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Los unionistas irlandeses bloquean el acuerdo del Brexit entre Londres y la UE

A escasas horas de una posible solución, las partes están cerca, pero siguen faltando flecos que terminen de cerrar el acuerdo

Los unionistas del Ulster, la DUP, clave para que Boris Johnson apruebe el acuerdo en Westminster, lo bloquean por el sistema tributario y el tipo de unión aduanera

Hay tres escenarios: un acuerdo in extremis que llevaría a una ratificación acelerada; un principio de entendimiento que conduciría a una extensión técnica o directamente una nueva prórroga 

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Emmanuel Macron, Angela Merkel y Boris Johnson. EFE

¿Con IVA o sin IVA? Es la típica pregunta que le hacen a uno cuando contrata según qué servicio en su casa. Pero también es la que están discutiendo Londres y Bruselas y, de momento, no hay acuerdo. El Reino Unido ha pedido que Irlanda del Norte –el Ulster, territorio de Reino Unido– no esté sujeta al régimen del IVA de la UE, lo cual es problemático para la UE: preocupa el daño a la coherencia del mercado interior de la UE, y la distorsión comercial que podría acarrear.

Tan problemático que los unionistas del Ulster, el DUP, partido fundamental para que el primer ministro británico, Boris Johnson, saque cualquier cosa adelante en el Parlamento de Westminster, ha dicho este jueves a primera hora que no puede apoyar el acuerdo tal y como está, lo cual supone un bloqueo de la situación, aunque en la UE respondan que es un asunto interno británico.

"Hemos participado en continuas conversaciones con el Gobierno. Como están las cosas, no podríamos aceptar lo que se está sugiriendo sobre aduana y otros asuntos sobre consentimiento, y hay una falta de claridad sobre el IVA", afirma el comunicado.

No obstante, el texto, firmado por Foster y el "número dos" de la formación, Nigel Dodds, afirma que "seguirán trabajando con el Gobierno para tratar de obtener un acuerdo sensato que funcione para Irlanda del Norte y pueda proteger la integridad económica y constitucional del Reino Unido".

Y, según Bruselas, las conversaciones siguen a todos los niveles, incluidas conversaciones entre el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el primer ministro británico, Boris Johnson.

La propuesta que el negociador jefe de la UE, Michel Barnier, ha explicado a los embajadores de los 27 (Coreper),  informa The Guardian, significa volver a febrero de 2018, cuando la UE lo propuso y fue rechazado por Londres. Es decir, que Irlanda del Norte esté sujeta a las normas aduaneras de la UE, supervisada por las autoridades comunitarias, incluido el Tribunal de Justicia de la UE. Así, Irlanda del Norte sería parte del territorio aduanero del Reino Unido, sin embargo, seguiría las normas aduaneras de la UE (es decir, no hay fronteras aduaneras en la isla de Irlanda).

De esta manera, el célebre backstop ya no estaría entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, sino entre la isla de Irlanda y la de Gran Bretaña.

Además de todo eso, Boris Johnson habría accedido a que Reino Unido esté en línea con las normas comunitarias relativas al clima, medio ambiente y derechos laborales en el futuro acuerdo de libre comercio, aquel que entraría en vigor después de los dos años de transición –en los que habría que redactarlo– desde que se produce la salida acordada de Reino Unido de la UE.

En este sentido, la declaración política debería reflejar la aspiración de que en la futura relación entre Reino Unido y la UE.

Pero para que todo esto termine pasando, Boris Johnson necesita que el mismo Parlamento que tumbó tres veces el acuerdo alcanzado por Theresa May y la Unión Europea, apruebe el suyo a toda velocidad este sábado si quiere una salida acordada y el 31 de octubre, como prometió. 

Y para que sea aprobado, necesita el voto de la DUP, los unionistas irlandeses, cuyo veto ha hecho manifiesto este jueves a primera hora. El nuevo sistema permite a la asamblea de Stormont votar si se aplica el renombrado backstop por mayoría simple de los presentes en la Cámara. El primer voto sería dentro de 4 años. Según detalla Financial Times, puede haber votos posteriores para continuar los acuerdos que requerirían el apoyo de toda la comunidad en Stormont (un umbral más alto). Durarían ocho años. La lógica detrás del sistema es garantizar que no haya veto de los unionistas del DUP (como exige la UE) mientras que los británicos mantienen un mecanismo de consentimiento de cuatro años.

¿Puede ser rechazado? Sí, en cuyo caso habrá un periodo de enfriamiento de dos años, que deben emplearse en buscar una solución.

Y todos son conscientes de que aún no hay acuerdo, con la incertidumbre de si será ratificado por los comunes, y todo esto sin tiempo ni textos legales para ser analizados en las capitales, ni plazos para preparar la cumbre de líderes de la UE que arranca este jueves.

En el mejor de los casos, si se cerrara un acuerdo en las próximas horas, los líderes de la UE tendrían que ratificarlo en Bruselas este jueves y viernes, para que fuera votado en Westminster el sábado. A partir de ahí, los embajadores de los 27 se reunirían el domingo y darían curso al acuerdo para que el Parlamento Europeo lo aprobara en Estrasburgo la próxima semana. Si esto fuera así, Reino Unido dejaría la UE en los plazos previstos –31 de octubre– y con acuerdo.

Pero si no se llega con todo atado y bien atado a la cumbre, que arranca este jueves después de comer, pero se llega con mucho avanzado, se podría buscar una transaccional. Es decir, que los líderes consensúen unos puntos de acuerdo existentes con Reino Unido y se den una prórroga técnica para terminar de cerrar los flecos. Si esto es así, la salida sería acordada, aunque no en la fecha prevista sino un poco después. 

En el tercer escenario posible, la cumbre de este jueves y viernes constataría que no hay acuerdo ni manera de cerrarlo en breve. Y como Boris Johnson tiene un mandato de su Parlamento de acuerdo con el cual está obligado a pedir una prórroga si no hay acuerdo antes del 19 de octubre, Reino Unido se vería obligado a pedir más tiempo, lo cual supondría una contradicción con la promesa de Boris Johnson y, seguramente, conduciría a unas elecciones en Reino Unido que alumbrarían un nuevo Gobierno encargado de retomar las negociaciones del Brexit con una UE hastiada del asunto. 

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