La caída de un viaducto en la A-6 ahonda los problemas de conexión de Lugo, la provincia peor comunicada de Galicia

Imagen del nuevo derrumbe registrado en el viaducto de O Castro, en la A-6.

Beatriz Muñoz


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Más de dos semanas después de que se cayese el primero de los dos segmentos que hasta ahora se han venido abajo en el viaducto de O Castro, en la A-6, el presidente de la Confederación de Empresarios de Lugo, Jaime López, resume las quejas por la situación de las infraestructuras en la provincia: “Tenemos unas conexiones del siglo pasado”. El derrumbe, que afecta al último trecho en la provincia de León antes entrar en la de Lugo, ha obligado a cortar en los dos sentidos la Autovía del Noroeste, la única conexión distinta a una serpenteante carretera de montaña entre el norte de Galicia y la Meseta. El rodeo que supone abandonar la A-6 y cruzar por la nacional que atraviesa Pedrafita do Cebreiro aumenta los tiempos de viaje en una media hora, incrementa el tráfico en el núcleo principal de este municipio y supone un riesgo en el caso de los transportes pesados.

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El desplome de dos vanos de un viaducto -un tercero, en medio de los otros dos, sigue en pie pero con tanta inestabilidad que se prevé que caiga o haya que tirarlo- no tiene precedentes en la ingeniería civil española. Tras lo ocurrido, uno de los dos principales enlaces de Galicia hacia la Meseta queda inutilizado por tiempo indefinido. El otro, que canaliza fundamentalmente el tráfico de la parte sur de Galicia, es la A-52, que sale por Ourense.

La situación subraya los problemas previos en las comunicaciones de la provincia de Lugo, la peor conectada de Galicia. Por aire, desde la capital provincial, el trayecto hasta los aeropuertos más cercanos -los de A Coruña y Santiago- es de poco más de una hora. Por carretera, la autovía que unirá la capital provincial y la autonómica, Santiago de Compostela, acumula años de retrasos y el proyecto ha tenido que ser modificado por su impacto ambiental sobre unos terrenos en los que crecen especies de plantas raras y en peligro de extinción. El horizonte previsible para que esté finalizada se ha desplazado hasta 2024. En el eje interior, tampoco está construida todavía la autovía con Ourense, y en la comarca de A Mariña, en la costa, también está pendiente una infraestructura para vertebrarla.

La autovía A-8, que conduce desde Lugo hacia Asturias y recorre luego la costa cantábrica, registra cortes frecuentes en el tramo entre Abadín y Mondoñedo. El motivo es la espesa niebla que habitualmente rodea el alto de O Fiouco. Hace unos días, a principios de junio, la circulación quedó interrumpida temporalmente por este motivo. La infraestructura se abrió al tráfico en esta zona a principios de 2014. Solo tardó unos meses en dar un aviso serio: en julio de 2014 un choque en cadena por la falta de visibilidad en el que se vieron implicados 35 vehículos se saldó con el fallecimiento de una mujer y medio centenar de heridos. Tras años en busca de una solución, el pasado mes de enero se instalaron unas balizas pensadas para facilitar la conducción con niebla -avisan al conductor si hay otro vehículo delante- y reducir el número de días que la vía está cerrada al tráfico. Según los datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), entre septiembre de 2014 y noviembre de 2021 el tramo estuvo inutilizado 3.281 horas, es decir, unos cuatro meses y medio.

Por tren, Lugo continúa fuera del mapa de la alta velocidad. La vía que la une con Ourense, en donde se enlaza con el AVE, se está sometiendo a obras de mejora en la actualidad. Parte del trayecto se tiene que hacer en autobús y, en total, son una hora y 45 minutos para salvar una distancia que por carretera lleva en torno a media hora menos. La capital de la provincia no tiene conexión directa con Santiago. Hacia A Coruña hay dos trenes diarios y necesitan casi dos horas para cubrir un trayecto que en coche se hace en poco más de una. Precisamente esta última opción por carretera, que queda cubierta con el tramo de la A-6 que termina en A Coruña, es la única que el presidente de la patronal de Lugo salva de las críticas.

