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EA, la escisión liderada por el lehendakari Garaikoetxea que partió al PNV: de las discrepancias a la “lucha por el poder”

Carlos Garaikoetxea, en un mitin de presentación de Eusko Alkartasuna en el velódromo de Anoeta, en Donostia, en 1986

Rubén Pereda

Vitoria —
5 de mayo de 2026 21:33 h

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Carlos Garaikoetxea, fallecido este lunes, fue el primer lehendakari en democracia. Con el PNV llegó a ser el primer presidente del Gobierno vasco tras la dictadura y se desempeñó en el cargo entre 1980 y 1985. Al año siguiente, y tras una serie de desavenencias, rompió con el partido y fundó uno nuevo con el que concurrió a los comicios de 1986, Eusko Alkartasuna (EA). La ruptura es uno de los hitos más destacados de la historia política vasca reciente, aunque la reconciliación parece ya total a la luz de los mensajes conciliadores llegados en las últimas horas.

Con Garaikoetxea al frente del Ejecutivo vasco se sentaron las bases del andamiaje de la Euskadi que se construyó tras la muerte de Franco. Se le reconoce, de hecho, como el arquitecto de la Euskadi moderna. Pero en el seno del partido nacieron unas discrepancias que fueron creciendo con el paso del tiempo, dieron lugar a dos corrientes irreconciliables y condujeron finalmente al divorcio.

En un primer episodio, los representantes navarros acabaron fuera del partido: según unos, expulsados; según otros, autoexcluidos. Las desavenencias internas crecieron después también por los diferentes puntos de vista sobre las competencias que debían ostentar las diputaciones forales. Al final, Garaikoetxea acabó dimitiendo como lehendakari. A las siguientes elecciones concurrió ya como cabeza de lista de EA, que se presentó como un partido socialdemócrata y bajo el lema “Recuperar la ilusión”. El PNV ganó en votos en las urnas, pero por primera vez —y única hasta ahora— otro partido tuvo más escaños que la formación 'jeltzale'.

El libro 'La escisión del PNV y el origen de EA', escrito por Iñaki Agirregomoskorta y publicado recientemente, recoge testimonios de algunos de los protagonistas de aquel episodio de la historia política vasca. De uno y otro lado, los protagonistas rememoran el contexto que condujo a la escisión y la creación de EA en 1986, así como las consecuencias que aquello tuvo.

Gran afluencia de asistentes a un mitin de presentación de Eusko Alkartasuna en el velódromo de Anoeta, en Donostia, en 1986

Inmaculada Boneta: “Sabíamos que nos esperaban dificultades”

Inmaculada Boneta, que fue parlamentaria, recuerda la escisión como un asunto “duro”. Aunque considera que las discrepancias eran variadas, apunta a las relacionadas con la institucionalización de Euskadi —lo que denomina el “diseño del modelo de país”— como las más relevantes. “Creíamos algunos que necesitábamos un Gobierno fuerte para construir el país que la dictadura había desbaratado”, señala. Las discrepancias se plasmaban tanto en el modelo político como en el de sociedad. Su impresión es que, además, al lehendakari Garaikoetxea se le estaba dando un mal trato.

Y llegó la escisión, con unos que se fueron por un lado a la nueva formación y otros que se quedaron en el PNV. “Los que optamos por EA sabíamos que nos esperaban dificultades. Las siglas son muy importantes y el PNV era muy reconocido; muchos, entre los que optaron por el PNV, estuvieron de acuerdo con nuestros planteamientos, pero se vieron 'impelidos' por la tradición familiar, las necesidades personales o sus aspiraciones políticas que sabían peligraban en un futuro”, asevera.

