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La familia de la mujer asesinada en Vitoria tilda de “sorpresa desagradable” que no se acepte la agravante de violencia de género

Un cartel de protesta contra la violencia machista, en los aledaños del palacio de Justicia de Vitoria

elDiario.es Euskadi

Vitoria —

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La abogada de la familia de Maialen Mazón, asesinada de 13 cuchilladas el 26 de mayo de 2023, cuando se encontraba embarazada de dos mellizas y estaba en la habitación de un apartahotel de Vitoria junto con su hija de dos años, ha explicado que ha sido “una sorpresa muy desagradable” que el jurado, que ha declarado culpable de asesinato con alevosía a la pareja de la víctima, Jaime Roca, no haya aceptado la agravante de violencia de género.

La letrada Cecilia Piris ha dicho que, por un lado, tienen “una sensación dulce” tras conocer el veredicto del jurado y, por otra, “amarga”. “Estamos muy satisfechas de que no se hayan apreciado ni eximentes ni atenuantes, que era muy importante para nosotras que se le hiciera responsable plenamente de sus actos, que no aceptara la tesis defensiva de que actuó con las facultades anuladas o que no sabía lo que hacía”, ha indicado en declaraciones a Europa Press.

Para la acusación particular, eso sería “un insulto a la memoria de Maialen”. No obstante, ha mostrado su pesar por que no se han aceptado la agravante de ensañamiento psíquico y moral, porque la abogada defendía que se agravó el sufrimiento de la víctima al estar presente la hija de dos años. En todo caso, se ha congratulado de que pudieran convencer del ensañamiento a seis de los nueve miembros del jurado, aunque no hayan logrado la mayoría reforzada de siete votos. “Era difícil al no verse lo que había ocurrido en esa habitación y lo veíamos más complicado”, ha manifestado.

Lo que sí ha sido “una sorpresa muy desagradable” para la abogada de la familia de Maialen es que el tribunal popular no haya determinado que se cometió violencia de género. “Yo estaba convencida de que habíamos explicado suficientemente por qué había una relación de violencia en el tiempo entre ellos y por qué la culminación de ese machismo, de ese control, fue el asesinato”, ha subrayado. A su juicio, esto refleja una falta de concienciación todavía en la sociedad. “Es una razón por la que nos tenemos que seguir esforzando día a día para explicar lo que es la violencia de género, la violencia machista”, ha manifestado.

Piris ha dicho que “a una víctima con un ojo morado todo el mundo la interpreta como víctima, porque es fácil de ver, pero el maltrato psicológico, que es el que tenía Maialen, es más difícil”. “Y si además a eso le sumas esa conducta de volver voluntariamente con el agresor, que es muy típica y muy normal, que es de manual en las víctimas, a algunas personas les cuesta entenderlo”, ha destacado.

En todo caso, ha dicho que han convencido a la mayoría del jurado porque se consiguió el voto de seis contra tres, aunque tampoco en este caso salió la mayoría reforzada de siete que se necesita. Para la letrada, ha influido el prejuicio de que la víctima “no fuera una persona intachable, con problemas de alcoholismo” o que exigiera dinero a su marido. “Se concibe como que no hay una situación de dominación. Parece que las víctimas tienen que atenerse a cierto perfil muy específico, con connotaciones casi cristianas, de moral impecable, una mujer sumisa, sometida, callada, tímida o apocada. Si te sales de ese guion es más difícil que se conceptualicen como víctima y no porque no lo seas”, ha manifestado.

Piris ha recordado que las acusaciones mantienen que se le imponga al acusado, J.R, la máxima pena de 25 años por el crimen, al considerar que, desde una perspectiva técnica, el hecho de que no se hayan aceptado estas agravantes no afecta tanto a la condena porque se le atribuye asesinato con alevosía con agravante de parentesco. “Nos movemos ya dentro de la mitad superior de la pena, estamos entre los 20 y 25 años en el caso del asesinato”, ha explicado. Además, ha destacado que el jurado también le haya declarado culpable de los dos abortos (la mujer estaba embarazada de mellizos) y del abandono de menor, la hija de dos años, que permaneció 18 horas sola en la habitación en la que fue asesinada su madre. De esta forma, ha indicado que “entra en juego el límite máximo de cumplimiento, por lo que llega un momento en el que acumular más años no tiene ninguna consecuencia real”, pero sí “simbólica”.

La asociación Clara Campoamor, que ejerce la acusación popular en el caso, estudia denunciar al Gobierno vasco “por mal funcionamiento de los servicios públicos” después de que la Ertzaintza rebajara el nivel de “riesgo extremo” a “riesgo bajo” a la víctima. Maialen estaba registrada en el sistema estatal VioGen en situación de “riesgo extremo”, pero la Policía autonómica vasca rebajó su nivel a “riesgo bajo” poco antes del crimen, tras entrevistarse con ella cuando llegó a Vitoria procedente de la Comunidad Valenciana y conocer que quería retirar la denuncia contra su pareja.

El marido de la joven ya había quebrantado en varias ocasiones, durante el tiempo en que residieron en diversos municipios valencianos, la orden de alejamiento que pesaba sobre él por violencia de género hacia su pareja, si bien estos quebrantamientos se produjeron con el consentimiento de la víctima.

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