Que viene el lobo

El ultraderechista Geert Wilders.

Los Oráculos de Astrampsico es un libro de adivinación cuyos orígenes pretenden remontarse a un misterioso mago egipcio del siglo IV a.C. y que parece haber causado furor en el Imperio Romano. El sistema se basa en una serie de preguntas y unas sencillas operaciones matemáticas, que remiten unas respuestas determinadas. Las preguntas versaban sobre amor, sobre la propia supervivencia ("¿he sido envenenado?"), e incluso sobre la promoción política del demandante ("¿seré consejero?"). Parece un método sencillo, pero como buen oráculo que se precie, en ocasiones las interpretaciones podían ser muy enrevesadas.

Como también, habría que ver la cara de aquel al que el oráculo le respondía "sí" a la pregunta "¿llegaré a ser obispo?" –pregunta real que se introdujo en época cristiana, para que veamos cuáles eran las preocupaciones–, para añadirle a continuación un "pero te arrepentirás". Así lo que en ocasiones parecía una buena noticia, se tornaba en una broma del destino, por lo demás todo muy de tragedia griega.

Pareciera que el PvdA (el Partido del Trabajo, partido laborista holandés) hubiera usado un método similar para entrar a formar gobierno con el derechista-liberal VVD, haciendo así primer ministro a su líder Mark Rutte. El oráculo le dijo a los laboristas que sí, que formarían gobierno de "gran coalición", solo que en este caso no debieron de esperar al "pero te arrepentirás".

Tampoco es que hubiera que ser Nostradamus para adivinar cuál podía ser el destino del PdvA después de formar un gobierno con la derecha, asumir el desgaste de recortes en el Estado de Bienestar y presentar a las elecciones al vicepresidente de ese mismo Gobierno. Y eso, por mucho que la contribución laborista sin duda atenuara los efectos del programa original de Rutte, mientras Holanda atravesaba la crisis económica. Es que ahí está el quid de la cuestión: ¿todo lo que la socialdemocracia está dispuesta a ofrecer es un papel dulcificador del programa neoliberal? ¿Se puede pretender ser alternativa sin ofrecer un programa político sustancialmente alternativo?

Es obvio que siempre hay peculiaridades locales, pero como norma general a la socialdemocracia le sientan mal las grandes coaliciones. Cuanto más tiempo está expuesta al isótopo de la derecha, más radiación recibe; y si no es capaz de separarse a tiempo, la dosis puede ser letal.

Que se lo digan a Martin Schülz que, como candidato de la socialdemocracia alemana, ha abjurado del pasado de grandes coaliciones y por abjurar, hasta ha hecho revisionismo con la etapa Schröder. La reacción de los poderes fácticos en Alemania y en la prensa económica internacional no es diferente a la que vemos en España cada vez que alguien intenta ampliar un poco el campo de juego ideológico. Resulta un poco ridículo ver cómo llaman "radical" a ese pacífico librero que, no hace demasiado tiempo, llegó a un acuerdo con el PPE para gobernar las instituciones europeas. No hace falta mucho en estos tiempos para ser un rojo radical, basta con ser simplemente socialdemócrata.

Estos días celebramos la victoria en Holanda de un partido de corte neoliberal como una buena noticia. Y en parte lo es, porque si el ultra Wilders hubiera alcanzado la victoria, habría sido una auténtica catástrofe y no solo para la propia Holanda. Pero, por otro lado, parecemos resignarnos ya a que sean las distintas formas de la derecha las que vayan asumiendo la defensa del institucionalismo político, frente a las pulsiones populistas o de extrema derecha. Y mientras, la socialdemocracia va siendo empujada a un rincón, víctima de su incapacidad para mostrarse como alternativa al programa conservador, incapaz de conectar con las clases progresistas urbanas, los nuevos votantes…

En Holanda el PdvA ha sido el partido con un mayor porcentaje de votantes de más de 65 años. Quienes buscan mantener el statu quo optan por la opción más genuina, quienes quieren cambio acuden a nuevas formaciones (en Holanda Los Verdes y los liberales-progresistas del D66 han tenido subidas muy notables) y quienes quieren una dramática ruptura, optan por quien se la promete y no importa a base de qué.

No necesito consultar el Astrampsico para vaticinar que si los partidos que encarnan el socialismo democrático en Europa no acometen una catarsis radical, no durarán ni siquiera lo suficiente para que sus élites estructurales disfruten mucho de la herencia menguante.

Decía que la victoria de Rutte es solo en parte buena noticia. Son precisamente los gobiernos de práctica neoliberal, los que están ahondando en las causas desafección política y sistémica de una parte cada vez más abundante de la población. Y ese es precisamente el caldo de cultivo de populistas, ultraderechistas y demás practicantes del corso político. De momento el "que viene el lobo" parece haber funcionado. Pero si no cambiamos nada, no nos extrañemos demasiado si la próxima vez la gente responde: "¿Viene el lobo? Pues que pase".

Etiquetas
Publicado el
18 de marzo de 2017 - 19:36 h

Descubre nuestras apps

stats