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La historia de Ismail, el menor agredido durante la 'caza' de migrantes en Torre Pacheco: “Salió a apoyar a su pueblo”

Erena Calvo

13 de julio de 2026 21:19 h

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Cuando Ismail salió de su casa la tarde del 11 de julio de 2025 no imaginaba que acabaría convirtiéndose en una de las víctimas más visibles de la violencia que sacudió durante casi una semana las calles de Torre Pacheco. A sus 15 años acudió a la concentración convocada por el Ayuntamiento del PP para condenar la agresión sufrida días antes por un vecino del municipio, Domingo, de 69 años. Quería solidarizarse con su pueblo. Pero al terminar la protesta el ambiente cambió.

Un año después, su madre, Kesia, reconstruye la historia con una mezcla de rabia e impotencia. Es sábado. Justo antes de la entrevista, Kesia se pega un chapuzón rápido en la piscina: “Perdona, pero llevo toda la semana trabajando sin parar y mañana me toca otra vez”, se excusa. Son las 11.30 de la mañana y el termómetro marca ya más de 30 grados. La sensación es agridulce. Por una parte, se cumple un año de uno de los momentos “más oscuros” para la familia. Por otro, celebran el cumpleaños de la hermana pequeña de Ismail. “El año pasado se quedó sin fiesta porque estuvimos denunciando en la comisaría”.

“Fue todo muy difícil; lo recuerdo como si fuera hoy”. Ese día habían montando el campamento familiar en la piscina para aplacar los calores del verano. “Sobre las 19:30 Ismail me dijo: ‘Mamá, me voy a la manifestación del pueblo contra la violencia por lo que le han hecho a Domingo’; se duchó, le di un beso y se fue”.

Veinte minutos después empezaron las llamadas. “Me llamó su amigo Moha y me dijo: ‘Lo han matado, lo han matado’. Yo no entendía nada. El único que faltaba en casa era Ismail y se me sobrecogió el corazón; poco después otra amiga me llamó para avisarme de que se lo habían llevado a comisaría”.

Cuando llegó a la comandancia encontró a su hijo en una habitación, sin su teléfono móvil, “como si fuera un delincuente”. Ismail le contó entonces lo ocurrido: “Mamá, me han pegado al grito de ‘moro de mierda”.

Tras la agresión sufrida por Domingo, grupos ultras convocados a través de redes sociales llegaron al municipio alentados por bulos y mensajes de odio, y la tensión se trasladó a las calles con persecuciones contra los vecinos de origen magrebí. “En un momento dado, algunas personas empezaron a increpar a Ismail, a insultarle e ir a por él; la policía le redujo para protegerle, supuestamente, y en ese instante se le echó encima 'la tribu' y empezaron a pegarle patadas, fue un milagro que saliera ileso”, cuenta dolida Kesia.

“Me lo traje a casa y cuando iba a hablar con él empezó a venir mucha gente con palos y machetes; venían detrás de los marroquíes por mi calle, que está muy lejos de donde fue la manifestación. Los habían estado persiguiendo por el pueblo al grito de ‘moros de mierda, os vamos a matar’”.

Kesia recuerda también el ambiente de violencia que se respiraba en esos momentos: “Se escuchaban cosas como ‘Viva Franco’ o ‘moro muerto, abono 'pa' mi huerto’. Tú escuchabas eso y pensabas: ¿qué está pasando aquí?”. Muchos de los jóvenes que buscaron refugio eran menores: “Me gritaban ‘halti, halti’ —tía, en árabe— y empecé a meter gente en mi casa. Llegué a tener a unas 30 o 35 personas, chicos de 14 y 15 años, todos acurrucados en el salón. Eran niños del pueblo, niños de toda la vida, nacidos en España”.

La madre de Ismail rechaza que lo ocurrido pueda explicarse únicamente por la llegada de grupos ultras de fuera del municipio. “Sí, vino gente de fuera, pero también había gente de dentro. El pueblo se sintió apoyado por los forasteros y también influyó que hubiera un partido político, Vox, que avalara ese discurso”.

La madre de Ismail considera que ese respaldo político contribuyó a que algunos vecinos se sintieran legitimados. “La gente se envalentonó porque sentía que tenía un respaldo detrás”.

“Si lo llegan a pillar en otra calle, habría sido un drama”

"Si lo llegan a pillar en otra calle, podría haber sido un drama", advierte el abogado de Ismail

Su abogado, Sergio Ramos Ruiz, también pone sobre la mesa que los hechos se produjeron dentro de un contexto de tensión social y política. “Hubo elementos relacionados con el odio que acabaron propagándose y desembocaron en agresiones. En el caso de Ismail, afortunadamente no fue a más; si lo llegan a encontrar en otra calle podría haber sido un drama”. Y señala que algunos de los agresores de Ismail “incluso conocían de vista al chico y todos eran mayores de edad”.