Impactos en eólica, sector agroalimentario y forestal

Jaime López recalca que el impacto del corte por el derrumbe no se notará solo en Lugo, sino en toda Galicia y, sobre todo, en la parte norte. Pone el foco en el tráfico especial -por el tamaño de la mercancía o el tonelaje-, que ni siquiera puede circular por la vía que atraviesa Pedrafita. Es el caso de los camiones que transportan componentes de aerogeneradores hacia el puerto de Ferrol, uno de los principales puntos de salida para estos bienes hacia otros mercados. Fuentes del Cluster de Enerxías Renovables de Galicia indican que las empresas están o bien optando por acceder a Galicia por Ourense o bien están derivando material hacia el puerto de Santander.

El perjuicio más importante, además de en este tipo de mercancías, Jaime López lo prevé en el sector agroalimentario, tanto para llevar los productos gallegos a otros puntos de España como para recibir los que vienen de otras zonas. El presidente de la Autoridad Portuaria de A Coruña, Martín Fernández Prado, coincide. En declaraciones hechas esta semana señaló que habrá retrasos y un posible encarecimiento del transporte que lleva el pescado fresco de la lonja coruñesa hacia Madrid. El presidente de la patronal lucense también prevé un impacto negativo en el sector forestal y un “shock en el turismo”. Se queja de “la falta de seguridad y de información” sobre cuándo se podrá volver a circular por la A-6.

Los técnicos todavía no han determinado las causas del derrumbe y trabajan para acercarse a la zona. En estas circunstancias, la ministra de Transportes, Raquel Sánchez, rechazó hablar de previsiones en su visita a la zona hace una semana, tras la caída del segundo vano: “No estamos en condiciones de anunciar plazos”. Las obras se prevén largas. Tanto que la Xunta ha pedido a sus ingenieros que propusiesen recorridos alternativos y le ha trasladado al Gobierno central tres. Su preferida sería destinar en torno a 1,5 millones de euros a construir un ramal que conecte la nacional VI -por la que se está desviando el tráfico- de nuevo con la A-6 una vez superado el viaducto, pero antes de los túneles de Pedrafita.

El alcalde de este municipio, José Luis Raposo (PSOE), dijo, en declaraciones a Europa Press, que la construcción de la infraestructura, iniciada en 1997 con José María Aznar en el Gobierno y concluida en 2002, fue “un desastre” y “posiblemente tenga un defecto” y una “cimentación no suficiente”. “Que les pregunten a quienes lo construyeron”, pidió. Las obras fueron adjudicadas a una UTE -unión temporal de empresas- integrada por Fomento de Construcciones y Contratas, OCP Construcciones -que luego pasó a ser ACS- y FCC Construcción.

El Clúster da Función Loxística, del que son miembros empresas del sector, industrias y las autoridades portuarias de Galicia, ha puesto algunas cifras al impacto económico del corte: una tercera parte de las mercancías que entran o salen de la comunidad lo hacen a través de la A-6, según la agrupación. De acuerdo con sus cálculos, si las dificultades se prolongan, están en riesgo 3.000 empleos.

“Lugo no tiene plan B”

A pesar de los días que han transcurrido desde que el firme se vino abajo en la A-6, a Raúl Rodríguez, sindicalista del sector de transporte de CCOO y lucense, los comentarios que le llegan siguen centrados en la estupefacción por lo ocurrido y no tanto en la desconexión de la provincia. Las malas comunicaciones, dice “son de siempre”. Y compara la situación con la del resto de provincias: “Otros tienen alternativas, nosotros no tenemos plan B”. Se refiere a que el AVE conecta con la Meseta a través de Ourense y a que por esta provincia entra otra autovía. Y, desde ahí, hay conexiones también con el eje atlántico, aunque en parte de ellas haya que pagar peaje.

Antonio Niño, secretario comarcal de la Confederación Intersindical Galega (CIG) en Lugo, critica el “retraso” en las conexiones de Lugo tanto por carretera como por ferrocarril. “El tren es como no tenerlo”, dice, e ironiza con que es una buena alternativa para desplazarse “en plan bucólico” y apreciando el paisaje. Desde Lugo, asegura, hay gente que va en coche para coger el tren en Ourense o en Ponferrada. El retrato que hace de los servicios de autobús no es mucho mejor: “Se han ido perdiendo paradas, sobre todo en el rural, porque hay menos gente y dejaron de ser rentables, pero siguen siendo necesarias. Y es, a su vez, otra causa del abandono rural”.

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