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Una sorpresa de anti-autoayuda

"Si los avispados editores buscaban un libro de autoayuda tengo que decir que les salió rana, porque es todo lo contrario y esto es de las mejores cosas que le puede pasar a un libro": reseña sobre 'La locura como superpoder' (Libros Cúpula), escrito por Jara A. Pérez López

La autora de 'La locura como superpoder', Jara A. Pérez López

La autora de 'La locura como superpoder', Jara A. Pérez López

Imaginen que viven en un cortijo en el desierto de Almería y tienen cuatro gallinas y las cuatro se llaman 'Rihanna'. Imaginen que son una chica "joven y guapa" que ha estudiado Psicología. Imaginen que trabajan desde casa. Escriben para revistas digitales y tienen una consulta de psicoterapia a través de Skype. Además, imaginen que son "conocidas", o incluso "viral", porque a los grandes medios les gustan las historias de gente "con imagen", como estereotipo, que triunfa en las redes. Esas historias de éxito a través de las nuevas tecnologías, ya saben. ¿Se lo imaginan?

Ahora pónganse en el caso de que una editorial, no muy grande pero tampoco pequeña, les sugiere publicar un libro de "psicología para milenials". Esta editorial publica un poco de todo, manuales de autoayuda, libros de cocina, libros para hoteles, cosas así. Digamos, como lo haría el editor Mario Muchnick, que no es una editorial "sí" (de esas que priorizan la cultura por encima de la cuenta de resultados). ¿Qué harían? Les doy yo la solución al acertijo: en el mejor de los casos, escribir "La locura como superpoder".

Con estas premisas, uno mirará escéptico la colorida portada del libro, tendrá en mente la publicación premiada de novelas de jóvenes poetas de Instagram cuyo mayor valor literario reside en el número de seguidores, leerá el subtítulo 'Aceptar tus debilidades te hace más fuerte' y, al menos en mi caso, no comprará el libro ni en broma, no vaya a ser que le dé sarpullido. Y, como tantas veces que uno se basa en prejuicios y generalizaciones, se hubiese equivocado, mucho.

Tuve la suerte de 'tener' que leerme el libro, para conversar con su autora en la presentación que hizo el pasado 22 de febrero en Libros Traperos, y me llevé una sorpresa de las buenas. Menos mal que nos equivocamos tantísimo. Menos mal, porque imagino que participar en la presentación de un libro que te parezca malo debe ser una de las cosas más difíciles y más incómodas que existan. Me hubiese gustado estar presente en la reunión de los responsables de la editorial cuando les llegó el manuscrito del libro 'encargado'. Como en la reunión de los responsables de la 'Expo de Lisboa' que financiaron la película de Wim Wenders 'Lisbon story', en la que no aparece ni un solo 'monumento' de Lisboa, las localizaciones se corresponden con los arrabales, los descampados y los lugares más turbios de esa fantástica capital. El libro de Jara A. Pérez López, autora de esta improbable y sorprendente creación, también es un paseo por las zonas oscuras y una denuncia implacable de los retratos edulcorados del paisaje del que se ocupa, en su caso Lisboa es el psiquismo humano. Si los avispados editores buscaban un libro de autoayuda tengo que decir que les salió rana, porque es todo lo contrario y esto es de las mejores cosas que le puede pasar a un libro.

Este libro es un itinerario personal desde el sufrimiento y el malestar hacia la psicoterapia, primero como paciente y luego como psicoterapeuta, aunque esta última división se desdibuja constantemente. Casi un libro de viaje, en el que la autora se acompaña de lecturas, pacientes, y su propia psicoterapia y supervisiones. La autora describe malestares propios y ajenos, y se mete en camisas de once varas constantemente, enumera preguntas y dudas propias, evita recetas, hace un manifiesto honesto y vívido de su posición ante la relación terapéutica, su opción personal por la horizontalidad y su vivencia de las paradojas de la intervención individual cuando se es consciente de que muchos malestares tienen relación con condiciones sociales y determinantes estructurales ajenos al psiquismo. Uno puede imaginar el trabajo que tiene que haber supuesto escribir algo tan personal y que trasluce cuestiones tan íntimas. También puede imaginarse el logro que tiene que haber sido enfrentarse a las propias limitaciones, las reales y las fantaseadas, y poder utilizarlas para construir un texto tan potente que es capaz de soportar confusiones y dudas no resueltas.

Como en todos los relatos de viaje auténticos, la cronista-viajera narra con su propio lenguaje ese tránsito, los paisajes por los que ha pasado y que ha hecho propios, porque están “pasados por el cuerpo” (esta expresión es de la autora), y no se limita a utilizar lo que otros dijeron antes ni tiene la necesidad de hacerlo en sus términos porque los ha incluido en sí misma, los ha metabolizado, y está en disposición de mostrárnoslos con sus propias palabras, los de una chica joven, formada, con conciencia de sus propias carencias, que escribe en revistas digitales y es capaz de utilizar las redes sociales y las nuevas tecnologías como otros el lápiz y el papel.

El resultado es un libro fresco, muy interesante, ameno, de lectura fácil, aparentemente sencillo, al alcance de cualquier persona que haya intuido que las recetas para las cosas que nos pasan en la cabeza a los humanos, en el fondo, no sirven.

Creo que a su autora le cuadran los versos de Gloria Fuertes “Y convertí mis defectos/ en afectos/ y quedé tan guapa”, pero aquí el adjetivo guapa tiene un sentido mucho más rico y profundo que al comienzo del artículo, claro.

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