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El “joven agradable” que Trump puso bajo sospecha: la lección de resistencia de Alfred Williamson en la Universidad de Extremadura

Williamson, en una imagen de ayer en el centro de Cáceres

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Las facultades de Derecho y de Formación del Profesorado de la Universidad de Extremadura (UEx), situadas en el corazón del campus de Cáceres, han sido esta semana mucho más que centros de estudio. Se han transformado en un laboratorio de realidad política internacional. La visita de Alfred Williamson, el estudiante de Física y Políticas de la Universidad de Harvard que saltó a los titulares globales en 2025, ha removido las certezas ideológicas de un alumnado que, hasta hace apenas unos días, observaba la política de Donald Trump como un espectáculo lejano a través de las redes sociales.

La historia que Williamson ha relatado en el auditorio cacereño es la de una vida académica que se puede ver truncada por la geopolítica. En mayo de 2025, tras un viaje de vacaciones a Copenhague, este joven galés de 21 años descubrió que no podía regresar a sus clases. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos había revocado la capacidad de Harvard para retener estudiantes internacionales, una medida de presión en la cruzada de la administración Trump contra la transparencia de la prestigiosa institución.

“Me sentí deshumanizado, utilizado como un peón en una disputa política que nada tenía que ver con mi rendimiento académico”, explicó Williamson ante un público atento. Miles de estudiantes se encontraron, como él, en un limbo legal y humano. Pero su caso tuvo una relevancia especial cuando el propio Donald Trump, tras su reelección en 2024, se refirió a él directamente en una rueda de prensa: “Vi a un joven agradable del Reino Unido que quiere volver a Harvard, y me pareció bien, pero tengo que verificarlo”.

El lenguaje del autoritarismo

Esa “verificación”, la sospecha sistemática de que un estudiante de Física pueda ser un peligro para la seguridad nacional o los valores americanos, ha servido en la UEx, de la mano del profesor Enrique Hernández, para ilustrar cómo el autoritarismo utiliza un lenguaje falaz para normalizar el control. Lo que bajo una apariencia amable parece una gestión burocrática, es en realidad un mecanismo de represión.

Parece que el impacto del estudiante en Cáceres ha sido profundamente emocional. Toñi Paín, profesora en la Facultad de Formación del Profesorado, ha observado con interés cómo el testimonio del joven ha calado especialmente en los varones jóvenes, un perfil a menudo permeable a los eslóganes virales y a la imagen de éxito y poder que proyecta Trump en TikTok o X.

“Escuchar a alguien de su misma edad contar las consecuencias reales de esas políticas les ha hecho abrir los ojos y plantearse los discursos más allá de lo superficial”, señala la docente. Para muchos, el mandatario estadounidense ha dejado de ser una figura de éxito para convertirse en el responsable de una injusticia tangible.

El joven galés, impartiendo su conferencia en la Facultad de Formación del Profesorado

Durante sus intervenciones, Williamson no se limitó a la anécdota personal. Elevó el tono académico comparando las presiones federales que sufre Harvard con la 'Reforma Gentile' de los años 20 y 30, el proceso de control ideológico de la universidad impulsado por el fascismo italiano. Advirtió con lucidez sobre cómo la “seguridad nacional” se convierte en la excusa perfecta para imponer la autocensura en los centros de pensamiento libre, señalando que las universidades son siempre el primer blanco de los patrones autoritarios.

La herencia de Levitsky y el valor de los “compañeros valientes”

Alfred Williamson no camina solo en su análisis. Reconoce que la mecha que encendió sus protestas está inspirada por su profesor de Gobierno en Harvard, Steven Levitsky, autor del revolucionario libro Cómo mueren las democracias. Levitsky, experto en sistemas de partidos y autoritarismos competitivos en América Latina, ha sido el guía intelectual de un Williamson que se niega a aceptar que las instituciones fuertes sean invulnerables.

Pero hay un factor humano que también le empujó a la primera línea: el ejemplo de sus compañeros. Williamson relató en Cáceres cómo ver a amigos judíos, musulmanes o afroamericanos, quienes por sus características físicas o creencias podrían sentir más miedo bajo el gobierno de Trump, mantenerse firmes y no acobardarse, le obligó a él a no escudarse en su posición.

Antes de concluir su paso por España, el joven galés lanzó una reflexión final que resuena con fuerza en un mundo globalizado. Recordó que si América quiere volver a ser grande (Make America Great Again), necesita, como siempre, atraer a las mejores mentes del planeta, sin importar su origen.

Puso como ejemplo a Elon Musk, el sudafricano que lidera algunas de las compañías más influyentes del mundo. Williamson defiende que, aunque él no se considere una “mente brillante” al nivel de los grandes genios, pertenece a ese tipo de personas de las que las naciones y empresas se benefician enormemente si se les permite trabajar en libertad.

Su mensaje final para los jóvenes extremeños fue una llamada a la resistencia civil: “La verdadera ley del silencio triunfa cuando uno mismo se la impone; nadie puede imponértela desde fuera, por eso no debemos callar”. Williamson se marcha de Extremadura habiendo sembrado una semilla de espíritu crítico en una parte de una generación que ya no verá a los líderes autoritarios de la misma manera. El fascismo quiere campar a sus anchas, pero alguien, cuantos más mejor, tendrá que ofrecer resistencia. Ahora mismo, Alfred sigue estudiando en Harvard pero tiene toda la seguridad de que a este episodio no se le ha puesto aún el punto final y que Trump volverá a la carga “más pronto que tarde”.

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