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El Edén extremeño, amenazado por los recortes de Bruselas al cultivo de tabaco

Varias personas trabajan el una explotación de Tabaco en la comarca extremeña de La Vera

Santiago Manchado

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Las comarcas de La Vera y Campo Arañuelo, en el noreste de Extremadura, son zonas privilegiadas por su gran valor natural y medioambiental, y por un paisaje marcado por la Sierra de Gredos y un enorme valle con multitud de tonalidades en la depresión del río Tiétar. Tienen un sector turístico pujante y no han logrado permanecer ajenas al boom de las energías renovables. A ambos lados de sus carreteras infinitas se pueden encontrar plantas de energía solar, que ofrecieron numerosos puestos de trabajo durante su construcción pero que fueron desapareciendo cuando ya solo era necesario su mantenimiento.

Junto a estas instalaciones es mucho más frecuente encontrar la verdadera industria de estas comarcas: el tabaco. Es el auténtico motor económico y social, del que dependen miles de personas. Según los datos de la Organización Interprofesional del Tabaco (OIT), España es el tercer país productor de Europa, por detrás de Italia y Polonia, y Extremadura es la mayor región productora del continente, donde se encuentran más del 97% de las explotaciones y se producen 29 millones de toneladas cada año.

Pero el futuro del cultivo, y por lo tanto de los más de 4.000 empleos directos e indirectos que genera, están amenazados por la nueva reforma de la Política Agraria Común (PAC), según advierten las organizaciones Cooperativas Agroalimentarias de Extremadura, UPA-UCE y Asaja. Temen que los recortes exigidos por Bruselas, y que pasan por reducir el número de regiones productoras, afecten de lleno a un sector “históricamente maltratado” por la política europea.

Un cultivo social

Según sus cálculos, perder el tratamiento que el tabaco tiene en la actualidad supondrá dejar de percibir alrededor del 50% de las ayudas, es decir, unos 14 millones de euros. Los agricultores y ganaderos españoles reciben unos 5.000 millones de euros en ayudas de la PAC, y de esos, 500 millones son para Extremadura.

“Nosotros estamos hablando solo de 14 millones de euros, una cantidad pequeña pero que para nosotros significa el futuro del tabaco y del norte de Extremadura”, explica Juan José Manzanedo, presidente de la Sectorial de Tabaco de Cooperativas Agro-Alimentarias Extremadura.

Los productores insisten en que sin ese dinero de Europa el cultivo no sería viable porque la industria “paga por debajo de los costes de producción y lo que se perdería en ayudas no se recuperaría a través de los precios”, añade el secretario general de UPA-UCE Extremadura, Ignacio Huertas.

La conclusión, según los agricultores, es que el cultivo y todo el sector estarían abocados a la desaparición, lo que, además, sería un “golpe” para la economía del norte de Cáceres por las decenas de empresas auxiliares y las industrias transformadoras, que, a su vez, crean numerosos puestos de trabajo.

Las organizaciones agrarias esgrimen este cariz social para poner en valor su importancia y buscar el apoyo a sus reclamaciones, aunque agentes sociales y ayuntamientos, con independencia de su signo político, han mostrado su respaldo a los productores. Según Ignacio Huertas, también cuentan con el apoyo de la Junta, que, aunque admite que no será sencillo que la región tabaquera tenga cabida como tal en la reforma de la PAC, se ha comprometido a pelear con el Ministerio para conseguirlo.

El gerente de Asociaciones Agrupadas TAB, Dionisio Sánchez, destaca la mano de obra que emplea el tabaco, sobre todo durante la primera transformación, donde el 54% del empleo es femenino. Según la OIT, el tabaco crea 1,85 empleos por cada empleo directo, supone el 18% del total de las exportaciones de la provincia de Cáceres y genera 139 millones de euros.

Mientras que la tasa de paro en Extremadura ronda el 21%, según datos de la EPA, en las poblaciones de estas comarcas es siete puntos menor porque cada hectárea necesita unas 2.000 horas de trabajo.

“Aquí no tenemos a la Renault”

Unas cifras que también resalta el alcalde de Talayuela, la ‘Capital del Tabaco’, como indica el lema de esta población de 7.300 habitantes, Ismael Bravo. El primer edil calcula que más del 70% del tejido empresarial de estas comarcas se nutren del tabaco, con numerosas empresas auxiliares, como talleres de reparación para la maquinaria de las explotaciones o fitosanitarios.

