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Contra la prostitución, no contra las prostitutas

La prostitución no es un trabajo como otro cualquiera por un motivo obvio: casi todas las personas que se dedican a la prostitución son mujeres y casi la totalidad de los `clientes´ son hombres

Desde el abolicionismo se tiene en cuenta que la prostitución [...] es un sistema de explotación que se ha generado debido a la opresión histórica que sufrimos las mujeres sobre nuestra vida y nuestros cuerpos

Defensor del Ciudadano lleva a la Fiscalía posibles casos de prostitución de menores en calle Elvira

El feminismo está en auge y moviéndose en una nueva ola que puede que sea la que definitivamente acabe con el patriarcado. En este nuevo despertar han surgido, una vez más, las disputas entre las distintas corrientes feministas. Uno de los temas más debatidos ha sido la prostitución entre quienes quieren abolirla y quienes quieren legalizarla.

Los defensores de la prostitución alegan que es una libre elección, que debemos luchar contra la trata de mujeres, pero a la misma vez legalizar que las mujeres se dediquen a la prostitución, supuestamente por voluntad propia, pues es un trabajo como otro cualquiera.

La prostitución no es un trabajo como otro cualquiera por un motivo obvio: casi todas las personas que se dedican a la prostitución son mujeres y casi la totalidad de los `clientes´ son hombres. No es causalidad y es un hecho que se sustenta en la visión patriarcal de que los hombres tienen derecho a acceder al cuerpo de una mujer cuando lo deseen.

Es decir, casi todos los trabajos en el sistema capitalista se basan en el poder de la minoría burguesa, que posee las empresas, frente a la mayoría proletaria que trabaja en dichas empresas. En el caso de la prostitución se basa en el privilegio de la mitad de población, los hombres, a acceder al cuerpo de la otra mitad, las mujeres.

Evidentemente el capitalismo también juega un papel principal en este escenario mediante la maquinaria publicitaria y propagandística en países como Alemania, donde la prostitución se convertido en legal. Este hecho, lejos de dar más derechos a las prostitutas, sólo ha logrado que estas mujeres sean anunciadas en promociones de burdeles donde las ofrecen en un pack junto a cerveza y carne.

La legalización provoca la deshumanización de las prostitutas. No son vistas como personas humanas, sino como objetos a los que maltratar y violar. Tampoco se ha acabado con la trata de personas, como alegaban los que apoyan legalizar la prostitución, pues cada año en Alemania se dan más casos de tráfico de mujeres para encerrarlas y secuestrarlas en burdeles, donde algunas son violadas duranta 18 horas al día. En un país donde es legal la prostitución los proxenetas recurrirán con mayor frecuencia al secuestro para retener a mujeres contra su voluntad, en su mayoría inmigrantes, pues dicho país les respalda indirectamente al haber legalizado la prostitución.

No hace mucho leí en redes sociales a alguien defender la legalización de la prostitución alegando que, por ejemplo, es el único lugar que tiene la sociedad reservado para las mujeres trans. Yo me pregunto, si es el único lugar reservado que tiene la sociedad para nosotras, ¿por qué no destruir ese sistema al que nos obligan a acudir en lugar de venerarlo?

Este argumento es más peligroso de lo que parece a simple vista: si normalizamos la prostitución cualquier mujer que se vea en situación de pobreza será tachada de irresponsable por no dedicarse a vender su cuerpo y su sexualidad para salir de su mala situación económica, y cualquier ayuda que pudiera recibir, sea estatal o personal, quedará anulada de facto por el hecho de que puede recurrir a la prostitución y no lo está haciendo. Es por ello que el hecho de legalizar la prostitución no es algo que afecte sólo a las prostitutas, sino que nos afecta a todas las mujeres de clase obrera, pues todas somos potencialmente víctimas de acabar en este sistema de explotación.

La postura abolicionista de la prostitución no pretende cargar contra las prostitutas, no quiere criminalizarlas con multas o señalándolas públicamente. Desde el abolicionismo se tiene en cuenta que la prostitución no es algo natural, como nos quieren hacer ver los que la llaman `el trabajo más antiguo del mundo´, sino que es un sistema de explotación que se ha generado debido a la opresión histórica que sufrimos las mujeres sobre nuestra vida y nuestros cuerpos. Desde el abolicionismo se pretende que ninguna mujer tenga que convertirse en un objeto de consumo para poder subsistir y que los hombres dejen de creer que tienen derecho a acceder y comprar a nuestros cuerpos.

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