El atestado de la Guardia Civil recoge que el menor sufrió contusiones y hematomas. Su madre añade daños en el tímpano. Dos hombres fueron detenidos como presuntos autores de un delito leve de lesiones con agravante de discriminación y de un delito de desorden público, aunque quedaron en libertad tras pasar a disposición judicial. Actualmente la causa se dirige contra ocho personas pero Kesia pide que se amplíe a una novena: “Es un hombre del pueblo que se ensañó mucho con él y me lo cruzo en el colegio todos los días porque tiene un hijo menor de edad, no está en la investigación y no sé si es por cuestión de poder o dinero, pero me da qué pensar”.

Ramos Ruiz sostiene que los hechos deben investigarse también como un posible delito de odio. “Esa es la parte más complicada del caso”, reconoce, aunque considera que existen indicios suficientes. “El contexto en el que ocurre, las convocatorias públicas que se hicieron aquellos días y la cantidad de vídeos grabados son elementos que apuntan a esa motivación”.

Aunque asegura confiar en la Justicia, Kesia denuncia que la historia de su hijo quedó eclipsada por la agresión a Domingo y por los disturbios posteriores. “El proceso judicial está bastante paralizado y mientras los agresores de Domingo pasaron por el calabozo y tuvieron medidas cautelares, no fue así en el caso de mi hijo”, se queja.

Memes, insultos y persecución en redes

La agresión del 11 de julio tampoco fue el final de la historia. Días después, Ismail sufrió una segunda victimización cuando su imagen comenzó a circular por redes sociales y se le señaló erróneamente como uno de los presuntos autores de la agresión a Domingo: “Se hicieron memes, se rieron de él, le acusaron de ser el agresor y le llamaron moro de mierda, escoria, lacra de la sociedad o infraser”.

Kesia recuerda que lo que más daño hizo a su hijo fue sentir que la gente lo estaba tratando como si hubiera cometido una atrocidad. “En los vídeos se escuchaba a personas diciendo ‘pégale, pégale, hijo de puta, maricón, moro de mierda’, pero él no había hecho absolutamente nada”.

Según su madre, Ismail llegó a explicarle que se sentía como “la gente que sale en la tele porque ha cometido un crimen y los demás quieren vengarse de él, como si hubiera hecho algo horrible”.

De madre española y padre marroquí, hasta entonces Ismail nunca había tenido problemas por su origen. “Era un crío que se sentía español y también marroquí. Había compartido las dos culturas. Celebraba la Navidad y hacía el Ramadán. Estaba integrado en su colegio, tenía sus amigos y era un chico muy sociable”.

Muy emocionada, Kesia recuerda que “le decía que era el gallito del corral porque en las tardes de verano se nos juntaban en la puerta 20 o 25 personas todos los días: españoles, colombianos, marroquíes, personas de etnia gitana, de todo, que venían a casa porque allí estaban a gusto”.

Ismail era un adolescente con una vida normal. “Era un apasionado del fútbol. Desde pequeño había estado en la Escuela de Fútbol de Torre Pacheco: pasó por infantil, cadete, todas las etapas, y cuando sucedió todo se dejó el equipo”. También le encantaban las motos. “Se cogía el tren y se iba solo a Cartagena a comprar piezas, pero también dejó de hacerlo”.

El impacto psicológico fue profundo. “Este tema es tabú en casa. No se habla. Es como si esto no hubiera pasado; se ha quedado con esa sensación de que no está seguro; por eso al terminar el curso ha decidido irse fuera del pueblo”.

Prejuicios y estigmas: “El problema es la 'morofobia'”

Pese a todo, Kesia intenta transformar la experiencia en una oportunidad para trabajar con otros jóvenes. En sus ratos libres colabora como voluntaria con la comunidad magrebí de Torre Pacheco. “Me gusta trabajar con los jóvenes, guiarlos y ayudarles, sobre todo dentro de la comunidad magrebí por todos los estereotipos, prejuicios y estigmas que existen”. En su opinión, en España “el problema no es el racismo, es la morofobia”.

Por eso insiste a los jóvenes en que continúen estudiando. “Les digo que las cosas imposibles son solo un poco más difíciles, y que tienen que seguir estudiando y convertirse en fiscales, médicos, abogados, jueces o profesionales con peso en la sociedad, para que así cambie la mirada hacia ellos”.

También cree que queda pendiente una cuestión de pertenencia. “Muchos chicos han nacido aquí, tienen DNI español y pasaporte español, pero cuando les preguntas te dicen que se sienten marroquíes. Eso debería hacernos reflexionar como sociedad. Quizá no es que ellos no quieran integrarse, sino que nosotros no les dejamos integrarse”.

Kesia lamenta también la falta de apoyo que sintió por parte de algunos vecinos: “Si se hubieran unido, esto no habría pasado. O quizá habría pasado, pero habría sido menos grave. Yo no me he sentido apoyada por mucha gente del pueblo”. Y considera que “en Torre Pacheco no hay convivencia, sino coexistencia, que es diferente; no hay una verdadera integración, somos un municipio multicultural pero no intercultural”.

Pese al golpe que ha supuesto lo ocurrido, Ismail intenta mirar hacia delante. “Quiere formarse como profesional del deporte y su idea es después opositar para policía, piensa que así puede arreglar un poco las cosas, que puede ayudar a cambiar la sociedad”, sonríe su madre.

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