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Anarquismo, cristianismo y convivencia plural

Si la sátira parece provocadora y poco inteligente, la denuncia en sede judicial y la actuación posterior de la Ertzantza parece que tampoco es una respuesta inteligente, aunque pueda ser legítima.

Txosna cuya decoración ha sido retirada

Txosna cuya decoración ha sido retirada

La  polémica creada en torno a la decoración de la comparsa de inspiración anarquista Hontzak y la retirada posterior de la Ertzaintza por orden judicial tiene visos de ser un culebrón de verano, efímero porque no transcenderá probablemente más allá de las propias fiestas. No obstante el episodio pone de manifiesto complicados juegos de poder que, bajo este u otro pretexto, condicionan la convivencia cívica de cada día.

Hubiera agradecido que el asunto no hubiera cobrado la notoriedad que, quizá buscada, ha logrado, pero una vez llegados a este punto, no se puede mirar para otro lado ante el cúmulo de lo que, a mi juicio, son reduccionismos y amplificaciones interesadas en el juego de acciones y reacciones de las distintas fuerzas y colectivos sociales. Esta reflexión, compartida o no, aspira a poner algo de criterio clarificador, pero, si no lo logra, espera al menos  situarse fuera de la dinámica de fomento del conflicto, lo que no quiere ser sinónimo de buenismo o equidistancia.  

La primera cuestión que quiero destacar es que en el centro de la sátira, origen de la polémica, aparentemente está una institución, la Iglesia ("Carnicerías Vaticanas"), pero no por ninguna de sus actuaciones o posicionamientos, sino por la figura de un ejecutado por el Imperio y su manera de recordar al mismo. Jesús de Nazaret es fuerza inspiradora para la vida de muchas personas y la participación en la "fracción del pan" es signo de la 'fraternité', por decirlo en versión de la Revolución Francesa. Somos lo que comemos, esto lo solemos aceptar sin problemas, y los cristianos y las cristianas participando en la eucaristía quieren asimilar para sí lo que a Jesús de Nazaret inspiró en su vida. Si esto es real, placebo o magia potagia no hace al caso, sino que lo relevante es que es significativo y fundante -"sagrado"- para la vida de muchas personas y que hacer sátira de ello es, por decirlo suavemente, bastante desafortunado. No es lo mismo criticar a la banca, la monarquía o incluso a la Iglesia -con razón o no- que hacer mofa de las palabras últimas de un inocente ajusticiado por cuestionar el statu quo. Uno de los reduccionismos que ha circulado con profusión es que se trata de una cuestión de humor.

Por tanto, a nadie debiera sorprender que colectivos de cristianos y cristianas (no me refiero a Falange Vasconavarra) o la propia Iglesia puedan alzar su voz públicamente para señalar su disconformidad con la sátira que nos ocupa. Queda luego a voluntad de cualquier ciudadano e institución el acudir a los tribunales, si cree que sus derechos han sido vulnerados. Dicho esto, si la sátira parece provocadora y poco inteligente, la denuncia en sede judicial y la actuación posterior de la Ertzantza parece que tampoco es una respuesta inteligente, aunque pueda ser legítima.

Cuentan la anécdota de que cuando Tierno Galván accedió a la alcaldía de Madrid quisieron retirar un crucifijo colocado, creo que en su mesa, a lo que el agnóstico profesor se negó, señalando que no le hacía mal el recuerdo de la sangre derramada por un inocente.

Vivimos en una situación contradictoria en la que la cristiandad como fenómeno reciente ha desaparecido pero no las heridas de una situación de hegemonía y poder de la que ha gozado la Iglesia y del disfrute de unos privilegios que, según en qué circunstancias, se niega todavía a renunciar. Le guste o no al Obispado, la Iglesia es una institución con -cada vez menos- poder y forma parte del juego de luchas sociales. La actuación de la Ertzaintza es inevitable que sea leída en clave restauracionista y no en clave de Iglesia que defiende con dignidad su memoria, pero aceptando su minoridad, con independencia de si le ampara o no la ley.  A veces hay autolimitaciones que trasmiten mejor el mensaje.  

El punto se agrava, si, según leo en este mismo medio, el propio poder judicial, árbitro democrático incuestionable, dicta resolución y ordena actuar sin fundamentación jurídica, sin que la ciudadanía pueda saber si se ha vulnerado o no y en qué aspecto en concreto el ordenamiento jurídico, reforzando la impresión de indefensión ante la existencia de poderes fácticos arbitrarios.

Con todo, estamos ante un tema de pluralidad y de convivencia cívica que requiere inteligencia socioemocional. Los tribunales y las actuaciones de Ertzaintza son necesarias, cuando no hay más remedio, pero son el recurso final, normalmente insatisfactorio, para zanjar una cuestión cuando ha fallado todo lo anterior.  

Antes hay que poner en juego nuestros mejores recursos para construir la convivencia. En el caso que nos ocupa parece poco inteligente jugar con sentimientos que afectan a convicciones íntimas de personas o colectivos, aunque la "salsa" que se haya creado en torno a todo ello produzca regodeo y sea el lodazal en el que se busquen ajustes de cuentas. Es un reduccionismo poco inteligente creer que todo es una cuestión de humor y libertad de expresión, sin entender que hay en juego otros derechos relacionados con el respeto a las convicciones religiosas o la orientación sexual, por poner solo dos variables humanas y vale esto también para la Iglesia. Es una amplificación poco inteligente meter en el mismo saco de la polémica los desvíos de una institución con las palabras últimas de una víctima del sistema. Por el desagüe se nos va todo. Es poco inteligente, en fin, participar de mecanismos de acción-reacción, menos si estos contribuyen a alejarte de los objetivos que pretendes.

Cuentan la anécdota de que cuando Tierno Galván accedió a la alcaldía de Madrid quisieron retirar un crucifijo colocado, creo que en su mesa, a lo que el agnóstico profesor se negó, señalando que no le hacía mal el recuerdo de la sangre derramada por un inocente. Quien siembra vientos, cosecha tempestades. Todos estamos llamados a buscar espacios de convivencia y liberación humana: los creyentes, y sus múltiples versiones y los no creyentes y sus múltiples variantes, pues no conviene que nos metamos en sacos estancos. Quizá explorar los terrenos comunes entre anarquismo y cristianismo sea más provechoso que liarnos a mofas y denuncias. Perdónenme la ingenuidad.  

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