Los 'silovik', los amigos íntimos de Putin que pilotan la guerra desde el Kremlin

Los 'silovik', los amigos íntimos de Putin que pilotan la guerra desde el Kremlin

Toño Fraguas


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Un cuadernillo de pocas páginas a todo color, ajado por el uso, le fue incautado a un militar ruso caído en combate en Ucrania el domingo pasado. El Ministerio ucraniano de Defensa difundió imágenes de ese ejemplar del 'Código de honor del oficial ruso moderno'. En él, además de consignas propagandísticas, figuran fotos y citas de la cúpula militar. Son oficiales del más alto nivel, esos que se sientan a diario en la (larguísima) mesa de Vladímir Putin. ¿En quién confía el presidente ruso?

Delirio y tragedia: el largo viaje de Putin hasta invadir Ucrania

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Allí los conocen bien: son destacados miembros de los silovik, un término que viene a significar 'hombres fuertes', y que se usa cotidianamente para referirse a toda una generación que, al igual que Putin, empezó a medrar en las postrimerías en los servicios de seguridad de la URSS (principalmente el KGB y el GRU, el servicio de espionaje).

Políticos, altos funcionarios y oligarcas del sector público –no es raro, por otra parte, que una sola persona acumule estas tres características simultáneamente– constituyen una auténtica gerontocracia que lleva décadas en el poder. Leales y obedientes, forman el círculo íntimo del presidente. Junto a él pilotan la invasión de Ucrania.

Serguéi Shoigú, ministro de Defensa

Su nombre y retrato, un tanto obsoleto, figura en ese 'Código de honor del oficial ruso moderno'. A sus 66 años, Shoigú es, junto con Putin, el único dirigente ruso que ha conseguido mantenerse en el primer nivel del poder desde la caída de la URSS. Periódicamente su nombre suena como posible sucesor de Putin.

“Es interesante que sea Shoigú quien aparezca en las sesiones fotográficas de alto nivel al acompañar a Putin en sus vacaciones de verano en Siberia en el pasado reciente”, señala por correo electrónico a elDiario.es John P. Willerton, profesor asociado del departamento de Estudios Rusos y Eslavos de la Universidad de Arizona, en Estados Unidos.

Aunque Shoigú no tiene auténtica formación militar –procede de la gestión de emergencias y desastres naturales– su papel en la anexión de Crimea y en el apoyo al régimen de Bashar al-Ásad en Siria ha sido clave. Shoigú no es eslavo, sino tuvano. Procede de una remota región de la Federación Rusa que limita con Mongolia.

Valeri Guerásimov, jefe del Estado Mayor

El pasado 27 de febrero los medios distribuyeron una fotografía de Putin sentado en la cabecera de una larguísima mesa. En el otro extremo, junto a Shoigú, se sentaba el general Valeri Guerásimov, héroe ruso en la Guerra de Chechenia de 1999, de la Guerra de Crimea de 2014 y de la lucha contra el Estado Islámico. Esos tres hombres, Putin, Shoigú y Gherásimov, son los únicos que poseen los códigos de lanzamiento de los misiles nucleares.

Descrito como “un militar hasta la raíz del pelo”, nació en Kazán, en la tierra de los tártaros, en 1955. Aporta la experiencia de militar profesional de la que Shoigú carece. El retrato de Guerásimov también aparece en el 'Código de honor' que portan en el frente los oficiales rusos.

Putin, Shoigú y Gherásimov son los únicos que poseen los códigos de lanzamiento de los misiles nucleares

En tiempos de la llamada guerra híbrida (la que no solo contempla medidas militares, sino también cibernéticas, económicas, bulos, lawfare, etc.) se le dio el nombre de 'Doctrina Guerásimov' a la estrategia seguida por Rusia en este nuevo contexto. En realidad, Guerásimov no apadrinó dicha estrategia ni esa doctrina existe como tal, pero el concepto ha arraigado en algunos círculos académicos.

Serguei Lavrov, ministro de Exteriores

Lavrov, evidentemente: moscovita de 71 años, el suyo es quizá el único nombre conocido en Occidente, además del de Putin. Ya era diplomático en tiempos de la Unión Soviética y desde hace 18 años es el rostro de la Política Exterior rusa. Rostro, y poco más, porque según los analistas no es de los que toman las decisiones. De su predecesor soviético Andréi Gromiko ha heredado el apodo de 'Mr Nyet' ('Señor No', en ruso) por su cerrazón en las mesas negociadoras.

Es capaz de humillar a sus interlocutores y de defender casi al mismo tiempo una postura y la contraria. El 15 de febrero dijo que Occidente estaba “histérico'”y calificó de “terrorismo informativo” afirmar que Rusia iba a invadir Ucrania. El 24 de febrero Rusia invadió Ucrania.

Boris Gryzlov, embajador en Bielorrusia

Viejo amigo de Putin, a quien conoció en San Petersburgo, Gryzlov (Vladivostok, 1950) es uno de los negociadores rusos que se sientan frente a la delegación ucraniana en las conversaciones de paz.

Fue ministro del Interior hasta 2003 y ha ocupado diversos cargos de relevancia (también fue presidente de la Duma). “Ha trabajado con Putin durante décadas y, aunque no lo sitúo al mismo nivel que a Shoigú o Lavrov, supongo que puede opinar”, señala John P. Willerton.

Nikolái Pátrushev, jefe del Consejo de Seguridad de Rusia

Su carrera como 'silovik' corre en paralelo a la de Putin. Como él, nació en San Petesburgo y tiene 70 años (solo uno más que el presidente). Como Putin, trabajó primero para el KGB y luego para la FSB, el Servicio Federal de Seguridad, que dirigió entre 1999 y 2008.

“Es el más halcón de los halcones y piensa que Occidente tiene enfilada a Rusia desde hace años”, declaró a la BBC Ben Noble, profesor asociado de política rusa en el University College de Londres.

Alexánder Bortníkov, director del FSB

Tomó en 2008 el relevo de Pátrushev al frente de los servicios secretos rusos y ahí sigue. Otro de los halcones del Kremlin proveniente del KGB, es general del Ejército. Nació hace 70 años en la ciudad de Perm, en los Urales.

Estuvo en el punto de mira de las sanciones de la UE en 2020 por el envenenamiento del líder opositor Alexéi Navalni. En 2007, antes de llegar a la cúpula del FSB, su nombre fue citado por algunos medios como el coordinador en la sombra de la operación para asesinar al exagente del FSB Alexánder Litvinenko, quien había descubierto vínculos entre el FSB y la mafia rusa. Litvinenko murió envenenado en 2006.

Serguéi Naryshkin, jefe del Servicio de Inteligencia Exterior

El pasado 23 de febrero será difícil de olvidar para Naryshkin (San Petesburgo, 1954). Su amigo Putin lo puso en ridículo durante una reunión del Consejo de Seguridad Nacional. Naryshkin balbuceó sin saber qué responder a una pregunta de Putin sobre la independencia de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk. “Hable claro”, le ordenó Putin.

Se conocieron hace más de 40 años en los pasillos del KBG, en tiempos de Leónidas Brézhnev. Un salto conjunto en paracaídas, suele contar Naryshkin, selló su amistad. Además de estar al frente de los espías, ocupa un puesto en la Sociedad Histórica de Rusia y, según declaraciones a la BBC del experto en seguridad rusa Andrei Soldatov, proporciona periódicamente argumentos históricos a Putin para justificar sus acciones militares. En enero pasado no dudó en comparar al Gobierno de Ucrania con los nazis, marcando la línea argumental por la que camina todo el Kremlin.

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