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Análisis

El PNV, a la espera de Sánchez, pone velas para que no haya elecciones inmediatas

La dirección del PNV, que ya se ha quemado a lo bonzo con su apoyo a los Presupuestos de Rajoy, no tiene prisa para adelantar su posición en la moción de censura del PSOE

La presión irá creciendo sobre el partido de Andoni Ortuzar de manera proporcional a los apoyos que pueda ir sumando estos días el líder del PSOE a su moción de censura entre los partidos independentistas catalanes y EH Bildu

El PNV no adelanta su voto en la moción de censura pero duda de que Sánchez quiera su apoyo

El PNV no adelanta su voto en la moción de censura pero duda de que Sánchez quiera su apoyo

Han pasado muchos años y muchas cosas en Euskadi desde que el entonces líder del PNV, Xabier Arzalluz, acuñara aquella frase que ha quedado para la historia sobre los apareamientos en política: "Parece que no quieren. Sacan pecho, hinchan el garganchón, mueven la alas, promueven gorjeos... pero son ritos de apareamiento. Y, salvo excepciones, todo el mundo quiere aparearse", dijo en octubre de 1998, en el arranque de las negociaciones tras la autonómicas vascas que acabarían por situar a Juan José Ibarretxe en la lehendakaritza.

Arzalluz y su verbo -tan encendido y montaraz como creativo- ya son historia. E Ibarretxe saca la cabeza de vez en cuando a través de Twitter, reivindicando su legado soberanista y apoyando con denuedo a los independentistas catalanes que siguieron su estela. Pero los apareamientos en política están a la orden del día. Y el PNV, paradojas de la vida, sigue siendo el partido más deseado de la política española. Lo ha sido hace apenas una semana, cuando sumó los cinco diputados en el Congreso para aprobar las Cuentas de Mariano Rajoy, y lo es también ahora, tras la tormenta de la sentencia del caso Gürtel, una demoledora resolución judicial que ha puesto en negro sobre blanco con membrete de la Audiencia Nacional el grado de corrupción que anidaba en el PP, en el primer juicio sobre la financiación del partido en el Gobierno. El PSOE de Sánchez le necesita.

Pedro Sánchez ha logrado un cierre de filas este lunes del Comité Federal ante su propuesta de moción de censura. Iniciativa que ha sido defendida de manera vehemente por el líder de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, un político que mantiene un hilo directo con la líder del PSE-EE, Idoia Mendia, sostén a su vez junto al PNV del Gobierno de coalición que encabeza Íñigo Urkullu. "Es una obligación de higiene democrática, pero es también una palanca de cambio e interesa a todos", ha asegurado Iceta en el Comité del PSOE.

La cuestión clave en estos momentos es: ¿le interesa también al PNV sumar sus votos a la moción de censura para echar a Rajoy, con quien acaba de pactar 540 millones para el País Vasco en los Presupuestos Generales del Estado?

No hay un respuesta fácil. Y por eso ayer la Ejecutiva peneuvista (el EBB), reunida en Sabin Etxea, en un cónclave al que también acudió el lehendakari Urkullu antes de asistir a la representación de la opera Norma, de Bellini, en el Palacio Euskalduna de la capital vizcaína, guardó silencio. Y, presumiblemente, se mantendrá en ese mutismo hasta el minuto final, a la espera de tres acontecimientos.

El primero, el que vienen repitiendo desde el pasado viernes, tiene que ver con el proyecto de moción de censura que tiene Sánchez. Una fuente del PNV señalaba al término de la reunión de la Ejecutiva nacional peneuvista: "El EBB ha acabado sin novedad. Estamos a la espera de noticias del PSOE". Sin novedad en ese frente. Fuentes socialistas consultadas por este periódico dan por hecho que se producirá un contacto en las próximas horas y no se descarta un encuentro entre los dos líderes de ambos partidos. Pero de momento, esa cita no está cerrada. Una de las primeras cosas que el líder socialista debe aclarar al partido que lidera Andoni Ortuzar es cuándo tiene previsto convocar las elecciones, porque el PNV no quiere ni oír hablar de unos 'comicios exprés'. Ni que lo pactado en los Presupuestos se vaya por el sumidero del adelanto electoral.

Eso era justo lo que quería evitar con su apoyo a las Cuentas de Rajoy, dado que un adelanto electoral forzado por un rechazo a los Presupuestos dejaría en bandeja -según los sondeos- la victoria al partido de Alber Rivera. Y de paso, Ortuzar le preguntará a Sánchez por el modelo de país que tiene para España: ¿el de la nación de naciones o el del apoyo al artículo 155 en Catalunya?, resumiendo con una pincelada muy gruesa.

El segundo, el que tiene que ver con el alineamiento del resto de fuerzas políticas necesarias para sacar adelante la moción de censura sin el concurso de Ciudadanos. La presión sobre el PNV irá creciendo según vayan bajando los listones y las condiciones que ahora ponen encima de la mesa los partidos independentistas catalanes (PdeCat, ERC), EH Bildu y el voto canario. En un intento de emular a aquellos gorjeos y sacadas de pecho de los que hablaba Arzalluz, todos esos partidos deberían acabar rindiéndose en los próximos días al bien superior en juego: que no es otro que echar a Rajoy. 

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El tercero tiene que ver con los tiempos en política. Pero el PNV jugará con los tiempos, sabedor de que solo si todo el mundo se coloca en su sitio en el puzzle de la moción de censura, sus votos serán imprescindibles. En caso contrario, una abstención le valdría al partido de Ortuzar para salir del brete y mantener viva la cosecha de millones lograda en la negociación con Rajoy y el ministro Montoro. Los peneuvistas saben que se han quemado a lo bonzo dando aire a Rajoy 24 horas antes de que se difundiera la letal sentencia contra un PP anegado por la corrupción. Una posibilidad que nadie valoró en la dirección peneuvista. Una realidad sobrevenida que ha trastocado el habitual olfato del PNV para lograr nadar y guardar la ropa, para poner velas a Dios y al diablo, y salir ileso de todas las batallas.

En esta ocasión, los peneuvistas se han estrellado donde menos se lo esperaban, no en las acusaciones de EH Bidu y de Arnaldo Otegi de que han faltado "a la palabra de vasco", sino en la deflagración de una bomba de racimo que no por conocida -la corrupción sistémica del partido del Gobierno- ha estallado en el peor de los momentos, desencadenando la madre de todas las crisis: la que puede situar a Rajoy fuera de la Moncloa y colocar dentro al líder del PSOE, Pedro Sánchez de la mano de una moción de censura que aún no tiene asegurados sus apoyos necesarios (176 diputados). Y ahí el PNV tiene mucho que decir.

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