Víctor Hernán, fisioterapeuta: “El gateo no es un requisito obligatorio para que un niño se desarrolle con normalidad”
Desde sus primeros balbuceos hasta aprender a caminar. Hay muchos hitos emocionantes que un niño pequeño alcanzará durante su primer año de vida. Y gatear es uno de esos momentos, pero es fácil pasar por alto la complejidad de esta habilidad y el papel que desempeña en el desarrollo general del bebé. Es un paso que asumimos que darán todos los niños.
Pero, cuando esto no ocurre, cuando el niño se salta este paso, se genera un debate sobre si este hito es necesario o no para su desarrollo. Víctor Hernán Cristóbal, fisioterapeuta y CEO de Fisiolution nos ayuda a entender un poco más en qué consiste esta fase y si es necesaria e imprescindible para el desarrollo normal de todo niño.
Cuándo empieza a gatear un niño y qué beneficios aporta
“El gateo suele aparecer entre los 6 y los 10 meses de edad”, nos explica Hernán, aunque esto puede variar en función de aspectos como el tiempo que pasa el niño en el suelo, de sus experiencias motoras, de la estimulación y del entorno. Así, unos pueden empezar a gatear a los 6 meses, otros después de los 10 meses, y otros pueden no gatear.
El gateo implica el uso de extremidades opuestas en un patrón de movimiento cruzado que, aunque pueda parecer simple, es complejo y poderoso para el desarrollo del bebé. Los movimientos del gateo implican que las extremidades de un lado del cuerpo realizan una acción distinta a la de las extremidades del otro. Al gatear, la pierna se mueve hacia adelante mientras que el brazo opuesto también lo hace.
Este tipo de movimiento entrena al cerebro para comunicarse de forma más eficiente entre ambos lados del cuerpo, mejorando la coordinación y el control motor. Por tanto, gatear proporciona información sensorial para comprender la posición del cuerpo en el espacio. Cada vez que sus manos y rodillas se apoyan en el suelo, aprende más sobre su cuerpo y su coordinación.
“El gateo fortalece el tronco, los hombros y las caderas y, además, ayuda a entrenar la coordinación, aumentando las experiencias sensoriales, lo que favorece el desarrollo cognitivo y motor”, afirma Hernán.
¿Qué pasa si un niño se salta esta fase del gateo?
Si bien gatear es importante, no todos los bebés siguen la misma trayectoria de desarrollo. “El gateo no es un requisito obligatorio para que un niño se desarrolle con normalidad”, afirma de forma clara y rápida Hernán. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo considera como una fase muy frecuente en el desarrollo infantil, “no es universal, lo que significa que muchos niños no gatean y pasan directamente a andar”. Pero esto no debería ser un motivo de preocupación. “Papás, no os agobiéis y, en caso de duda, comentadlo con vuestro pediatra”, aconseja Hernán.
Algunos niños pueden omitir el gateo por completo y empezar a gatear directamente, o pueden saltarse la etapa clásica del gateo y optar por deslizarse, rodar u otras formas de movilidad. Y estas variaciones no deberían ser necesariamente motivo de preocupación.
Se considera que dentro del desarrollo psicomotor de los niños hay una serie de pasos evolutivos o formas que son una variación de la normalidad, y que no tienen un carácter patológico. Entre ellos está el de la marcha sin pasar por la fase de gateo, que se calcula que le ocurre a un 18% de los niños.
Si bien el especialista reconoce que “la ausencia de gateo no significa un problema en sí, se ha observado que patrones muy reducidos o poco variados de gateo pueden estar asociados a puntuaciones más bajas en el desarrollo motor y adaptativo. Solo merecería una valoración clínica si la falta de gateo está acompañada de otros signos de retraso motor o cognitivo”.
Estimulando y fomentando el gateo sin forzarlo
“El gateo se puede estimular y entrenar de forma adecuada”, reconoce Hernán. ¿Cómo podemos hacerlo? Para el especialista, con más de 20 años de experiencia en fisioterapia pediátrica, la clave es “no agobiarse y jugar con los hijos. La evidencia apoya que debemos facilitar el movimiento, más que forzar el gateo en sí”. Para Hernán podemos “realizar juegos con ‘tiempo boca abajo’ y permitir el juego libre”. Esta postura le ayuda a fortalecer el cuello, hombros y músculos centrales esenciales para gatear.
Pasar tiempo en el suelo sobre una superficie firme y plana, con espacio a su alrededor divertido y curioso para él, puede animar al bebé a levantarse, ganar fuerza y empezar a moverse por sí solo.
Sin embargo, debemos evitar “la contención excesiva o acercarles constantemente los juguetes, ya que la iniciativa de intentar alcanzar algo es lo que fomenta los patrones de movimiento necesarios para desplazarse y, en este caso, para el gateo”, reconoce Hernán.
El gateo sigue siendo un componente fundamental del desarrollo que favorece el bienestar integral del cuerpo. Por tanto, debe seguirse fomentando como parte importante del crecimiento de un niño, respetando al mismo tiempo que el desarrollo de cada uno puede ser ligeramente diferente. Para Hernán, el gateo sí “debería estimularse, ya que los beneficios son numerosos”.
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