Más allá de que el tabaco sea la palanca de impulso para otros sectores y del empleo que genera, Bravo resalta que ha logrado fijar población al territorio en mayor medida que en otras comarcas de Extremadura. Además, se da otra circunstancia y es que el cultivo ha logrado atraer a población emigrante que se ha quedado en los pueblos. De hecho, el 29% de los habitantes de Talayuela es de origen marroquí, que a pesar de la progresiva mecanización del tabaco han optado por quedarse y trabajar como mano de obra en otros cultivos.

“Son datos suficientes para darse cuenta de que la desaparición del cultivo del tabaco sería una catástrofe social porque es nuestra industria y es la única que tenemos. Aquí no tenemos a la Renault, nuestra industria es el tabaco”, reivindica el representante de UPA-UCE.

Los precios

El dinero europeo ha sido fundamental para el mantenimiento de todo este 'ecosistema' porque alrededor del 20% de los ingresos de los agricultores proviene de la venta del tabaco y el 80% restante es de Bruselas. Juan José Manzanedo asegura que cada hectárea –el tamaño medio de las explotaciones no llega a diez– requiere una inversión de 8.000 euros y los precios de venta a las multinacionales no los deciden los agricultores.

La intermediación es responsabilidad de la Compañía Española de Tabaco en Rama (Cetarsa), que pertenece al Grupo SEPI y se encarga también de la primera transformación del tabaco. Los clientes finales son las compañías, Imperial Tobacco Group –marcas como Fortuna, Nobel y Ducados rubio–, Japan Tobacco International –Winston y Camel– y Philip Morris International –Marlboro, Chesterfield, L&M–. British American Tobacco, que cuenta con las marcas Lucky Strike y Pall Mall, entre otras, hace varias campañas que dejó de comprar tabaco español, a pesar de que su cuota de mercado en nuestro país está alrededor del 10%.

La relación con todas las multinacionales, excepto con esta última, es fluida, lo que no quiere decir que los productores de tabaco sean ajenos a la problemática del resto de la agricultura: los precios. Por ello, UPA-UCE también reclama que se introduzca en la Ley de la Cadena Alimentaria.

Pero es Philip Morris, según Dionisio Manzanedo, la que ha mostrado una mayor implicación con el territorio con la instalación de una fábrica de cigarrillos electrónicos y la puesta en marcha de un programa formativo junto con la Universidad de Extremadura para innovar en la transformación de un sector cuyo futuro, según las multinacionales, está en el tabaco sin combustión.

Sin alternativas

No obstante, Ignacio Huertas señala que el sector extremeño está “muy profesionalizado y unido” porque siempre “hemos tenido la espada de Damocles de Europa encima” y desde el desacoplamiento de las ayudas al cultivo han invertido buena parte del dinero que perciben en modernizar las instalaciones, apostar por secaderos colectivos y cumplir con objetivos sanitarios y medioambientales, como el uso de biomasa y la utilización sostenible de productos fitosanitarios y orgánicos.

Ante el “maltrato histórico” que ha recibido el tabaco, en palabras del gerente de Asociaciones Agrupadas TAB, han sido varios los estudios y propuestas analizadas para la sustitución del cultivo, pero ninguna se ha materializado. En 2014 se habilitaron fondos para estudiar otras alternativas pero no se presentó ninguna propuesta porque “la realidad es que no hay alternativa”, insiste Huertas.

Hay casos de éxito de agricultores que han apostado por el kiwi o el almendro, pero son experiencias aisladas. “Tendría que ser un cultivo singular porque si cambiamos ahora para poner frutales u hortalizas a muy pocos les saldría rentable porque son explotaciones pequeñas y, además, llegaríamos los últimos a los canales de comercialización”, señala Manzanedo.

Dionisio Sánchez advierte, además, que ningún otro cultivo genera tanto empleo a lo largo de la cadena, ni tiene esas tasas de empleo femenino, además de ser un “ejemplo de desarrollo social y rural”.

El alcalde de Talayuela también es tajante: “Estoy de acuerdo en que hay que buscar alternativas al cultivo del tabaco pero para mí la alternativa es más tabaco”.

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