Osakidetza ha detectado al menos 391 casos potenciales de mutilación genital femenina desde 2013
En Euskadi se han registrado, al menos, 391 posibles casos de mujeres víctimas de mutilación genital desde 2013 hasta el 30 de abril de 2026. Son los datos facilitados por el Servicio Vasco de Salud (Osakidetza) al Parlamento Vasco, aunque se ha omitido la información relativa a 2015 que podría cambiar la suma final. 115 de las atendidas tenían menos de 13 años y otras 17 eran menores de 20.
A solicitud de Vox, el consejero de Salud, Alberto Martínez, ha remitido un informe con estadísticas sobre la mutilación genital femenina en los últimos trece años. Los casos en lo que va de año han sido 17 y 2025 fue el año con más desde que se inició la serie de datos, con 76 víctimas potenciales.
Desde la pandemia se ha apreciado un incremento, con un máximo de 26 atenciones anuales antes de 2020 y un mínimo de 27 después de ese año.
Por edades, las mujeres más afectadas son las niñas de hasta 13 años, que concentran el 29% de los casos totales. A ellas se suman otras 17 por debajo de 20 años y que podrían ser también menores de edad en muchos supuestos. Por lo demás, son 102 veinteañeras, 115 treintañeras, 36 cuarentañeras y seis mujeres de 50 o más años. Por países de origen, hay 102 víctimas con nacionalidad de Nigeria y 95 españolas. El siguiente país en la lista sería Malí, con 43 casos detectados.
El Servicio Vasco de Salud dispone de una guía para responder ante casos de mutilación genital femenina desde 2016 y que está realizada en colaboración con Emakunde, el Instituto Vasco de la Mujer. En su frontispicio indica que es una “práctica perversa” y “una grave vulneración de los derechos de las mujeres y de la infancia”. En aquel momento se mencionaba que podría haber en Euskadi 1.000 niñas en riesgo por tener su origen en países donde es una práctica tolerada.
Según la Organización Mundial de la Salud, existen diferentes tipos de mutilación en función de su gravedad. El protocolo ofrece detalles de cada uno de ellos para que los profesionales de Osakidetza los conozcan. Esta práctica puede generar problemas por “complicaciones” en el momento, pero también alteraciones a largo plazo, tanto físicas como mentales. Es algo “éticamente inadmisible”, insiste el protocolo, que remarca que respetar culturas y costumbres extranjeras no implica aceptar prácticas contrarias a los derechos sexuales más elementales. Desde hace una década, el personal de Osakidetza se está formando para detectar posibles situaciones de riesgo.
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