a las 11:03, ya eran los primeros a la entrada del edificio. Ese fue “el día que más gente hubo”, recuerda el director de la sucursal. Y el que más dinero se cambió: aproximadamente 30 millones de pesetas (180.000 euros). El viernes anterior fueron 5 millones, el lunes 11 millones y el miércoles, último día y que más operaciones se realizaron, pero todas ellas de menor valor, se cambiaron 9 millones de pesetas. 

“Las cantidades que traían eran pequeñas, 20, 30 o 40 euros más o menos. Hay quienes estuvieron tres horas esperando y se llevaron 4 o 5 euros”, cuenta Mediavilla, tranquilo en su despacho ahora que el frenesí de las últimas semanas ha pasado. Es el caso de María Nieves González. No es la primera vez que cambia pesetas a euros. Su marido coleccionaba series de billetes y de monedas, y ha venido periódicamente: “La última vez fue el verano pasado, traje unas 3.000 pesetas, y me dijeron que tirase el resto, que no valían. Tiré un montón de monedas”. Desde entonces se había olvidado del tema de las pesetas, pero el lunes por la tarde oyó en el telediario que se terminaba el plazo y decidió buscar las que le quedaban en casa para cambiarlas. “Ayer vi la cola y esta mañana me ha entrado la cosa. Aunque sean 10 euros, me da igual. Me tomo un café”, explicaba María Nieves el martes. Unos puestos más atrás en la fila, casi al final, esperaban Virginia Arquillo y Demetrio Viñarás. Venían desde Elgoibar, a 56 kilómetros, y cargados con una maleta azul llena de monedas y billetes. “Nos hemos quedado alguna para tener de recuerdo, pero venimos solo para esto y esperaremos lo que haga falta”, contaba Virginia. Para entonces otras cinco personas ya se habían sumado a la cola. 

El horario de atención al público era de 8:30 a 14:00, pero desde las ocho menos cuarto ya había personas en la puerta de la sucursal. Mediavilla explica que han utilizado “todos los recursos” que tienen, “tanto materiales como humanos”, y que los empleados del Banco “se han volcado en esta operación”. Alfredo Zoreda es uno de ellos. Trabaja como auxiliar administrativo en la sucursal de Bilbao y del lunes al miércoles estuvo ayudando y resolviendo dudas a las personas que hacían cola para entrar en el Banco. “La gente se tira aquí tres, cuatro horas, y hay de todo. Hay quienes te vienen con 100 pesetas y otros con un millón. Algunos vienen de lejos con 150 pesetas y no merece la pena, pero insisten en que se las quieren quitar”, asegura. Él mismo había cambiado hace poco 6.000 pesetas (36 euros). “Somos la leche”, reconocía. 

“¿Pesetas de Franco? No, eso no tiene valor”

El Banco de España ya no cambia más pesetas y las monedas que durante los últimos 19 años hayan entrado en alguna de sus sucursales serán enviadas a reciclar, se fundirán y desaparecerán, puesto que carecen de valor económico. Es lo que Blanca González y Guillermo García llevan semanas explicando a quienes se acercan a Numismática Bilbao, en la calle Mazarredo, justo detrás de la sucursal del Banco de España, y donde ambos trabajan. El martes a las 9:30 de la mañana ya habían recibido más de seis llamadas y han llegado a tener colas de hasta 12 personas en la puerta de su tienda. Este último año, desde diciembre, unas 1.000 o 1.2000 personas han acudido a la Numismática a preguntar si las pesetas que guardaban en casa tenían algún valor añadido o eran modelos especiales. “Muchos vienen con pesetas usadas de la época de Franco y creen que se han convertido en pesetas con valor, y muchos vienen aquí antes de ir al banco, por si valen más”, comentaba ella.

Insistía en que las únicas monedas que valen algo más son las de 2.000 pesetas. Pero no por la moneda en sí, sino por el peso de la plata. “Todo es '¿compra usted monedas?', 'sí', '¿compra pesetas de Franco?', 'no, eso no tiene valor'. Ahora todo lo que traigan va a ser al peso y si se lo puedo colocar a un chatarrero bien, pero nada más”, aseveraba. Guillermo coincide con Blanca y este martes explicaba que durante el último año las visitas a la tienda “han sido exageradas” y que “la gente venía con bolsas y sacos para ver si sus pesetas valían”. “Y no valían”, resume. Según Guillermo, aquellas monedas que pudieran tener algún valor añadido “nunca han estado en circulación” y es “muy raro” que alguien las tenga en casa. Para que una moneda acuñada durante la dictadura de Franco tenga valor debe formar parte de las “colecciones de pruebas numismáticas” de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y que se acuñaban anualmente. “Las monedas 'difíciles' venían en esas carteras de colección y eso no ha estado en el bolsillo de nadie, tenías que ir a comprarlo expresamente”, indicaba Guillermo. 

“La peseta es historia de este país”, solemniza Mediavilla. 133 años años vigente, 19 años resistiendo en rincones, bolsillos, cajones y maletas, y tres días de intensa despedida. Sí, los duros, las rubias, las lentejas y las perras gordas ya son definitivamente historia.

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