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Linda Porn, artista y trabajadora sexual: "Los migrantes levantamos países"

Autorretrato de Linda Porn

Desde que llegó a España procedente de la ciudad de México, en 1999, Murcia se ha convertido en el segundo hogar de Linda Porn -alter ego- y la tierra donde nació su hija e inició su carrera artística. Este jueves 9 de septiembre presenta en el Cuartel de Artillería de Murcia su última creación escénica, 'La Llorona', una obra que reflexiona sobre maternidades migrantes y violencia institucional.

Artista multidisciplinar, Linda Porn, se sirve de la performance, el videoarte y el teatro para levantar obras atravesadas por el transfeminismo, el trabajo sexual, la migración, el colonialismo o la maternidad. En su México natal cursó estudios en el Laboratorio de teatro campesino e indígena. Desde entonces, compagina el trabajo artístico y sexual con el cuidado, en solitario, de su hija.

Pertenece a colectivos de trabajadoras sexuales que luchan por sus derechos como el sindicato OTRAS y CATS Murcia. Además, junto a la artista Daniela Ortiz, funda el grupo 'Madrecitas' que visibiliza y denuncia la violencia institucional a las familias migrantes.

Linda Porn está feliz con su vuelta a Murcia después de ocho años en Barcelona. Durante la entrevista, su gesto y palabras tienen una fuerza atávica. De familia humilde y obrera, con el estigma del trabajo sexual y la vivencia de madre soltera y migrante, es una luchadora incansable por los derechos laborales y sociales de las trabajadoras del sexo y, en el plano artístico, la expresión conmovedora de toda la rabia y vulnerabilidad contenida en los últimos 500 años de patriarcado y clasismo.

¿Por qué te llamas Linda Porn?

No es solo un alter ego. En 2013 salí de Murcia a Barcelona y entré en una nueva línea de trabajo artístico, más postpornográfica. Linda, me da la fuerza de ser otra. Además, coincidió con mi salida del armario: hice público que era trabajadora sexual. Quería proteger a mi hija, que pudiera ir tranquila al instituto. Al ser madre soltera nos llamamos igual.

Antes de venir a España estudiaste en el Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena de México, ¿Qué aprendiste en la escuela?

Vivía en Colina Doctores -Ciudad de México- con mi madre y mi hermana, un barrio bastante marginal pero con personas de gran conciencia sobre su clase. Había una escuela de iniciación artística en la que cursé bachillerato. A continuación, quise entrar al CENART (Centro Nacional de las Artes) pero las personas de mi clase social teníamos difícil el acceso. Me enteré del laboratorio de Teatro Campesino. Al llegar, encontré que todos los matriculados eran personas obreras y campesinas. Pero no clase obrera como la de aquí, sino gente pobre.

Allí recibí toda la formación y fuerza con la que sigo trabajando. Todos mis maestros son campesinos, muchos analfabetos. Trabajan con elementos culturales populares y los transforman en arte. Las culturas originarias tienen su propio arte.

¿Qué es 'La Llorona' y quién es La Malinche?

La Malinche es la mujer a la que hicieron responsable del mestizaje entre España y México. Tuvo dos hijos con Hernán Cortes. Un hecho que ha servido a México como sustento cultural de su machismo y feminicidio salvaje. La Malinche es la india que le abrió las piernas al blanco, quien traicionó a los suyos. Se ha generado un misterio misógino de la mujer india que alimenta aún hoy muchos sistemas penales y judiciales de México. Todo esto lo traté en una obra que estrené hace años en el Centro Párraga.

La Llorona -personaje histórico de México que da nombre a la obra- es una mujer acusada de asesinar a sus dos hijos en el río porque Hernán Cortés la deja por otra española. El castigo es penar por toda la eternidad. La mayoría de infanticidios los comenten hombres pero, en la memoria colectiva, la acusada es una mujer. Las cifras son claras: la violencia vicaria la ejercen los hombres. No hay perdón ni juicio donde pagar su culpa. La Llorona es como el Coco en España, el hombre del saco.

¿Qué vamos a ver en el Cuartel de Artillería? ¿teatro, performance, videoarte?

Teatro rarito (risas). Por el tema de la pieza y por la situación legal en la que estoy se accederá solo con invitación.

¿En qué situación estás?

La maternidad está muy cuestionada. Hoy todo el mundo puede opinar y llamarte mala madre. Y, esto, llega hasta la justicia. No solo la maternidad está vigilada por todos y todas sino que también hay una aparato de vigilancia que son los servicios sociales y protección al menor. En la pieza se trata esta cuestión. Cómo nos quitan los hijos a muchas mujeres migrantes, pobres, madres solteras o mujeres con consumo de droga. El problema no es que ellas se queden sin los niños, sino que los niños se quedan sin sus madres. ¿A qué familias van estos niños? ¿a qué centros? Se cuestiona todo eso. Se habla de protección al menor y lo primero que hacen es sacarlo de su casa y encerrarlo en un sitio con otros niños. Es delicado el tema y me gustaría que en la muestra solo estuviesen personas con esta sensibilidad.

¿Tienes una denuncia de los Servicios Sociales?

