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Una mujer valiente, una mujer sonriente

En los últimos tiempos se ha impuesto un nuevo ideal de mujer que no nos permite flaquear. Según este modelo, la mujer tiene que ser fuerte y decidida; una suerte de superwoman que puede con todo lo que se ponga por delante

Sinceramente, no hay nada más injusto que acabar con un estereotipo poniendo otro en su lugar, como si esto fuera un juego de antónimos del que se espera obtener resultados para seguir guardando en cajitas lo que está mal y lo que está bien

La antropóloga Marcela Lagarde apunta que el camino hacia el empoderamiento de la mujer pasa necesariamente por desterrar la vieja idea que dice que este ha de ir unido a la heroicidad, el sufrimiento y la omnipresencia

Mujer Maravilla

Mujer Maravilla

Hace unos días conversé largo y tendido con una amiga a la que quiero y admiro a partes iguales. María -pongámosle este nombre- está casada, tiene dos hijos, un trabajo que le satisface y un piso precioso que en dos años terminarán, ella y su marido, de pagar. Va al gimnasio, al cine de vez en cuando y le gusta leer novela negra. Es una feminista convencida desde antes de cumplir la mayoría de edad y forma parte de un colectivo bastante activo. Tiene todo lo que se supone necesario para vivir bien, pero...

- Estoy harta de hacerme la valiente.

Escuché las palabras de María como si en lugar de ella las hubiera pronunciado una ventrílocua escondida en alguna parte. Creía que mi amiga estaba bien porque todo a su alrededor guardaba el equilibrio perfecto (el esperado), pero no. Me pasó por la cabeza recordarle las cosas bonitas que tiene en su vida. Era la alternativa más fácil (y por eso recurrida): decirle que sus hijos están sanos, que tiene una estupenda casa y un trabajo. Que puede viajar cuando guste porque se lo puede permitir. "Eso, María, lo que tienes que hacer es darte un capricho, irte unos días fuera y coger aire. Cuando vuelvas lo verás todo muy diferente". Pero vomitarle todo eso, aun con cariño, no sería justo con ella. ¿Quién coño soy yo para decirle a mi amiga agotada que no tiene derecho a dejar de ser valiente? 

En los últimos tiempos se ha impuesto un nuevo ideal de mujer que no nos permite flaquear. Según este modelo, la mujer tiene que ser fuerte y decidida; una suerte de superwoman que puede con todo lo que se ponga por delante. Una mujer valiente, una mujer sonriente, que cantó Bebe, como si hasta ahora las mujeres hubieran sido unas cobardes y sumisas a las que les falta un hervor para salir del pozo...un pozo del que única y exclusivamente saldrán si le echan ganas, si solo ríen, si actúan casi como heroínas y pisan fuerte. Pues no.

Sinceramente, no hay nada más injusto que acabar con un estereotipo poniendo otro en su lugar, como si esto fuera un juego de antónimos del que se espera obtener resultados para seguir guardando en cajitas lo que está mal y lo que está bien, lo que se espera y lo que no, sin tener en cuenta que estamos volviendo a cerrar puertas y creando, de nuevo, arquetipos dolorosos. De hecho, creo sinceramente que ese discurso viciado de la `valentía´ in extremis conlleva en ocasiones -yo misma he sido testigo- la adopción de roles tradicionalmente asociados al hombre, como la necesidad de liderar bajo unas formas que obvian el hermanamiento, la sororidad y la empatía, claves en el movimiento feminista.

La antropóloga Marcela Lagarde apunta que el camino hacia el empoderamiento de la mujer pasa necesariamente por desterrar la vieja idea que dice que este ha de ir unido a la heroicidad, el sufrimiento y la omnipresencia. El `tienes que poder con todo´, aunque eso suponga, a corto y largo plazo, un martirio velado, nos despersonifica y aleja del objetivo real al volver al punto de partida que representa el molde diseñado por el sistema patriarcal, en el que se lleva la competencia, la enajenación, la destrucción de la identidad y el agotamiento. ¿Esto es lo que queremos? 

Al final escuché todo lo que tenía que decir María, que era mucho. Se relajó, lloró, rió y se permitió ser ella misma. Más o menos valiente, más o menos sensible (¿por qué juzgar?), fue ella. Y me di cuenta de que así es cómo debería de ser...sin obligaciones ni clichés, muy consciente de sus derechos en todo momento y de lo urgente de seguir luchando, pero permitiéndose, al mismo tiempo, la libertad de expresar su estado de ánimo sin que nadie que cree estar en posesión de la verdad absoluta la censure.

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