Carta a los empresarios que creen que la innovación y la baja calidad del empleo son compatibles

Una mujer trabajando en su oficina

En general, en este país, a la mayoría de los empresarios y a las asociaciones empresariales les encanta subrayar la importancia que tiene la innovación. Para eso, publican informes en los que aconsejan fomentar la innovación a las instituciones públicas, u organizan seminarios al respecto. Sin embargo, esto no cuadra con el modelo empresarial que están creando y con las exigencias que están planteando, ya que todo eso a lo que conduce no es precisamente a la innovación.

De acuerdo con el Innovation Union Scoreboard 2017 de la Comisión Europea, España se encuentra en uno de los grupos de países de la UE donde las empresas innovan menos –innovadores moderados–. Una investigación de la EAE Business School, titulado La inversión en I+D+i 2017, incide en que España invierte en I+D+i un 39% por debajo de la media de sus socios comunitarios. El informe COTEC 2017, recientemente publicado, recalca también la preocupante situación de España en lo que respecta a la innovación. En general, podemos afirmar que, si bien nunca hemos destacado por ser un país repleto de empresas innovadoras, cada vez nuestras empresas innovan menos. Y lo que parece claro es que sin innovación es difícil que haya recuperación económica. El propio informe COTEC 2017 arroja sombras sobre dicha supuesta recuperación.

¿Qué se está haciendo mal? ¿Qué modelo económico y empresarial están fomentando las asociaciones empresariales? ¿Conduce este modelo a la innovación? Resulta evidente que el modelo que se está fomentando es un modelo basado en una baja calidad del empleo; de hecho y de acuerdo con un estudio de CaixaBank Research, la calidad del empleo en España se sitúa entre las más bajas de la OCDE.

La baja calidad del empleo se observa en los abusos de modalidades de contratación temporal y de falsos autónomos, salarios ridículamente bajos, jornadas reales de infarto, inexistente seguridad laboral, y en general, condiciones laborales pésimas. Todo ello permite a las empresas reducir sus costes laborales y probablemente en el corto plazo incrementar sus beneficios, pero ¿es esa la clave para que sus empresas tengan éxito en el futuro? En principio no. Este modelo empresarial de competitividad basada en costes bajos está caracterizado también por el control, la jerarquía, la elevada diferencia salarial, la cultura de la presencia, la baja flexibilidad, la baja conciliación y la abundancia de líderes tóxicos, todo lo cual conduce a nefastos climas laborales donde los trabajadores tienen miedo a sugerir y experimentar cosas nuevas, y donde la innovación brilla por su ausencia. Además, en líneas generales, fomenta la desigualdad social y económica, al igual que el modelo económico neoliberal del que se alimenta. Y, tal y como muchas investigaciones han probado, la desigualdad económica es la principal causa del bajo bienestar social (Ver video TED de Richard Wilkinson, How economic inequality harms societies), que debería ser el principal objetivo de toda economía.

Pero sí, a corto plazo las empresas se lucran más y tienen mayores beneficios, a costa de sus empleados y de sus ínfimos salarios y malas condiciones laborales, claro está; los cuales disminuyen su capacidad de consumo, con lo cual la demanda de la economía baja, y eso no son buenas noticias tampoco.

¿Y qué deben o deberían hacer las empresas para innovar? ¿Qué implica el modelo innovador? Las empresas innovadoras se caracterizan, entre otras muchas cosas, por ofrecer empleos de calidad, con salarios altos o al menos dignos para no desmotivar. Además, existe una escasa diferencia salarial entre los que más cobran y los que menos, permitiendo también la transparencia de esta información y de cualquier otra sobre la empresa. Todo lo cual lleva a nivel económico a una menor desigualdad y a una mayor demanda. 

Por otro lado, estas empresas confían en las personas y sus capacidades, permitiendo la autogestión de sus equipos, donde todos tienen poder, responsabilidad y autonomía, y donde todos pueden mostrar lo que de verdad son, no sólo su lado "profesional". Ese liderazgo compartido y humano genera entornos saludables y proclives a la experimentación, el riesgo, el diálogo, la creatividad y por ende a la innovación. La innovación permite en líneas generales que las empresas ofrezcan productos y servicios con alto valor añadido, lo cual repercute a su vez en los salarios, y se generan círculos virtuosos.

Así pues, lo que las asociaciones empresariales deberían fomentar es un empleo de calidad, mejores condiciones laborales y salarios más altos, en el caso de que de verdad quieran transformar sus empresas en innovadoras. Lo que es evidente es que todo no se puede tener: si nuestras empresas quieren lucrarse al máximo en el corto plazo, tienen complicado innovar, por no decir imposible.

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Publicado el
20 de agosto de 2017 - 19:18 h

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