Sí, en realidad, una violación de los derechos humanos de mi hija y míos. No tuve juicio. Se me imputaron muchas acusaciones que se dieron por hecho. Mi hija estuvo encerrada en un centro una semana. Al conocer esta realidad de cerca me encontré con un montón de gente como yo. Y mi hija se encontró con un montón de niños como ella. Es un problema estructural, racista, clasista y patriarcal. La gente no hablamos porque tenemos miedo por nuestros hijos.

¿Piensas que ser trabajadora del sexo ha influido en esta denuncia?

Por supuesto. Me fui de Murcia a Barcelona para proteger a mi familia. Por lo visto, es muy incómodo para muchas personas que una mujer sea madre, puta y artista. Como si en esta sociedad pluriempleada te definieran por una sola de tus facetas.

Molesta la palabra puta y, si estás racializada, más. Me dicen: "¿por qué no limpias escaleras?", "deberías cuidar de tu hija" o "¿te gustaría que tu hija fuera puta?". Siempre quieren que estemos en silencio.

¿Desde cuándo te dedicas al trabajo sexual?

Actualmente hice el parón. Empecé con 18 años en México. Necesitaba salir de la precariedad. Quería estudiar y que mi madre no se matara fregando suelos para que yo pudiera cumplir mi sueño universitario. Quería pagar mis estudios, comprarme libros y ropa. Como con cualquier trabajo. No estaba en la calle pidiendo limosna.

¿Por qué crees que entre las feministas levanta ampollas el trabajo sexual con posiciones tan polarizadas?

Huyo de esos debates. Las trabajadoras sexuales estamos en la diana. Es vernos u oírnos y nos piden que nos callemos o acusan de proxenetas, de privilegiadas. Nos han llegado a decir que nosotras no podemos hablar porque tenemos Twitter. "Que hablen las que no tienen", nos dicen. Muchas piensan que las mujeres que cobran 15 euros el polvo no tienen Twitter. Hay una cuestión muy clara de clasismo y racismo. Una clase obrera, en este caso de trabajadoras sexuales, ha dicho: no queremos más opresión del patrón. Y las patronas nos dicen que nos callemos. Nos piden que limpiemos sus culos, sus casas y que cuidemos de sus ancianos e hijos. Que esa sea nuestra vida aquí, sin aspirar a más.

Hay una construcción social de la feminidad muy marcada en los pueblos hispanos. Con el progresismo español una mujer sí podía ir a la universidad y ganarse la vida pero de ¿puta? Comercializar con la sexualidad está totalmente censurado. Y no solo eso, ganarse la vida con el trabajo sexual es como de tontas, para las que no tuvieron oportunidad de nada. El abolicionismo tiene una base muy fuerte de clasismo y racismo. Lo cierto es que el trabajo sexual mantiene familias aquí y en Latinoamérica.

Cómo explicarías lo que supone ser madre soltera y migrante con el estigma del trabajo sexual.

Es muy jodido llevar la maternidad en solitario. Cuando nació mi hija en el hospital Virgen de la Arrixaca me dijeron que no tenía documentación. Nació ilegal. Nuestros hijos, nada más nacer, son violentados. Después tienes que vivir con esto. He conocido familias en las que sus hijos, con más de veinte años, no tienen documentación española.

En 'La Llorona' se habla del racismo institucional en el Reino de España. De cómo llegas con un plan de vida en el que piensas que podrás pagar un coche, una casa y tener un plan de pensiones cuando seas vieja. Pero ese plan no empieza nunca. Nadie te contrata o trabajas en negro por poco dinero. Con la persona que mejor puedo vivir mi profesión de trabajadora sexual es con mi hija. No quise esconderle que era trabajadora sexual porque en algún momento lo sabría. Quería que entendiera que no era nada malo.

Llegué a cambiar mi acento, mis costumbres y las de mi hija para no llamar la atención. Pero igual la llamamos. Los microrracismos son continuos. Tenemos derecho a estar aquí, a vivir tranquilas y ser respetadas. La generación de mi hija ya todos nacieron aquí, son todos españoles. Este es su mundo, su país.

Cristina Rivera, socióloga y escritora mexicana, habla del feminicidio de su hermana en la novela perturbadora, 'El invencible verano de Liliana', a finales de los 90. ¿Ha cambiado algo la situación?

Una de las razonas por las que mi hermana y yo salimos de allí es precisamente la violencia hacia las mujeres, está en el ambiente. Sabes que un día u otro te va tocar. Sino es tu pareja, es un familiar, alguien de la calle, sabes que alguien te va a hacer daño. Ahora veo a las madres de las niñas asesinadas en las calles. Visibilizando los feminicidios.

Mi hija tiene 16 años. Está preciosa y es verano, va con camisetas y shorts cortos. ¿Sabes qué pasaría en México? Que no volvería por la noche o volvería en trocitos. Simplemente por salir así vestida. Mis paisanos me dicen que soy muy crítica con México. Si volviese no sabría qué onda hay. Sería extranjera. Todos los inmigrantes mexicanos que van a Estados Unidos representan la segunda fuerza de ingresos monetarios del país. Los migrantes levantamos países.

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