Juan María Juaristi: “No era otra cosa que lucha por el poder”

Juan María Juaristi, conocido como 'Zeler' y apenas jubilado hace unos meses de la primera línea, fue dirigente del PNV en Gipuzkoa. Esboza el siguiente contexto: “Tras la larga noche del franquismo, en las primeras elecciones democráticas al Congreso de los Diputados en 1977, buena parte de la opinión publicada no creía en las posibilidades del 'viejo Partido', al que reconocían haber mantenido la llama viva de la lucha antifranquista durante cuatro décadas pero que, en los últimos años, había sido superada por la actuación de lo que ahora se autodenomina izquierda soberanista”. El PNV, sin embargo, contó con un fuerte apoyo de la “memoria histórica” y “se tuvo que encargar de poner en marcha todo el entramado institucional de lo que conocemos hoy en día”, sostiene. Con Garaikoetxea al frente, “en un plazo de tiempo muy corto se procedió a construir la arquitectura institucional de Euskadi y prácticamente todo lo que ahora nos parece normal no existía en 1980”.

La unidad del partido se fue resquebrajando, según la tesis de Juaristi, por las discrepancias entre el Gobierno vasco y las Diputaciones. La “excusa para la escisión”, como la llama, fue que los diputados generales de Bizkaia y Álava, José María Makua y Emilio Guevara, “empezaron a intervenir en asuntos que en teoría le correspondían en exclusiva al Gobierno vasco”. “Esto provocó muchísimas horas de debates y discusiones cada vez más duros. Todas estas discusiones y sesudos argumentarios expuestos por las partes enfrentadas no eran otra cosa que lucha por el poder”, argumenta. “En los 129 años de vida del PNV ha habido de todo y una coyuntura como la que se dio entre 1980-1986 no significaba que había que darle preeminencia al Gobierno anulando al partido. Era un movimiento cortoplacista”, dice sobre la escisión.

Con respecto a la salida de la parte navarra, Juaristi es muy tajante: “Fue una tragedia, se actuó con demasiada rigidez aplicando los Estatutos del Partido sin margen para la interpretación”. “Se sacrifica un territorio para mantener los pactos en el resto de territorios y en esa balanza, la expulsión de la ejecutiva fue un desgarro”, añade.

Acto de presentación de Eusko Alkartasuna en Donostia en 1986

Román Sudupe: “Se han sentido desamparados y frustrados”

Román Sudupe presidió el Euzkadi Buru Batzar, fue viceconsejero de Interior del Gobierno vasco y después diputado general de Gipuzkoa. Sitúa el auge de las “desavenencias” dentro del PNV en el año 1983. Explica que habían confluido en el partido “distintos grupos y tendencias políticas que se formaron en la clandestinidad”. La salida de los representantes navarros la describe con estas palabras: “el máximo órgano del Partido, constituido previamente como Tribunal, decidió considerar como autoexcluida a toda la estructura organizativa del Partido en Nafarroa”. “[...] la Asamblea nacional consideró que toda la estructura organizativa de Nafarroa —que contaba con el apoyo del Lehendakari Garaikoetxea— se había autoexcluido del Partido”, reitera más adelante. Se refiere a esta salida como el “inicio de la escisión” que se consumaría en 1986.

La situación se agravó, prosigue, a raíz de la puesta en marcha de la ley de los territorios históricos. “Si a esa situación política interna, en la que los disidentes incluso llegaron a solicitar (en las elecciones de junio de 1986) no votar al Partido en el que militaba, se añade el convencimiento de que podían relevar electoralmente al PNV, bajo el liderazgo del Lehendakari Garaikoetxea, la escisión era cuestión de escoger el momento oportuno: el adecuado para prepararse para las próximas elecciones al Parlamento Vasco, setiembre de 1986”, sostiene. “La visión y objetivos políticos de los escindidos eran muy distintos a los del partido matriz”, zanja.

Sudupe defiende también que la imagen pública de la que gozaba Garaikoetxea era “inmejorable”. “Estoy convencido de que, posiblemente, personas que con la mejor voluntad optaron por la escisión al considerarla como lo más conveniente para el País, con el tiempo, muchos de ellos se han sentido desamparados y frustrados”, añade.

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