Por qué más Gowex son inevitables

Jenaro García (a la derecha), Gowex junto a Wifiman (sic), la mascota de la compañía.

Nuevamente y van… los ciudadanos españoles hemos sido engañados y estafados. Increíblemente la información sobre las cuentas falsas de la empresa Gowex no vino de quienes debían ser los garantes de la ética y la legalidad normativa de los negocios. La advertencia surgió de una oscura empresa con nombre para la ocasión: Gotham City Research, LLC y fue para provocar el hundimiento del valor de las acciones prestadas que Gotham tenía de Gowex y que previamente vendió para recomprarlas devaluadas y así embolsarse una ganancias del 150%. Tres días más tarde Gowex dejaba de cotizar en el Mercado Alternativo Bursátil de Madrid, entrababa en proceso de concurso de acreedores y los pequeños inversionistas, unos 5000, lo perdían todo. También, indirectamente saldrán afectados el conjunto de los ciudadanos españoles y europeos por la financiación que Gowex no devolverá proveniente de la banca estatal española, el Instituto de Crédito Oficial, la banca multilateral europea, el Banco Europeo de Inversiones y de subvenciones del CDTI del Ministerio de Economía español.

Gowex llegó a valer, en términos de capitalización bursátil, 1800 millones de euros en marzo de este año. Había recibido el Premio Nacional de Innovación de España, era miembro del organismo internacional de las Naciones Unidas que vela por el desarrollo tecnológico de los países en desarrollo y del Tercer Mundo. Recientemente había sido premiada como una PYME modelo en foros empresariales por el Presidente Rajoy y la Alcaldesa de Madrid, Ana Botella.

¿Es posible que nadie se haya dado cuenta de que esta empresa era un bluff, una extraordinaria mentira y un engaño? ¿Cómo es posible que la fuente informativa haya sido una empresa especuladora, y no los sesudos, y bien pagados, reguladores mercantiles, analistas financieros y altos cargos de nuestros bancos públicos y ministerios?

Los escándalos de burbujas financieras en los negocios de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, las TIC, no son nuevos. Terra, en pleno auge de la euforia financiera de las “puntocom”, a fines de siglo llegó a valer en bolsa más que la eléctrica Endesa: 40 mil millones de euros. Hoy Terra no existe empresarialmente, ni las cuentas de correo sobrevivieron. Es difícil enterarse a qué se dedicaba Gowex más allá de ofertar una conexión gratuita wifi en medios urbanos. La pregunta es: ¿cómo pudo llegar valer tanto una empresa de estas características y que a diferencia de otras existentes en el mismo ámbito de las telecomunicaciones no tenía ni infraestructura física, activos, como pueden ser Movistar, Vodafone, Orange, etc?

Gowex firmaba concesiones de wifi, no muy transparentes, con organismos o empresas de carácter municipal bajo el slogan “The Wirless Smart City”, algo así como “ciudad inalámbrica inteligente”. El negocio estaba en las posibles visitas al portal y el efecto de publicidad de pago y derivado que podía llegar tener en anunciantes atraídos por ese tráfico de visitantes. En las nuevas tecnologías de la información nacen y mueren casi a diario vistosas aplicaciones prácticas a través de internet y no todas son éxitos empresariales. Es cierto que fenómenos cómo Google y Facebook se han convertido en fantásticos emporios comerciales. Aun así, por la virtualidad e inmediatez del negocio en el cual operan no están exentos de volatilidad; esto es, de usuarios que abandonan y migran de la aplicación en relativo poco tiempo a diferentes alternativas, dejando de ser clientes potenciales de ingresos. Se proponen escenarios de fantasía en términos de crecimiento comercial con el único argumento de visitas al portal. Incluso Facebook y Twitter cuando comenzaron a cotizar en bolsa tuvieron problemas de sobrevaloración y quienes se adjudicaron acciones antes de la salida al mercado perdieron dinero.

La burbuja informativa de las tecnologías de la información

En las tecnologías de la información (TIC) la tentación al engaño comercial es enorme. Se confunde tráfico en línea con consumo y/o impacto publicitario y se dan por ciertos los ingresos de futuro no confirmados por realidad alguna.

Además los planes de negocios, como en el resto de la economía capitalista, se proyectan en el tiempo y con factores de crecimiento sostenido. Como si los ciclos críticos no existieran en unas tecnologías tan cambiantes como las de las TIC. Gowex anunciaba con el aval de cuentas auditadas e informes de firmas consultoras de reconocido prestigio incrementos de ventas y beneficios de más del 60%. Los contratos “descuidadamente” firmados con los ayuntamientos de las ciudades prestaban adicional credibilidad a un negocio incierto, aun cuando alguno de ellos eran falsos.

Por otro lado, las empresas valoran financieramente el capital, a diferencia del otro factor productivo de la economía, el trabajo, por los beneficios proyectados de largo plazo y calculan qué capital es capaz de obtener esa rentabilidad para un prolongado período de tiempo. Así se pone precio a las acciones y por ello éste no coincide con el valor nominal. Los analistas financieros nos contarán que ese valor surge del mercado y es lo que éste está dispuesto a pagar, cómo si aquél tuviese voz propia, independiente de la opinión de los “expertos”. Si el plan de ventas de una empresa para los futuros años está hinchado el precio de la acción lo recoge. Gowex, maquillaba las cuentas y daba informaciones falsas por dos motivos principales: para captar financiación barata de incautos pequeños inversores y para subir las retribuciones de la alta dirección. Altos directivos de empresa tienen vinculados los ingresos al incremento de valor de las acciones y no a la marcha real de los negocios. Los capitalistas y ciertos ejecutivos de alta dirección adelantan ingresos a cuenta del precio de las acciones, en cambio los salarios se pagan a en función de los ingresos reales y presupuestados por las empresas para el corto plazo, un año normalmente. La renta de un país, esto es las retribuciones en forma al capital y al trabajo deberían crecer, o incluso decrecer, en períodos cortos de tiempo de acuerdo a lo que el capital humano, productivo y la tecnología permiten. La práctica financiera de estimar el valor teórico de las acciones, tiene un efecto perverso si la economía adelanta ingresos a los propietarios de ese capital “recalculado”, sin que ello se corresponda ni con el crecimiento de la economía real ni con las rentas o ingresos realmente generados. El resultado final de esta operatoria es la creación de burbujas financieras por apropiación adelantada de beneficios que después no se producen y dejan a las empresas y a la economía con deudas que se socializan al conjunto de los ciudadanos. Lo más dramático de esta forma de actuar son los rescates financieros posteriores con dinero público compensados con ajustes y recortes en políticas sociales de todo tipo. Es decir, pagan justos por pecadores.

Más Gowex llegarán

Para que no haya más Gowex será necesario cortar estas prácticas financieras engañosas. No sólo regular mejor. Si nada cambia, lamentablemente, más Gowex llegarán.

En cualquier caso, no sólo Gotham conocía las proyecciones financieras de Gowex, también los analistas de Ernst & Young, los financieros de los bancos, los técnicos de los organismos reguladores y los auditores. No tiene secretos para un profesional financiero conocer en detalle y saber qué es verdad o mentira en una cuenta de resultados de una empresa que se dedica a captar clientes usuarios de la red informática de datos.

Ni duda cabe que los órganos reguladores y financieros involucrados deberían dar la voz de alarma advirtiendo a los ahorradores sin cultura financiera sobre los peligros potenciales que se ciernen a la hora de entregar su dinero a terceros. Es la función específica de la Comisión Nacional del Mercado de Valores que debe controlar a las sociedades cotizadas, aun cuando sean del llamado Mercado Alternativo Bursátil, el MAB. Los bancos públicos, que además manejan depósitos de terceros, deberían cumplir indirectamente una función similar al otorgar los préstamos analizando la veracidad de los balances contables presentados por las empresas. Los ministerios tienen personal técnico suficiente para conocer la idoneidad de los negocios antes de entregar subvenciones. Las firmas de auditoría están obligadas a indicar la calidad de los informes financieros certificando la veracidad de los datos de mediano plazo que sustentan los planes de negocio y estados financieros anuales. Los ciudadanos no tienen cómo protegerse de la codicia de capitalistas inescrupulosos si no es confiando en los órganos reguladores mercantiles de carácter público y en los que por ley están obligados a dictaminar sobre fiabilidad y viabilidad de las cuentas de las empresas.

Después de lo sucedido recientemente con las preferentes y la salida bolsa de Bankia, por no reiterarnos en casos como los de Gescartera y Afinsa, los controles se deberían haber exacerbado. Nada de eso, se ha vuelto a estafar los ciudadanos más vulnerables, en especial a los inversores que buscaban proteger sus ahorros de la prolongada crisis económica en curso. Otra economía es necesaria y posible para terminar con los escándalos financieros y la conducta cómplice de quienes deberían estar del lado de los más débiles.

Este artículo refleja exclusivamente la opinión de su autor.

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